Es el único alumno de su año en una carrera clave para la minería: “Nunca pensé en cambiarme por estar solo”

Es el único alumno de su año en una carrera clave para la minería: “Nunca pensé en cambiarme por estar solo”

o.- (Constanza Macieri) Empezar una carrera universitaria significa mucho más que formarse para el futuro. Implica también conocer nuevas personas, formar grupos de estudio y adaptarse a un espacio donde se abren nuevas posibilidades tanto académicas como personales.
Sin embargo, el caso de Joaquín Muñoz, estudiante de 23 años, es un poco diferente. Actualmente, él está cursando el cuarto año de Ingeniería en Metalurgia Extractiva en la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) y, a diferencia de lo que pasa habitualmente en la universidad, en el aula están él y el profesor, nadie más.
En diálogo con TN, Joaquín contó su experiencia de estudiar una carrera con pocos ingresantes. Habló de la cercanía que construye con los profesores y del “aprendizaje completo” que dice haber adquirido por hacer trabajos grupales completamente por su cuenta.
Ingeniería en extracción de metales
La Ingeniería en Metalurgia Extractiva es una especialidad vinculada al procesamiento de minerales. Los profesionales de esta rama se encargan de diseñar y optimizar los procesos necesarios para obtener metales a partir del material extraído de las minas.
La primera vez que Joaquín escuchó hablar de la carrera estaba terminando la escuela técnica: “Estaba en el último año del secundario, me recibía como Técnico en Minas y estaba pensando en hacer la Ingeniería. Varios profesores de ese momento daban clases en la universidad y nos dijeron que la Ingeniería en Metalurgia Extractiva tenía muy buena salida laboral, mucho trabajo y poca oferta de ingenieros. Yo ni sabía que existía”.
Según datos de la UNSJ, un ingeniero junior de esta especialidad que se incorpora a proyectos mineros puede percibir un salario bruto aproximado de 3,5 millones de pesos mensuales.
Además de su vínculo con la minería, hubo otro aspecto que terminó inclinando la balanza: “Como me gustaba mucho la química y los procesos de minería, fue la que más me llamó la atención, entonces me anoté”.
Sin embargo, la decisión no estuvo libre de dudas e incertidumbre: “No estaba completamente seguro de esta especialidad, pero cuando empecé el primer cuatrimestre me terminó de gustar”, expresó Joaquín.
Un graduado después de años
En su primer año, a diferencia de otras universidades o carreras que tienen decenas o centenas de cursantes, él podía contar los ingresantes con los dedos de una mano: “Cuando empezamos el primer cuatrimestre éramos cuatro, para ese momento éramos un montón”, explicó.
La situación no era una excepción. Históricamente, la carrera se caracterizó por tener pocos estudiantes, incluso aunque comparta materias básicas como matemática, química o física con otras ingenierías: “La carrera siempre estuvo marcada por tener pocos alumnos. También hubo años donde no había alumnos. El año pasado se recibió uno después de años sin graduados”.
Con el paso del tiempo, el grupo fue reduciéndose. Algunos estudiantes se cambiaron de carrera, se atrasaron o, simplemente, descubrieron que no era lo suyo: “Es común que a veces en las ingenierías a algunos no les guste la carrera”.
En tercer año eran dos alumnos y cuando llegó a cuarto, se quedó solo.
Lejos de verlo como un problema, encontró ventajas inesperadas: “Nunca pensé en cambiarme por estar solo, todo lo contrario, me empecé a sentir más contenido por los profesores y no me siento como uno más del montón”, aclaró Joaquín.
Un aprendizaje profundo y personalizado
Actualmente, Joaquín cursa nueve materias y en ocho está completamente solo. A pesar del panorama solitario, él no se ve intimidado por la situación: “Las clases son muy personalizadas, puedo pedir clases de consulta sin problema, se pueden hablar las fechas de examen por si se necesita hacer un cambio y uno se va haciendo amigo de los profesores, tiene charlas más profundas”.
La experiencia transformó la dinámica habitual entre alumno y docente. Las conversaciones ya no se limitan únicamente al contenido académico: van desde charlas sobre qué hicieron en las vacaciones hasta dudas con los trabajos prácticos.
“A veces que tomo mate con los profesores, un día que me ofrecieron si quería un café”, destacó Joaquín.
Entre los aspectos positivos de ser el único alumno, Joaquín afirmó que hay mayor confianza a la hora de preguntar sobre contenidos y un aprendizaje más profundo: “En los laboratorios, al estar solo, hago todo. Capaz en algunos trabajos en grupo se dividen las tareas, pero como yo hago todo, tengo el recorrido completo en la formación”.
Aunque los docentes sean cálidos y se dediquen especialmente a su educación, este tipo de clases también tiene desventajas: “No puedo formar grupos, no puedo preguntar a compañeros cómo les fue en un examen o cómo hicieron un trabajo y hago todo por mi cuenta”.
Antes, cuando Joaquín tenía compañeros, podía hacer trabajos grupales y tener reuniones de grupos de estudio para exámenes; hoy, esa dimensión más social de la vida universitaria prácticamente desapareció.
A pesar de los beneficios y comodidades de cursar solo, a Joaquín le gustaría tener algo de compañía: “Preferiría que hubiese un poco más de gente, capaz que sean 10 o 15, no 200″.
Qué lo espera como futuro ingeniero
A Joaquín le falta la tesis para recibirse y un año más de estudio. Si todo sale según lo previsto, espera graduarse en dos años: “Espero para algún momento de 2028 ya haberme recibido”.
En su desarrollo profesional, se ve trabajando en San Juan: “Hay varios proyectos mineros en el país, pero más que nada me gustaría trabajar acá. Hay buena salida laboral en la parte minera”, expresó Joaquín.
La oferta laboral no es una limitación ni una preocupación para él: “Hay mucho trabajo acá y pocos recibidos, tanto que en las últimas materias te empiezan a llamar. No es difícil encontrar trabajo y no hay mucha competencia”.
Mientras la mayoría de los estudiantes busca carreras conocidas y con cientos de compañeros, Joaquín se encontró con un camino mucho menos transitado.
Hoy se encuentra a un año de convertirse en uno de los pocos profesionales especializados en un área clave para el desarrollo minero del país. Y, aunque su recorrido universitario estuvo lejos de ser convencional, está cada vez más cerca de lograrlo.(TN)

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