Los centros de datos colapsan las redes eléctricas del mundo
o.- (Belén Medina Fernández) El avance de la IA disparó el consumo eléctrico de los centros de datos. Irlanda ya dedica casi la misma energía a esa infraestructura que a todos sus hogares.
La inteligencia artificial enfrenta un nuevo límite para su crecimiento: la disponibilidad de electricidad. El caso más representativo es Irlanda, donde los centros de datos consumieron 7.663 GWh en 2025, equivalentes al 23% de toda la electricidad del país. La cifra los ubica apenas cinco puntos por debajo del consumo de los hogares, que representó el 28%.
Durante años, estas instalaciones crecieron impulsadas por los servicios en la nube. La irrupción de la IA generativa modificó esa dinámica. El entrenamiento de modelos más complejos y el procesamiento permanente de millones de consultas multiplicaron la necesidad de servidores y procesadores gráficos (GPU).
Cada centro de datos requiere un suministro eléctrico continuo y estable las 24 horas. A diferencia de otras industrias, no puede interrumpir su actividad durante los picos de demanda, por lo que depende de redes con alta capacidad y disponibilidad permanente.
El problema es que la infraestructura energética avanza mucho más lento que la construcción de nuevos centros de datos. Levantar líneas de transmisión, centrales eléctricas o parques renovables demanda varios años, mientras los proyectos tecnológicos se desarrollan en plazos mucho más cortos.
Los agentes de IA aceleran el consumo
La próxima generación de inteligencia artificial aumentará todavía más la presión sobre los sistemas eléctricos. Las grandes tecnológicas avanzan hacia los agentes de IA, sistemas capaces de ejecutar tareas complejas de manera autónoma, utilizar múltiples herramientas y tomar decisiones con mínima intervención humana.
Un estudio del Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea (KAIST) concluyó que una consulta compleja realizada mediante un agente de IA puede consumir hasta 136,5 veces más electricidad que una interacción convencional con un chatbot.
La investigación también detectó un problema de eficiencia. Los agentes pueden tardar hasta 153 veces más en completar determinadas tareas porque interactúan con aplicaciones y servicios externos. Durante ese tiempo, las GPU permanecen parcialmente inactivas, aunque continúan consumiendo energía.
Inversiones récord para sostener la demanda
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que entre 2025 y 2030 se invertirán dos billones de dólares en nuevos centros de datos vinculados con la inteligencia artificial. Uno de cada cinco dólares se destinará a infraestructura energética, como redes de transmisión, sistemas de almacenamiento y nuevas fuentes de generación.
El organismo proyecta además que para 2030 los centros de datos representarán cerca del 3% de la demanda mundial de electricidad, un consumo comparable al de Japón.
En Estados Unidos, la AIE prevé que casi la mitad del crecimiento de la demanda eléctrica durante los próximos años estará impulsada por la inteligencia artificial, mientras que los centros de datos consumirán más electricidad que industrias como el acero, el aluminio o el cemento.
Irlanda, un caso extremo
Si Estados Unidos anticipa hacia dónde se dirige la discusión, Irlanda representa el escenario más extremo de ese proceso. Ningún otro país europeo refleja con tanta claridad cómo la expansión de la inteligencia artificial puede alterar el equilibrio entre desarrollo tecnológico, seguridad energética y costo de la electricidad.
Los datos publicados por la Oficina Central de Estadísticas de Irlanda (CSO) muestran que durante 2025 los centros de datos consumieron 7.663 GWh, equivalentes al 23% de toda la electricidad utilizada en el país.
La magnitud del crecimiento es inédita. En 2015 estas instalaciones representaban apenas el 5% de la demanda eléctrica nacional. Una década después multiplicaron por más de cuatro su participación y ya se ubican muy cerca del consumo de todos los hogares irlandeses, que concentran el 28% de la electricidad.
El salto también se refleja en la evolución anual. Mientras el consumo eléctrico de viviendas, comercios e industrias tradicionales aumentó apenas 2% entre 2024 y 2025, los centros de datos registraron un incremento cercano al 10% en el mismo período y la brecha continúa ampliándose año tras año.
Durante las últimas dos décadas, Irlanda construyó una estrategia para convertirse en uno de los principales polos tecnológicos de Europa. Su política fiscal, el acceso al mercado único europeo y la presencia de empresas como Google, Microsoft, Amazon y Meta impulsaron la instalación de grandes complejos de procesamiento de datos, inicialmente destinados a servicios en la nube y, más recientemente, al desarrollo de inteligencia artificial.
Los beneficios económicos fueron significativos. Según cifras del Gobierno irlandés, desde 2010 los centros de datos aportaron unos 22.000 M de euros a la economía, generaron alrededor de 17.000 puestos de trabajo y permitieron recaudar 2.800 M de euros en impuestos.
El ministro de Gasto Público, Jack Chambers, sostuvo recientemente que los centros de datos constituyen “una parte central del futuro económico y digital de Irlanda” y defendió una estrategia que permita compatibilizar el crecimiento del sector con los objetivos de descarbonización.
Diversos estudios atribuyen entre el 2,5% y el 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero de Irlanda al funcionamiento de los centros de datos. Al mismo tiempo, la incorporación anual de energías renovables no alcanza para acompañar el ritmo con el que crece el consumo eléctrico de estas instalaciones.
Frente a ese escenario, el regulador energético irlandés endureció las condiciones para autorizar nuevos proyectos. Las empresas deberán demostrar que podrán cubrir el 80% de su demanda eléctrica mediante nueva generación renovable desarrollada en Irlanda dentro de un plazo de seis años. Quienes no cumplan ese requisito no obtendrán autorización para conectarse a la red.
Un costo que afecta a los hogares
La presión sobre las redes eléctricas comenzó a trasladarse a las facturas de los usuarios. Un estudio elaborado por Amigos de la Tierra estimó que los hogares irlandeses pagaron unos 360 euros adicionales en promedio entre 2015 y 2023 como consecuencia del impacto que los centros de datos tuvieron sobre el sistema eléctrico.
Estados Unidos atraviesa una discusión similar. Allí, el operador PJM Interconnection, responsable del suministro para 13 estados y alrededor de 67 millones de usuarios, reconoció que la demanda eléctrica crece más rápido que la capacidad para incorporar nueva generación y atribuyó ese fenómeno principalmente a la expansión de los centros de datos.
La última subasta mayorista organizada por PJM implicó u$s 6.300 M que se trasladarán gradualmente a las tarifas eléctricas durante los próximos tres años. Según Monitoring Analytics, desde 2024 estas subas ya acumularon u$s 29.000 M en costos adicionales para consumidores residenciales y empresas.
Una planificación adecuada permitirá reducir parte de la presión mediante redes más inteligentes, almacenamiento eléctrico y un uso más eficiente de la propia IA para gestionar los sistemas energéticos. Sin embargo, la Agencia Internacional de la Energía advierte que las inversiones deberán acelerarse para evitar que la infraestructura quede rezagada frente al crecimiento de la demanda. (BAENegocios; 09/08/2026- 20:21hs)
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