Producción minera mexicana cae por séptima vez en 2026 mientras fluorita de Coahuila resiste

Producción minera mexicana cae por séptima vez en 2026 mientras fluorita de Coahuila resiste

o.- México. (Por Ana Herrera Fonseca). Siete meses consecutivos. Eso es lo que lleva la producción minera mexicana sin remontar en 2026, una racha negativa que empieza a dejar de parecer coyuntural y a verse como una señal estructural que el sector no puede ignorar. El dato más reciente confirma la tendencia: la extracción nacional cayó por séptima vez en lo que va del año, consolidando un patrón que contrasta de manera incómoda con los precios metálicos en niveles históricamente altos y con la narrativa oficial de un sector en expansión.
Una caída que los precios no logran disimular
El oro cotiza por encima de los 3,100 dólares por onza. La plata se mantiene firme. El cobre supera los 9,500 dólares por tonelada en el LME. En teoría, cualquier productor minero debería estar maximizando extracción. México, con el 24% de la plata mundial y posiciones relevantes en oro y cobre, debería ser el primero en hacerlo. No lo está haciendo.
Siete caídas consecutivas en producción, dentro de un entorno de precios favorable, solo tienen dos explicaciones posibles: problemas operativos en minas específicas, o cuellos de botella sistémicos que frenan la capacidad de convertir reservas en producción. La evidencia apunta a ambas, y la combinación es más preocupante que cualquiera de las dos por separado.
El valor de la producción minera nacional alcanzó u$s17,500M en 2024, según datos de CAMIMEX, con un crecimiento de 15.9% respecto al año anterior. Esa cifra reflejó el efecto precio, no el efecto volumen. Lo que está pasando en 2026 sugiere que el efecto volumen está yendo en sentido contrario, y que mantener los valores de exportación requerirá precios aún más altos para compensar lo que no se extrae.
Sonora y Zacatecas: donde más duele la caída
Sonora concentra aproximadamente el 45% de la producción nacional. Zacatecas aporta alrededor del 33% de la plata del país. Cuando la producción cae de manera sostenida, el impacto se concentra precisamente en estos dos estados, y las consecuencias no son solo contables.
En Sonora, Buenavista del Cobre —la mayor operación de cobre de Grupo México— enfrenta presiones acumuladas: mayor profundidad de extracción, costos hídricos crecientes y una agenda regulatoria que, aunque más pragmática bajo el gobierno Sheinbaum, sigue siendo compleja. La Caridad y La Colorada también operan en un entorno donde cada tonelada adicional cuesta más que la anterior.
En Zacatecas, Peñasquito de Newmont —la mayor mina de oro en México— y Juanicipio de Fresnillo-MAG Silver son operaciones con leyes de alta calidad pero con ciclos de vida que ya superan su punto de máxima extracción en algunos frentes. Camino Rojo de Orla Mining y el proyecto San Nicolás de Agnico Eagle y Teck están en desarrollo, pero su producción plena no compensa todavía lo que bajan las minas maduras.
El empleo directo del sector supera las 400,000 personas, con 2.5 millones de empleos indirectos vinculados. Una caída sostenida en producción no tarda en traducirse en ajustes de turnos, contratistas y proveedores locales. Zacatecas y Sonora son estados donde la minería no es un sector más: es el ancla económica de docenas de municipios.
Coahuila y la fluorita: la excepción que confirma la regla
En este contexto de caída generalizada, Coahuila emerge como la excepción con su aumento en la extracción de fluorita. México es el primer productor mundial de este mineral, y Coahuila concentra buena parte de esa producción. El dato no es menor: la fluorita es un mineral crítico para la industria química, la manufactura de semiconductores y la producción de fluoruros usados en baterías de nueva generación.
El aumento en Coahuila responde tanto a mayor demanda internacional como a la relativa simplicidad regulatoria de la extracción de fluorita comparada con los metales preciosos o el cobre. Son operaciones más pequeñas, con menores requerimientos de agua y una cadena de permisos menos compleja. Eso las hace más ágiles para responder a señales de precio.
Pero la fluorita, por más que crezca, no mueve la aguja del valor total de producción minera nacional de la misma manera que el oro, la plata o el cobre. Su incremento es una buena noticia sectorial, pero no contrarresta el peso de siete meses de caídas en los metales que generan el 75% del valor de la canasta exportadora minera mexicana.
El problema de los permisos: avances reales, rezago histórico
El gobierno de Claudia Sheinbaum ha dado señales más favorables al sector que su predecesor. En 2026 se otorgaron los primeros permisos mineros después de un periodo prolongado de parálisis; el backlog en Zacatecas se redujo de 25 a cinco expedientes pendientes. El Plan México-EUA de Minerales Críticos, firmado el 4 de febrero de 2026, refuerza la narrativa de integración estratégica.
Sin embargo, siete caídas consecutivas en producción sugieren que los permisos no son el único problema. O que los que se otorgaron llegaron tarde para minas que ya redujeron operaciones. O que hay factores adicionales —seguridad en zonas de alta incidencia como Sinaloa y Guerrero, disponibilidad hídrica, costos energéticos— que el proceso de permisos no resuelve por sí solo.
CAMIMEX, bajo la presidencia de Pedro Rivero, ha señalado en múltiples ocasiones que la inversión minera en 2024 alcanzó US$5,060 millones. Esa cifra es inversión comprometida, no producción inmediata. El ciclo entre inversión y primera extracción en proyectos mineros oscila entre tres y ocho años. Lo que se invirtió en 2024 no produce en 2026.
La trampa del tipo de cambio y los costos operativos
Para los exportadores mineros mexicanos, el tipo de cambio es una variable de doble filo. Los ingresos se denominan en dólares; los costos operativos, en pesos. Un peso más débil amplía márgenes contables, pero encarece la importación de equipos, explosivos, reactivos químicos y tecnología que no se produce en México.
Las empresas con operaciones más intensivas en capital importado —típicamente las de cobre profundo y las de mayor mecanización— sienten ese encarecimiento antes que las de extracción superficial. Si a eso se suman tasas de Banxico que, aunque en proceso de normalización, siguen siendo elevadas, el costo financiero de proyectos en desarrollo se incrementa y algunos cronogramas se retrasan.
El resultado práctico: empresas que postergan ampliaciones de capacidad aunque los precios metálicos justificarían acelerar. Eso no aparece en las cifras de inversión declarada, pero sí en las cifras de producción mensual. Las siete caídas consecutivas son, en parte, el reflejo de esa postergación acumulada.
Lo que pierde México cada mes que no produce
Las exportaciones mineras generaron u$s17,800M en 2024, posicionando al sector como el sexto generador de divisas del país. Cada caída mensual de producción, con precios metálicos donde están, representa una transferencia de valor que México no captura.
La dependencia de Estados Unidos con respecto a la plata mexicana es estructural: EUA importa cerca del 28% de su plata desde México. Bajo el Plan de Minerales Críticos firmado en febrero de 2026, esa dependencia se reconoce como un activo estratégico de negociación. Pero un activo que no se extrae no se negocia.
Si la tendencia de siete caídas consecutivas se extiende al segundo semestre de 2026, México arriesga perder terreno en las conversaciones sobre cadenas de suministro crítico con Washington justo cuando esas conversaciones son más relevantes que en cualquier momento de la última década. La producción, al final, es el argumento más sólido en cualquier mesa de negociación estratégica.
Coahuila sube su fluorita. El resto del país baja. Esa asimetría no es solo una estadística: es el retrato de un sector que tiene todo para crecer y lleva siete meses sin lograrlo. (Minería en Línea)

 

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