Reactor nuclear CAREM: una gran oportunidad que puede peligrar
o.- (Irene Hartmann) Lo hace la CNEA y sería parte central del impulso oficial a la energía atómica. Ocurre en paralelo a los recortes en el sector y el éxodo de los investigadores.
Entre las 5.671 palabras de su último discurso por cadena nacional, el Presidente Javier Milei habló unos segundos de los desafíos en materia de energía nuclear. Por breve que haya sido la referencia, amerita revisarla, no solo por la certeza (en tono triunfalista) de que se impulsará de cero una nueva etapa ligada a esa actividad sino porque muchas voces del sector científico-tecnológico salieron enseguida a decir que el presidente había incurrido en una paradoja.
En verdad, una doble paradoja o contrasentido. En primer lugar, por el anuncio de que se fundará aquello que ya existe, en alusión a un proyecto de reactor atómico modular reconocido internacionalmente, que fue gestado en la órbita de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA-Conicet) y que se llama CAREM 25.
Con el desarrollo avanzado en un 65% (si bien se dice que la obra civil propiamente dicha ya alcanzó el 85%), el país lleva invertidos entre 650 y 700 millones de dólares en el CAREM 25, informó a Clarín Adriana Serquis, presidenta de la CNEA hasta mayo de este año.
La otra paradoja que se señala es que el Presidente haya manifestado repentino interés en una materia (la energía nuclear) que integra un capítulo hasta ahora postergado por el Gobierno, tomando en cuenta el recorte al financiamiento de la ciencia básica y aplicada, lo que tiene demoradas o varadas decenas de investigaciones en campos diversos del conocimiento que en el mundo son considerados “pujantes”, además de la crisis para los becarios que esperaban desplegar una carrera científica y que por el cierre de cupos, de repente no podrán hacerlo.
“Hubo entre 30% y 40% de disminución en el financiamiento específico de la CNEA, lo que afectó el desarrollo de distintos proyectos”, informó Serquis, que es doctora en física e investigadora del Conicet.
Para evitar polémicas sobre las cifras, se intentó reconfirmar con la actual gestión de la CNEA (presidida por Germán Guido Lavalle) los datos provistos por Serquis. Al cierre de estas líneas no se habían respondido las consultas enviadas.
Entre ellas, un dato clave provisto por la doctora en física, que plantea un escenario desolador: el número de investigadores que, por la crisis del sector, ya abandonó la CNEA en el último tiempo.
El Presidente pronosticó que Argentina podría ser el próximo “hub de IA del mundo”, y apuntó que “lo interesante es que el aumento de demanda de energía que implica la IA va a generar en el mundo un resurgimiento de la energía nuclear después de décadas de declive”.
Entonces vino el anuncio: “No nos vamos a quedar atrás. Vamos a diseñar un plan nuclear argentino que contemple la construcción de nuevos reactores, así como la investigación de las tecnologías emergentes de reactores pequeños o modulares”.
¿Por qué el Presidente relacionó la energía nuclear con la IA y hasta qué punto son novedosos esos “reactores pequeños” o “modulares” en Argentina?
El primer interrogante fue ilustrado por Juan Gustavo Corvalán, director y cofundado del Laboratorio de Innovación e Inteligencia Artificial de la UBA (IALAB), en diálogo con el periodista Esteban Trebucq. Explicó que el solo acto de hacerle una pregunta y recibir una respuesta de parte de ChatGPT equivale al consumo de energía que lleva cargar diez minutos el teléfono celular. En términos de IA a nivel mundial, ese consumo energético habría que multiplicarlo infinidad de veces.
“¿Por qué se dieron cuenta ahora de que la energía nuclear es estratégica? Porque en el mundo empieza estar asociada al consumo intensivo que requieren tanto la IA como las criptomonedas o la minería de datos, y no hay otro tipo de energía que pueda garantizar aumentar, en un tiempo razonable, la densidad de energía que se necesita”, contó Serquis, y apuntó: “Puede a ser un buen negocio, pero pareciera que se desconoce lo que se hizo hasta ahora. Si pretenden impulsar proyectos nuevos de reactores nucleares pequeños, van a estar listos en 10 a 15 años”.
La energía nuclear conserva una cuota grande de mala fama, pero en el mundo empieza a representar una apuesta decisiva, por su bajo impacto medioambiental y porque ofrece a los países la oportunidad de de la dependencia tradicional de los combustibles fósiles.
Los reactores “pequeños” o “modulares” son los que ahora marcan tendencia a nivel mundial. “Mientras una central nuclear grande como Atucha tiene más de 600 megavatios de potencia y las hay hasta 1.200, la ventaja de los pequeños reactores es que se evita hacer una gran inversión inicial y se puede escalar modularmente”, contó Serquis. “Esto quiere decir que uno puede ir adaptando la potencia del reactor, en base a la necesidad de energía del lugar, sumando módulos. Puede servir para un lugar aislado o una isla que se quiere ‘colgar’ a la red eléctrica, o quizás se quiera generar energía para una actividad puntual, como desalinizar el agua de mar o producir hidrógeno, que también es fundamental para complementar las energías renovables. Estos reactores tienen muchísimos usos”, dijo la investigadora. (Clarín, Buenos Aires, 20/12/2024)
