INEGI reporta caída de 1.3% en la actividad industrial de México en 2025; la minería lidera el retroceso

INEGI reporta caída de 1.3% en la actividad industrial de México en 2025; la minería lidera el retroceso

o.- México. La industria mexicana cerró 2025 con una caída anual de 1.3% y con una señal incómoda: el sector acumuló dos años consecutivos de retroceso. El dato no solo habla de un tropiezo estadístico. También retrata un entorno donde la inversión se mueve con cautela y donde la relación comercial con Estados Unidos vuelve a marcar el pulso de fábricas, obras y cadenas de suministro.
El balance anual resultó negativo en los cuatro grandes bloques que conforman el Indicador Mensual de la Actividad Industrial. La minería encabezó las bajas con un desplome de 6.5%. La construcción retrocedió 1.0% y las manufacturas disminuyeron 0.5%. El segmento de electricidad, agua y gas bajó 0.3%. Esa fotografía deja claro que el ajuste no se concentró en una sola actividad.
Aun con ese deterioro anual, el cierre de 2025 mostró un matiz relevante. La industria registró un avance anual de 1.5% en diciembre con cifras ajustadas por estacionalidad. Ese impulso marcó el mejor registro desde enero de 2024, de acuerdo con los datos que retomaron analistas y medios. La lectura no borra el año, pero sí sugiere que el piso pudo acercarse al final del calendario.
El indicador que usa el Inegi funciona como un termómetro de corto plazo para la producción industrial. Suma minería, construcción, manufacturas y servicios de energía, agua y gas. Por eso, cuando el índice cae, el golpe suele sentirse en empleo, demanda de insumos, logística y recaudación, aunque el efecto varía por región y por cadena productiva.
Minería: el golpe más profundo y el debate que no se apaga
La mayor contracción anual provino de la minería. Ese dato merece una pausa, porque “minería” en la estadística oficial no significa solo metales. El rubro incluye extracción de petróleo y gas, minería de minerales metálicos y no metálicos, y servicios relacionados con la actividad. Esa composición ayuda a explicar por qué el desempeño minero suele moverse con fuerzas distintas a las de una mina de plata o una planta concentradora de cobre.
La caída de 6.5% abre dos lecturas simultáneas. En la económica, sugiere presión sobre la extracción y sobre la proveeduría que depende de ella. En la política, vuelve a poner el reflector sobre un sector que opera entre reglas más estrictas, litigios, permisos más lentos y una conversación pública cargada de tensiones. En México, la minería no solo produce metales. También sostiene empleos formales en regiones alejadas, paga compras locales y mantiene una red de contratistas que vive del mantenimiento, transporte y servicios.
En ese contexto, el mensaje del gobierno federal se vuelve parte del entorno de negocios. La presidenta Claudia Sheinbaum planteó que más de 200 concesiones mineras no utilizadas regresarían “voluntariamente” al Estado y subrayó que su administración busca mantener la producción actual de oro y plata. La señal apunta a continuidad en lo que ya produce, pero también a cautela frente a nuevas aperturas.
La discusión se cruza, además, con el interés de Norteamérica por asegurar minerales críticos. En días recientes, surgieron referencias a un plan de acción entre Estados Unidos y México para coordinar políticas y mecanismos comerciales sobre estos insumos. El gobierno mexicano indicó que aún no existía nada firmado, pero el tema ya entró en la agenda pública.
Aquí conviene poner los pies en la tierra. La transición energética y la electrificación empujan la demanda de minerales, pero la oportunidad no llega sola. México necesita certeza regulatoria, consulta social bien hecha y estándares ambientales verificables. También necesita que la conversación deje espacio para distinguir entre minería formal, con cumplimiento, y extracción ilegal, que sí destruye territorio y seguridad. Cuando el país reduce la minería formal, a veces abre un hueco que otros ocupan sin controles.
