Inversión privada en Perú crece 17,6%: minería alcanza su mayor expansión desde 2010

Inversión privada en Perú crece 17,6%: minería alcanza su mayor expansión desde 2010

o.- Perú. (Por Ana Herrera Fonseca). La inversión privada en Perú creció 17,6% en el segundo trimestre de 2026 — su mayor tasa desde 2010, sin contar el rebote postpandemia. Detrás de ese número hay un dato que importa más: la inversión minera avanzó 42,8% nominal en el mismo periodo. No es un ciclo cualquiera. Es una señal de que los capitales están apostando por el país con una convicción que no se veía en más de una década.
El motor detrás del 17,6%: minería como detonador macroeconómico
El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) identificó tres proyectos como los principales impulsores del salto en inversión minera: Tía María, Reposición Ferrobamba y Romina. Tres proyectos que, en circunstancias distintas, habrían sido noticia por razones muy diferentes — conflictos sociales, retrasos regulatorios, incertidumbre política. Que hoy aparezcan como palancas de un récord de inversión dice mucho sobre cómo ha cambiado el ambiente operativo.
El peso de la minería en la ecuación peruana no es marginal. La industria representa aproximadamente el 10% del PIB y genera alrededor del 60% de las exportaciones totales del país. Cuando la inversión minera crece al 42,8% nominal en un trimestre, el efecto no se queda en los campamentos de Arequipa o Apurímac — se transmite a la cadena logística, a los proveedores de insumos, a los municipios beneficiarios del canon. El 17,6% de crecimiento en inversión privada total no se explica sin ese 42,8%.
Para calibrar la magnitud: la última vez que Perú registró una tasa equivalente de expansión inversora, el cobre cotizaba por debajo de los cuatro dólares la libra y China recién comenzaba el ciclo de infraestructura que redefiniría los mercados de metales para la siguiente década. El contexto hoy es diferente, pero la señal de confianza es igual de relevante.
Tía María: el proyecto que más dice sobre el cambio de clima
Si hay un proyecto que concentra la historia reciente de la inversión minera peruana, es Tía María. Southern Copper — subsidiaria de Grupo México — esperó más de quince años para iniciar operaciones en el yacimiento de cobre en el valle del Tambo, Arequipa. La oposición comunitaria, la inestabilidad política y la falta de licencia social bloquearon el proyecto en repetidas ocasiones desde 2010.
Que Tía María aparezca hoy como uno de los tres pilares del récord de inversión no es un dato menor. Implica que el proyecto avanza con una velocidad de despliegue de capital que el MEF ya puede contabilizar en sus reportes trimestrales. Para Southern Copper, cuya capacidad instalada en Perú incluye también Cuajone y Toquepala, Tía María representa la incorporación de producción adicional de cobre en un momento en que los precios del metal siguen sostenidos por la demanda de transición energética global.
El cobre es la razón de fondo detrás de este ciclo. Perú produce alrededor de 2.7 millones de toneladas anuales — segundo lugar mundial detrás de Chile — y su posición en la cadena de suministro de energía limpia lo convierte en destino prioritario de capital para cualquier empresa con compromisos de descarbonización en su portafolio.
Reposición Ferrobamba y Romina: el portafolio se amplía
Las Bambas ha sido uno de los proyectos más complejos operativamente de América Latina en la última década. MMG, el operador chino, ha enfrentado bloqueos del corredor minero del sur con una frecuencia que habría desanimado a cualquier junta directiva. Que Reposición Ferrobamba — la expansión del yacimiento dentro de Las Bambas — figure como motor de inversión en 2026 sugiere que MMG tomó la decisión de comprometer capital adicional en Apurímac a pesar de los riesgos conocidos.
La lógica es comprensible desde el ángulo financiero. El costo de abandonar una mina operativa con reservas probadas es más alto que el costo de gestionar la conflictividad social. Reposición Ferrobamba extiende la vida útil del yacimiento y justifica la inversión en infraestructura que ya está amortizada. Es una apuesta racional, aunque políticamente delicada.
