Vaca Muerta, lado B.

Vaca Muerta, lado B.

o.- (Sofía Sandoval) Los migrantes laborales que no logran ingresar a la meca del “oro negro”.
Crece la preocupación en Neuquén por el arribo de trabajadores poco calificados para la industria petrolera que se quedan en la calle.
La noche empieza a cerrarse sobre la Ciudad Deportiva de Neuquén capital. Un poco más allá de la pista de atletismo, donde los deportistas corren y exhalan vapor en el aire frío del sur, una fila de hombres abrigados aguarda por la apertura del refugio nocturno: son las carpas de un dispositivo montado por el gobierno provincial para cobijar a los cientos de personas que quedaron en situación de calle en medio de una ola polar.
En los primeros 18 días en funciones, el dispositivo ya había recibido a 279 personas que no tenían donde dormir. Aunque la mayoría son hombres oriundos de Neuquén, más del 22% llegaron desde otras provincias con la ilusión de encontrar trabajos bien pagos en Vaca Muerta, pero, ante la falta de inserción en un ambiente laboral fluctuante y competitivo, terminaron en el refugio.
Carlos tiene 35 años y llegó hace dos meses desde Capilla del Monte, Córdoba, atraído por los comentarios que señalaban a Neuquén –y Vaca Muerta– como el lugar donde abundaban las fuentes de trabajo. “Me hablaron mucho de Neuquén, pero es complicado, sobre todo para la gente que viene de afuera”, dijo mientras se quitaba la capucha que lo protegía de los pocos grados de temperatura. “Acá no te conoce nadie; yo tengo ganas de trabajar, pero es difícil que alguien te haga el gancho en una petrolera”, agregó.
Sin trabajo y frente a los altos costos de los alquileres en Neuquén, Carlos se quedó en la calle y empezó a dormir en las escalinatas de la Catedral, en pleno centro de la ciudad. Las primeras noches no pegaba un ojo: el frío se volvía cada vez más penetrante, y él se quedaba alerta a los ruidos y los peligros de quedar expuesto a la intemperie, con la mochila debajo de la cabeza y las zapatillas atadas al cuerpo para evitar que se las robaran.
En el comedor de la iglesia, donde se abrigaba el estómago con facturas y mate cocido, supo que habían abierto un refugio para afrontar la llegada de una ola polar, que se tradujo en jornadas con temperaturas de más de 12 grados bajo cero. Y ahí, además de una cama, encontró más herramientas para salir a buscar empleo.
Cada noche, a Carlos le dan jabón, champú y una toalla limpia para darse una ducha caliente. También tiene acceso a una vianda contundente en el comedor, a cortes de pelo, y un ropero solidario, compuesto en muchos casos por donaciones de uniformes petroleros, que le sirven para salir al otro día a tocar puertas y pedir un trabajo, que hasta ahora no llega. “Antes andaba caminando con los bolsos. Ahora me dieron permiso para dejarlos acá y salir a repartir currículums”, dice, y aclara que espera el llamado de una estación de servicio de YPF, donde se ofreció como playero.
Como Carlos, muchos usuarios de este dispositivo de emergencia duermen cada noche en la carpa de la Ciudad Deportiva y salen antes del alba a recorrer la ciudad y buscar alguna vacante para trabajar. A pesar de los relatos que pintan a Vaca Muerta como una mina de oro negro, los procesos competitivos de selección en las empresas y las propias fluctuaciones de esta actividad económica demuestran que las oportunidades reales y bien pagas no abundan tanto como parece.
Los beneficiarios del refugio deben pasar por un proceso de admisión. Los cacheos y controles médicos buscan evitar problemas de convivencia, por lo que no se admiten personas con antecedentes graves o intoxicados por drogas o alcohol. “Esta no es la solución, es un dispositivo que armamos por dos meses por la emergencia de la ola polar y los 15 grados bajo cero”, admite Lucas Castelli, ministro de Trabajo y Desarrollo Laboral de la provincia de Neuquén. “Después hay un problema estructural que estamos trabajando a través de otros programas, para que puedan reinsertarse en el mundo laboral”, explicó. Castelli habló de ciertos casos exitosos, con algunos usuarios de los refugios que entraron en programas de entrenamiento laboral en distintas empresas, incluidas firmas petroleras como TSB. Sin embargo, pese a los esfuerzos del Estado, no todos los usuarios del refugio tienen buenas perspectivas. En los primeros 18 días de actividad, el Ministerio pagó los pasajes de unas diez personas que eran de otras provincias y que preferían regresar a su lugar de origen, con más contención familiar, antes que merodear por las calles de Neuquén sin oportunidades.
