Perú consolida producción de cobre con crecimiento de 1,9% en H1 2026

Perú consolida producción de cobre con crecimiento de 1,9% en H1 2026

o.- Perú. (Por Dante Corona). Un millón trescientas sesenta mil toneladas métricas de cobre en seis meses. Esa es la cifra que el Ministerio de Energía y Minas (Minem) publicó para el primer semestre de 2026, con un crecimiento de 1,9% frente al mismo periodo de 2025. El número confirma algo que el mercado ya sospechaba: Perú sostiene su posición como segundo productor mundial de cobre con una maquinaria operativa que, pese a todo el ruido político y social de los últimos años, no se ha detenido. Lo que falta resolver es si ese crecimiento marginal es suficiente para las ambiciones que la cartera de proyectos del país promete —y que, proyecto a proyecto, siguen postergándose.
218,000 toneladas en junio: el detalle que importa
El reporte del Minem desagrega un dato específico para junio: 218,232 toneladas métricas producidas en el mes. No es un número récord, pero es consistente con el ritmo que las grandes operaciones han mantenido desde que Quellaveco de Anglo American alcanzó capacidad plena. Lo que define el semestre no es un pico de producción sino una cadencia estable —el tipo de desempeño que los analistas de Toronto o Londres buscan cuando evalúan si el perfil de riesgo operacional de Perú justifica la prima que cobran los proyectos en etapa de desarrollo.
El 1,9% de crecimiento interanual no es un salto espectacular. En términos absolutos representa aproximadamente 25,000 toneladas métricas adicionales sobre el primer semestre de 2025. Para un mercado global donde cada tonelada de cobre refinado es disputada por la transición energética, la industria automotriz y la manufactura de infraestructura eléctrica, ese volumen adicional tiene compradores antes de salir del puerto de Matarani o del Callao. El problema de Perú nunca ha sido la demanda. Ha sido la oferta que no termina de materializarse.
El peso de las minas que ya producen
Cerro Verde sigue siendo el ancla del cobre peruano. La operación de Freeport-McMoRan en Arequipa —con una capacidad de procesamiento de más de 360,000 toneladas de material por día— aportó una fracción significativa del volumen semestral. Las Bambas de MMG, aunque con sus episodios recurrentes de bloqueos en el corredor minero del sur, también operó sin interrupciones mayores en el primer semestre. Quellaveco, que Anglo American llevó de cero a operación plena entre 2022 y 2024, consolidó su contribución como la mina nueva más relevante en el pipeline peruano reciente.
Southern Copper, operando Cuajone y Toquepala desde Moquegua y Tacna, mantuvo su ritmo histórico. La empresa —controlada por Grupo México— tiene en Tía María el expediente más largo de la minería peruana moderna: aprobada, frenada, relanzada, bloqueada. Sigue sin construirse. Cada semestre que pasa con Tía María paralizada es un semestre donde Southern Copper deja producción potencial sobre la mesa mientras otros productores globales capturan el mercado que Perú podría tener.
El techo que Perú no puede romper sin nuevos proyectos
El crecimiento de 1,9% revela algo estructuralmente incómodo: las minas existentes están cerca de su techo de producción sostenible. Cerro Verde completó su expansión hace años. Quellaveco ya opera a plena capacidad. Las Bambas depende de acuerdos comunitarios que se renuevan —o no— semestre a semestre. Sin proyectos nuevos entrando en producción, Perú crecerá al ritmo de las mejoras incrementales en recuperación metalúrgica y eficiencia operacional. Eso es, grosso modo, entre 1% y 3% anual. No es crecimiento transformacional.
La cartera identificada de proyectos mineros en Perú supera los u$s53,000M. El número es imponente en papel. El problema es que una fracción mínima de esa cartera tiene licencia social consolidada, permisos ambientales vigentes y financiamiento estructurado. Proyectos como Michiquillay, Los Chancas o la expansión de Antapaccay llevan años en distintas etapas de negociación con comunidades o revisión regulatoria. Cada año de retraso tiene un costo de oportunidad que el Minem no incluye en sus reportes de producción pero que los inversionistas institucionales calculan con precisión.
Lo que el mercado del cobre exige y Perú puede dar
El contexto de precios es favorable. El cobre ha oscilado en rangos altos durante 2025 y 2026, sostenido por la demanda de cables para redes eléctricas, motores de vehículos eléctricos y equipamiento de centros de datos. La Agencia Internacional de Energía proyecta que la demanda de cobre para infraestructura de energía limpia se triplicará antes de 2040. Perú está sentado sobre una parte considerable de las reservas que esa demanda necesita.
El AISC (All-In Sustaining Cost) de las principales operaciones peruanas sigue siendo competitivo globalmente —en rangos que generalmente quedan por debajo de los u$s2.00 por libra en las operaciones más eficientes. Eso da margen operacional incluso en escenarios de corrección de precio. El problema no es la economía del mineral. Es la fricción entre mineral y mercado: permisos, consulta previa, conflictos comunitarios, infraestructura logística en el corredor del sur.
Inestabilidad política: el variable que los modelos no capturan bien
Seis presidentes en seis años. Esa estadística de la política peruana sigue siendo el número que más incomoda a los directorios de las grandes mineras cuando evalúan asignación de capital entre jurisdicciones. No porque la inestabilidad haya detenido la producción existente —las minas en operación tienen contratos de estabilidad y estructuras que sobreviven cambios de gobierno. El problema es que sin predictibilidad política no hay apetito para tomar decisiones de inversión de u$s2,000M a 20 años.
Las negociaciones para proyectos como Tía María ilustran el problema: cada cambio de gobierno reinicia las conversaciones con las comunidades y recalibra las posiciones del ejecutivo. El resultado es un limbo donde el proyecto técnicamente está aprobado pero políticamente nunca termina de ser viable. Southern Copper ha invertido tiempo y recursos en relaciones comunitarias durante años. La pregunta que el directorio de Grupo México se hace en cada ciclo de planeación es cuándo ese esfuerzo se convierte en toneladas de cobre. Por ahora, no hay fecha clara.
El primer semestre como señal, no como destino
1.36 millones de toneladas en seis meses proyectan un año fiscal cerca de 2.7 millones de toneladas de cobre —consistente con el rango histórico que posiciona a Perú como segundo productor global. Es una posición sólida, pero no creciente al ritmo que la dotación de recursos del país debería permitir. Chile, el primer productor mundial con alrededor de 5.4 millones de toneladas anuales, enfrenta sus propios problemas de madurez en yacimientos de pórfido y crecimiento de costos. La brecha entre Chile y Perú podría acortarse si Perú destraba su cartera. Pero esa condición tiene más que ver con Lima que con cualquier yacimiento en los Andes.
El reporte semestral del Minem confirma que el motor operacional peruano funciona. Lo que el número no puede decir es cuándo Perú dejará de crecer al 1,9% y empezará a crecer al 8% o al 12% —el tipo de salto que ocurre cuando un proyecto grande entra en producción. Eso depende de decisiones que no se toman en las minas. Se toman en despachos ministeriales, en asambleas comunitarias y en juntas directivas que todavía están esperando señales de que Perú puede reducir el costo no técnico de hacer minería. Mientras esa señal no llegue, el país producirá cobre a un ritmo respetable pero por debajo de su potencial real —y los u$s53,000M en cartera seguirán siendo, sobre todo, una promesa. (Minería en Línea)

 

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