Romina, el tercer proyecto identificado por el MEF, representa una incorporación más reciente al portafolio activo. Su avance en el segundo trimestre indica que la cartera de proyectos en desarrollo — estimada en más de u$s53,000M según datos del sector — no es solo un inventario de papel. Parte de esa cartera se está convirtiendo en cemento, maquinaria y empleo directo.
El ciclo político y la paradoja peruana
Perú ha tenido seis presidentes en seis años. Esa inestabilidad política crónica ha sido el argumento central de quienes advertían sobre el deterioro del clima de inversión. Los datos del segundo trimestre de 2026 complican esa narrativa — sin invalidarla del todo.
La paradoja peruana es que la inversión minera avanza a pesar del ruido político, no gracias a él. Las empresas que operan en el país han aprendido a gestionar la incertidumbre institucional como variable de costo, no como factor disruptivo absoluto. El precio del cobre por encima de cuatro dólares la libra y la demanda sostenida de China e India crean un incentivo económico lo suficientemente robusto como para absorber parte de ese riesgo político.
Pero hay un límite. Quellaveco, la operación de Anglo American en Moquegua que alcanzó producción plena en 2024, tardó más de veinte años desde su descubrimiento hasta su puesta en marcha. Conga, el proyecto de Newmont en Cajamarca, sigue paralizado indefinidamente. La inversión que el MEF contabiliza hoy es la que sobrevivió al filtro de la conflictividad y la burocracia — no la que se perdió en el camino.
El impacto macroeconómico: exportaciones, tipo de cambio y canon
Una expansión de 42,8% en inversión minera nominal no tarda mucho en traducirse en exportaciones. El ciclo es relativamente predecible: la inversión en desarrollo y construcción anticipa producción; la producción alimenta las exportaciones; las exportaciones generan divisas que estabilizan el tipo de cambio y fortalecen las reservas del Banco Central de Reserva del Perú.
Con el valor de la producción minera en torno a los u$s33,000M anuales, cualquier aceleración en los proyectos en desarrollo tiene efectos directos sobre la balanza comercial. Para las regiones productoras — Arequipa, Apurímac, Moquegua, Cajamarca — el canon minero es la línea de financiamiento más significativa de sus presupuestos de inversión pública. Un ciclo expansivo en la industria se traduce, con uno o dos años de rezago, en más recursos para infraestructura y servicios en municipios que de otra forma dependerían exclusivamente de transferencias del gobierno central.
El MEF, al publicar estos datos, envía una señal que va más allá del reporte trimestral. Con una economía que busca consolidar su recuperación post-conflicto social de 2022-2023 y con un entorno externo favorable para los metales de transición energética, el segundo trimestre de 2026 marca un punto de inflexión que los inversionistas institucionales ya están leyendo en clave de largo plazo.
Lo que sigue: el riesgo de la euforia prematura
El dato récord merece celebrarse — y también calibrarse. La inversión minera en Perú ha sido históricamente cíclica, atada a precios internacionales que ningún gobierno en Lima puede controlar. El cobre que hoy financia el optimismo del MEF es el mismo cobre que en 2015 cayó por debajo de los dos dólares la libra y paralizó una generación de proyectos.
El desafío inmediato para el sector es convertir este trimestre en tendencia sostenida. Eso requiere dos cosas que el mercado no puede garantizar solo: estabilidad en la relación entre empresas y comunidades, y continuidad regulatoria suficiente para que los proyectos en cartera — los u$s53,000M que todavía no producen — avancen hacia la construcción.
Freeport-McMoRan en Cerro Verde, Buenaventura en sus operaciones de plata y oro, y el propio Southern Copper con Tía María en marcha representan la primera línea de una industria que, por primera vez desde 2010, vuelve a crecer con convicción. Si el gobierno peruano lee esta señal como una invitación a fortalecer la institucionalidad minera — y no como una excusa para relajarla — el récord del segundo trimestre puede ser el inicio de un ciclo, no solo el fin de uno. (Minería en Línea)

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *