Perú negocia TLC con India impulsado por boom de exportaciones de oro al 152%

Perú negocia TLC con India impulsado por boom de exportaciones de oro al 152%

o.- Perú. (Por Ana Herrera Fonseca). Las exportaciones de Perú hacia India crecieron 152% entre enero y julio de 2026. No es un dato de comercio exterior genérico — es la señal que el gobierno peruano lleva meses esperando para acelerar un tratado de libre comercio que, de cerrarse, redefiniría las rutas de colocación de sus minerales y metales en Asia. El oro encabezó ese auge. Y detrás de esa cifra hay una apuesta de diversificación comercial que Perú necesita más que nunca.
El oro abrió la puerta, el TLC la consolidaría
India importa oro en volúmenes masivos. Es el segundo consumidor mundial del metal, detrás de China, con una demanda estructural impulsada por joyería, reservas del banco central y ahorro familiar. Perú, como noveno productor global de oro, encontró en ese apetito un mercado natural que creció a un ritmo que pocas relaciones comerciales bilaterales logran sostener.
Pero el crecimiento del 152% no es solo una cuestión de precio. El oro superó los 3,300 dólares por onza en 2026, lo que amplifica cualquier variación de volumen en el valor exportado. La combinación de precios récord con un comprador que no reduce su apetito creó las condiciones para que Lima empujara hacia un acuerdo formal. Un TLC con India no sería solo un reconocimiento de lo que ya ocurre — sería una arquitectura que garantiza ese flujo con aranceles preferentes y reglas claras.
Perú presentó una contrapropuesta durante las negociaciones y ahora aguarda respuesta de Nueva Delhi. Ese compás de espera tiene implicaciones concretas: cada mes sin acuerdo es un mes en que las exportaciones peruanas enfrentan los aranceles de nación más favorecida que India aplica a países sin TLC, mientras competidores como Australia o los Emiratos Árabes Unidos ya negocian condiciones preferenciales con el subcontinente.
Diversificación que llega tarde, pero llega
La estructura exportadora de Perú tiene un problema de concentración conocido. China absorbe históricamente entre el 30% y el 35% de sus exportaciones mineras — cobre de Las Bambas y Cerro Verde, zinc, plata. Cuando Beijing estornuda, Lima tiembla. La ralentización de la construcción china en 2023 y 2024 lo demostró con claridad: los precios del cobre cedieron y los ingresos fiscales por canon minero sintieron el golpe en las regiones productoras del sur.
India no reemplaza a China. No tiene ni la capacidad industrial ni la demanda de cobre que convierte a Beijing en el árbitro del precio global. Pero ofrece algo distinto: un mercado para el oro con menos volatilidad política, una economía que crece al 6-7% anual y una clase media que acumula metal como forma de ahorro. Para Perú, eso es una segunda línea de defensa comercial que hasta ahora no existía en términos formales.
El timing tampoco es casual. La reconfiguración de cadenas de suministro globales post-pandemia y post-aranceles Trump empujó a múltiples países productores a buscar acceso preferencial a mercados alternativos. Perú observó cómo Chile profundizó sus vínculos con Asia y cómo Australia se posicionó como proveedor estratégico de minerales críticos para India. La negociación del TLC es, en parte, una respuesta a ese movimiento regional.
La cartera de proyectos que el TLC podría movilizar
Perú tiene aproximadamente 53,000 millones de dólares en cartera de proyectos mineros. Una fracción de esa inversión está bloqueada por conflictos sociales — Tía María lleva más de una década sin poder arrancar. Pero otra parte espera señales de demanda sostenida antes de que los inversionistas den luz verde a la etapa constructiva.
Un TLC con India no activa por sí solo esos proyectos. Lo que sí hace es mejorar el argumento comercial ante inversionistas que evalúan la diversificación de compradores como un factor de riesgo. Una mina que puede vender a China, India y Europa con aranceles preferenciales tiene un perfil crediticio diferente al de una que depende de un solo mercado.
Freeport-McMoRan en Cerro Verde, Anglo American en Quellaveco y MMG en Las Bambas son las operaciones que más directamente se beneficiarían de cualquier expansión de la demanda asiática. Cerro Verde produce alrededor de 500,000 toneladas de cobre al año — el grueso va a Asia. Quellaveco, en plena operación desde 2024, añade una capacidad que el mercado todavía está absorbiendo. La pregunta no es si India comprará ese cobre — por ahora lo hace a través de intermediarios y sin condiciones preferenciales. La pregunta es si Perú puede asegurarse esa ruta antes de que sus competidores lo hagan.
El ángulo fiscal: canon minero y regiones productoras
Hay una dimensión interna que el debate sobre el TLC rara vez menciona con suficiente claridad. Perú redistribuye parte de los ingresos mineros a las regiones productoras a través del canon minero. Cuando las exportaciones suben — ya sea por precio o por volumen — ese canon se expande. Apurímac, Arequipa, Moquegua y Cusco han visto en los ciclos de bonanza minera una de sus pocas fuentes de inversión pública relevante.
Un acuerdo comercial que consolide el acceso al mercado indio con aranceles más bajos tiene el potencial de mantener o ampliar ese flujo fiscal, especialmente en un contexto donde el precio del oro ya está en niveles históricamente altos. Si las exportaciones de oro a India continúan al ritmo del primer semestre de 2026, el impacto en los ingresos fiscales regionales será visible antes de que concluya el año.
El gobierno de Dina Boluarte necesita ese argumento. Con una aprobación presidencial que ha promediado entre el 5% y el 8% en los últimos años, mostrar resultados concretos en política comercial — acuerdos firmados, divisas que ingresan, canon que fluye — es uno de los pocos instrumentos disponibles para construir legitimidad sin pasar por el Congreso.
Los riesgos de la negociación y el precedente regional
Las negociaciones con India son notoriamente complejas. Nueva Delhi tiene una tradición proteccionista en sectores sensibles y sus procesos de ratificación parlamentaria son lentos. El tratado con los Emiratos Árabes Unidos, firmado en 2022, tardó apenas meses en negociarse — pero India no es los EAU. El TLC con Australia tardó una década en cerrarse. Perú no tiene diez años de margen político para esperar.
Además, la relación bilateral tiene asimetrías estructurales. India exporta a Perú productos farmacéuticos, textiles y manufacturas. Perú exporta materias primas. Un TLC que no incluya cláusulas de valor agregado o encadenamiento industrial puede terminar profundizando esa asimetría en lugar de reducirla. El sector minero peruano exporta concentrados y refinados — no productos terminados. Si el acuerdo no contempla incentivos para escalar en la cadena de valor, Perú seguirá siendo proveedor de insumos en lugar de socio industrial.
El crecimiento del 152% en exportaciones es real. La oportunidad estratégica que representa India también. Pero la negociación que convierte ese auge en arquitectura comercial duradera todavía está por cerrar — y el tiempo que Perú tarde en hacerlo determinará si este momento de precios altos y demanda creciente se transforma en ventaja estructural o simplemente en un ciclo más que no deja instituciones detrás. (Minería en Línea)

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