El Ibex conquista nuevos máximos en una sesión marcada por el empleo de EE.UU.
o.- España. (Gema Escribano) El selectivo español supera los 19.600 puntos. En Asia, el Kospi de Corea del Sur se desploma un 7%.
Los inversores comienzan a ajustar sus carteras para la segunda mitad del año. A las puertas del verano, un periodo tradicionalmente caracterizado por menores volúmenes de negociación y episodios de mayor volatilidad, los mercados reciben con alivio la moderación de los precios del petróleo. Pendientes de los datos de empleo de Estados Unidos y de las señales lanzadas por los bancos centrales desde el foro de Sintra, las Bolsas europeas mantienen el tono positivo. El Ibex 35 lidera las ganancias y pone el foco en un nuevo récord de cierre. El índice español sube un 1% y rebasa los 19.600 puntos.
“El tercer trimestre se iniciaba con rotaciones en la renta variable de Estados Unidos. Los indicadores económicos resultaban relativamente tranquilizadores, la geopolítica sigue aparcada y las declaraciones de los banqueros centrales desde Sintra han tendido a mostrar cierto optimismo por la reciente relajación de los precios energéticos», señalan los analistas de Macroyield. Con este telón de fondo favorable, los inversores aparcan temporalmente las dudas sobre las exigentes valoraciones y vuelven a aumentar su exposición a los activos de riesgo. La Bolsa española acompaña el movimiento alcista del resto de plazas europeas, aunque con una intensidad superior. El Dax alemán y el Cac francés avanzan alrededor de un 0,6%, mientras que el Euro Stoxx 50 suma un 0,3%.
Aun así, la evolución del mercado laboral sigue siendo clave para determinar los próximos pasos de la Fed. Los datos de empleo que se conocerán antes de la apertura de Wall Street ayudarán a los inversores a ajustar sus expectativas sobre los tipos de interés. Los analistas de Bloomberg Economics esperan que la creación de empleo se haya mantenido sólida en junio. Una lectura especialmente robusta podría reavivar el debate sobre la necesidad de mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo, sobre todo si la moderación de la inflación pierde impulso en los próximos meses.
Rebajado, al menos por ahora, el riesgo geopolítico y suavizadas las tensiones en el frente monetario, los inversores vuelven a enfrentarse a la pregunta que llevaba semanas aparcada: cuánto de la euforia por la inteligencia artificial está ya descontado en los precios. Durante los momentos más delicados del conflicto en Oriente Próximo, las grandes tecnológicas actuaron como refugio para unos mercados necesitados de crecimiento. Ahora, con el petróleo de vuelta a niveles previos a la guerra y los bancos centrales recuperando margen de maniobra, la atención regresa a las valoraciones.
A medida que aumentan las dudas sobre la capacidad del sector para rentabilizar las ingentes inversiones vinculadas a la IA, los gestores están aprovechando la mejora del contexto macroeconómico para recoger beneficios en los semiconductores y buscar oportunidades en sectores más ligados al ciclo económico. La apuesta ya no consiste únicamente en identificar a los ganadores de la revolución tecnológica, sino también en detectar qué compañías pueden beneficiarse de una economía más sólida y de un entorno de tipos menos hostil.
Esta rotación de carteras, amplificada por el peso creciente de la inversión pasiva y de los fondos apalancados, está provocando movimientos especialmente bruscos. El mejor ejemplo llega desde Corea del Sur. El Kospi, uno de los índices que más se había beneficiado del auge de la IA en el último año y medio, ha caído un 7,9% arrastrado por el castigo a los fabricantes de chips. Al mismo tiempo, los futuros estadounidenses anticipan una apertura desigual, con descensos para el Nasdaq y avances para el Dow Jones, una señal de que el mercado busca nuevos liderazgos.
Conforme pasan las jornadas, crece el nerviosismo alrededor de los fabricantes de semiconductores y resurgen los fantasmas de una posible burbuja. En su última nota, los estrategas de JPMorgan alertan de la extraordinaria divergencia entre la evolución bursátil de las compañías de chips y la de los grandes grupos tecnológicos que financian el despliegue de la IA. Una brecha que, a juicio de la entidad, difícilmente podrá sostenerse sin provocar ajustes en alguno de los dos extremos del mercado. «Si esta brecha no comienza a cerrarse, podría generar un problema de sentimiento desde un punto de vista técnico», señalan.
Después de dos años en los que la IA ha impulsado buena parte de las ganancias bursátiles, la gran cuestión para los inversores ya no es quién liderará la revolución tecnológica, sino si los beneficios futuros serán capaces de justificar unas cotizaciones que han corrido mucho más deprisa que los resultados empresariales. (Cinco Días, España, 02/07/2026)
El Ibex conquista nuevos máximos en una sesión marcada por el empleo de EE.UU.