“Hay muchas cuestiones a trabajar, pero el 70% u 80% de los que vemos no son empleables, ya sea por adicciones o por alguna discapacidad”, señala Castelli. “Conocemos personas que tienen un oficio o formación de base, pero llevan más de 10 años perdidas en el consumo”, se lamenta.
Roque es neuquino y pagaba un alquiler en un barrio de clase obrera con su sueldo de cocinero, hasta que los precios se pusieron cuesta arriba y tuvo que dormir en un cajero automático. Franco, de Jujuy, hacía changas en la construcción, pero descubrió rápido que los 40.000 pesos que le pagaban por día no alcanzaban para mucho en una provincia como Neuquén. Y el Vikingo, que habla inglés fluido y supo ser instructor de snowboard en el exterior, terminó en la calle al caer en una espiral de adicciones que le cerró las puertas de cualquier oportunidad laboral.
“La mayoría duerme acá todos los días. Se pudieron identificar 279 personas en estos días, pero hay muchas otros que ni se acercan porque saben que no van a pasar el proceso de admisión”, expresa Alberto Cámpora, coordinador de Red Solidaria en Neuquén, que visita el refugio cada noche para ayudar en lo que se pueda.
“Acá, el que no trabaja es porque no quiere”, repiten los usuarios del refugio. Pero, aunque ellos mismos confían en el mito de Vaca Muerta como la meca de las oportunidades y los salarios millonarios, la realidad fue más dura con sus propios intentos de insertarse en ese mundo. Y así, lejos de sus hogares y sin más capital que lo puesto, confían en que la industria petrolera les dé una oportunidad.
“Se nota un aumento significativo en la cantidad de consultas de postulantes de otras provincias, sobre todo del norte de Argentina, que buscan oportunidades en el rubro petrolero”, explica Mariana Sobisch, titular de Principia, consultora de Recursos Humanos de Neuquén. “Se podría decir que nos llegan casi hasta un 40% de CV de personas que no residen en Neuquén o bien que están instaladas en la zona desde hace menos de 6 meses”, agrega. Aclara que llegan, en muchos casos, sin investigar demasiado. “La noticia de Vaca Muerta genera gran interés y, si bien todos evidencian gran disposición para mudarse y las diferencias salariales son significativas, luego las oportunidades laborales no llegan tan rápido y los costos de vida son elevados aquí”.
La situación que se observa en la ciudad de Neuquén se repite también en Añelo, una localidad ubicada a 150 kilómetros de la capital y que es considerada el corazón de Vaca Muerta por su cercanía a los yacimientos. Los comerciantes advierten sobre la presencia de foráneos que deambulan por las calles, lo que se traduce también en un problema social para el municipio. Entre los efectos adversos más extremos de las expectativas que genera la industria, esta semana se difundió el rescate de una víctima de trata laboral.
Pero ¿qué pasa con el empleo? La mayoría coincide en un doble diagnóstico, que incluye un amesetamiento de la actividad en el segundo semestre de 2025, con una falta de coincidencia entre los perfiles que buscan las compañías y lo que los postulantes tienen para ofrecer. “Trabajo hay, pero muchas veces lo que se busca es un perfil altamente calificado”, señala Daniel González, un empresario neuquino que integra la Federación de Cámaras del Sector Energético de la Provincia del Neuquén (Fecene) y es secretario de la Asociación de Comercio, Industria, Producción y Afines de Neuquén (Acipan). “No basta con saber soldar para trabajar con ductos que transportan gas a altísima presión”, detalla. Según explica, las búsquedas laborales apuntan a personal con formación académica, oficios certificados y, sobre todo, experiencia en un rubro que no se parece en nada a las actividades económicas de otras provincias.
Pero la conclusión del oleoducto Vaca Muerta Sur y el proyecto que permitirá transportar el gas hacia los buques de licuefacción para su posterior exportación podrían estar listos entre 2027 y 2028, por lo que todavía no hay demanda de empleo en lo inmediato. Por su parte, los sindicatos petroleros conformaron una mesa de seguimiento para monitorear la crisis y coordinar acciones conjuntas, luego de que muchas empresas que son jugadores claves del sector confirmaron que están “recalculando” sus inversiones, según informaron medios especializados en energía.
“La actividad depende de algo que no deja de ser una commodity”, se lamenta González, el empresario que deposita expectativas en Vaca Muerta. (La Nación, Buenos Aires, 22/07/2024)

 

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