La guerra de Ormuz: balance provisional de sus impactos globales

La guerra de Ormuz: balance provisional de sus impactos globales

o.- (Carlos Pérez Llana, analista internacional) Cuando se cumplen dos meses del inicio de la guerra lanzada por los Estados Unidos e Israel contra Irán, el “momento del balance” parece haber llegado. En verdad el conflicto se desarrolla, básicamente, en torno al Estrecho de Ormuz.
Fue un error creer que con la decapitación del poder iraní todo terminaba – como en Venezuela consagrando una autoridad civil, alejada de los clérigos y de la estructura militar. El retorno a la monarquía era inviable. Ese proyecto además incluía la recuperación del stock de uranio enriquecido iraní.
Esa era la “solución militar” que además debía fortalecer a las monarquías del Golfo, aliadas del trumpismo, con sus ciudades futuristas consagradas al turismo, donde se gestionaban las inversiones del petróleo “protegidas” por las bases americanas que ahora fueron blanco de los misiles y drones iraníes
La realidad es otra. En Teherán los clérigos perdieron el poder real que ahora reside en la Guardia Revolucionaria y el conflicto ha quedado radicado en el manejo del Estrecho de Ormuz. Ahora bien, ¿existe una solución militar en este escenario? Todo hace pensar que no.
Los riesgos de una apertura del Canal por la fuerza están a la vista, como lo sostuvo el presidente Macron ese escenario es irrealista, entre otras razones porque nadie gana. En el esquema de la estructura militar iraní, el manejo del Estrecho significa un “arma” más eficaz que el arma nuclear, que fuera el símbolo nacional.
A esta “arma” no es necesario ocultarla, no es necesario trasladarla y la clave pasa por la gestión de las aperturas y los cierres del Canal. Un nuevo frente militar en Ormuz conduciría a una guerra de desgaste sin futuro. Requeriría de una presencia militar permanente, expuesta a los drones iraníes y a una guerrilla naval que subirían los costos de las primas de seguro, gestionadas en el mercado de Londres, encareciendo el precio del petróleo.
En Washington sectores del gobierno apuestan a ganar una batalla, para ellos se trata de una guerra clásica, en cambio para Irán el manejo de Ormuz constituye el dato relevante de la posguerra. Estas diferencias son visibles en el gobierno de Trump y se expresan en las purgas que viene encarando el Secretario de Defensa americano.
La apuesta de contrarrestar los drones iraníes requeriría una ocupación permanente con soldados americanos a lo largo de las costas con todos sus riesgos. Además, en la historia existe un antecedente no menor: el secuestro del personal de la Embajada americana en Teherán que le impidió la reelección al presidente James Carter.
La estrategia de Irán consiste en cobrar peajes negociando con países amigos, particularmente los mercados donde están instaladas las refinerías asiáticas, sobre todo en China e India. La búsqueda de un nuevo régimen para
Fue un error creer que con la decapitación del poder iraní todo terminaba.
Irán consiste en sumar a Omán en la gestión del Estrecho y facilitar a la brevedad el tránsito de fertilizantes, para prevenir una crisis alimentaria en los países vulnerables como los africanos.
Más allá de la dimensión militar-petrolera, algunas otras agendas están siendo afectadas por la duración de la guerra. El futuro de la OTAN nuevamente ha quedado expuesto. La falta de acompañamiento de los países europeos quedó consagrada en dos decisiones: no contribuir a los intentos de Washington de abrir el tráfico en el Estrecho, y la decisión tomada por algunos países de no habilitar el uso de las bases americanas radicadas en sus territorios.
El caso testigo fue la base americana instalada en España. Se han destacado, en estos malentendidos transatlánticos, la amenaza de Trump al gobierno de Londres que incluye la revisión del tradicional apoyo a la posición británica en las Islas Malvinas.
Desde los años ’50, la crisis del Canal de Suez, no se había observado una brecha semejante en la relación entre los principales países europeos y los EE.UU. El actual contrapunto euro-americano, que nace con los reclamos americanos sobre Groenlandia, se vio agravado con la derrota electoral de Orban en las elecciones de Hungría, y el distanciamiento de la Italia de Melloni, asociado a las declaraciones despectivas de Trump respecto del Papa. También cabe agregar, a estos malentendidos, la persistente distancia que en la Casa blanca se le aplica a Ucrania.
También durante el desarrollo de la Guerra de Ormuz no han dejado de influir en la relación euro-atlántica datos vinculados a la gestión republicana. Particularmente mientras la guerra se desarrolla en torno al petróleo, se advierte con preocupación en las plazas financieras algunas decisiones que se vienen tomando en Washington.
En particular se destacó el virtual acoso de Trump contra las autoridades de la Reserva Federal, vinculadas a la política monetaria y a la elección de nuevas autoridades. Por primera vez el Departamento de Justicia inició una investigación contra el Presidente de la Reserva.
Este episodio se suma al alejamiento de los inversores de los Bonos del Tesoro que temen el riesgo de perder el control de la deuda, en momentos que el despliegue militar en el Medio Oriente agrava las incertidumbres. Existe una creciente preocupación por el status del dólar.
Esa preocupación se refleja, por ejemplo, en un reciente trabajo de B. Eichengreen, quien sostiene que la “preocupación en torno al dólar recuerda el destino del Denario romano, cuya fortaleza, basada en el poder económico y en las instituciones estables de Roma, cedió ante el efecto de la deriva imperial. (Clarín, Buenos Aires, 28/04/2026)

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