Manufacturas: autos en caída y tecnología al alza
En manufacturas, el dato anual de 2025 también dejó contrastes. La producción de automóviles y camiones cayó 9.1%, mientras la fabricación de computadoras y equipo periférico avanzó 7.2%. Esa divergencia sugiere que la industria no se movió como bloque. Cambió por líneas de negocio y por mercados finales.
La baja automotriz importa porque el sector arrastra una red enorme de autopartes, logística, acero, aluminio, plásticos y servicios. También funciona como termómetro de la relación con Estados Unidos, por su integración exportadora. Cuando el mercado se enfría o cuando suben los costos por incertidumbre comercial, el impacto se dispersa por corredores industriales como el Bajío, Puebla-Tlaxcala y el eje Nuevo León-Coahuila.
El avance en computadoras y periféricos, en cambio, dialoga con el fenómeno de relocalización de cadenas y con la expansión de manufactura más ligada a electrónica y centros de datos. El dato no basta para cantar victoria, pero sí muestra que algunos segmentos logran crecer aun con un entorno general adverso. También confirma que la discusión sobre infraestructura eléctrica, agua y permisos industriales ya no es un tema “de apoyo”, sino una condición central para competir.
Construcción y energía: señales débiles, pero con margen para mejorar
La construcción retrocedió 1.0% en 2025. Ese resultado suele reflejar una mezcla de obra pública, edificación privada y ritmo de inversión. La desaceleración duele porque la construcción genera empleo rápido y demanda materiales de la minería y la metalurgia, como cemento, cal, agregados, varilla y cobre. Cuando el sector se frena, la cadena de suministro completa siente la presión.
El segmento de electricidad, agua y gas disminuyó 0.3%. En un país que intenta atraer más plantas y más centros logísticos, cualquier señal de debilidad en energía prende alertas. La industria moderna no solo pide kilowatts. Pide continuidad, calidad de red y costos previsibles. Pide, además, una ruta clara para sumar renovables sin desordenar el sistema.
Al cierre de 2025, el Inegi registró variaciones mensuales positivas en algunos momentos y mejoras en construcción y manufacturas en meses específicos. Por ejemplo, el instituto reportó aumentos mensuales en noviembre de 2025 y avances anuales para construcción en ese mismo mes, aunque minería cayó en su comparación anual de noviembre. Esas oscilaciones ilustran un punto clave: el ciclo industrial ya venía con altibajos antes del balance anual.
Estados Unidos: aranceles, T-MEC y presión extra para la inversión
El Financiero atribuyó parte del mal desempeño a la incertidumbre económica y a una política proteccionista de Estados Unidos, con aranceles contra México y amenazas vinculadas a acciones contra el crimen organizado. Ese tipo de mensajes suele pegar primero en expectativas, luego en decisiones de inventario y, finalmente, en inversión.
El ruido comercial no se limita a declaraciones. En el arranque de 2026, también aparecieron señales de tensión alrededor del futuro del T-MEC y de la revisión del acuerdo. Cuando las empresas perciben riesgo de cambios abruptos, ajustan planes, posponen ampliaciones y elevan coberturas, aunque mantengan operaciones.
Instituciones como BBVA Research ya habían descrito cómo la política arancelaria y los vaivenes de Washington generan incertidumbre para México. Esa incertidumbre rara vez se queda en el escritorio. Se traduce en primas de riesgo, en tipos de cambio más nerviosos y en decisiones más lentas en compras de maquinaria.
2026: expectativas de recuperación moderada y un reto para la minería formal
Pese a la racha negativa, el consenso de algunos analistas apunta a una mejora ligera en 2026. Arturo Vieyra, economista en jefe de Grupo Coppel, anticipó continuidad en la reactivación, con apoyo de un presupuesto más holgado y del dinamismo del sector externo. Banamex, por su parte, proyectó un crecimiento industrial de 0.9% para 2026, con impulso por estabilización petrolera, mejoría reciente en electricidad y recuperación en construcción, además de exportaciones firmes hacia Estados Unidos.
El matiz importa: una recuperación “ligera” no resuelve los retos de fondo. La industria mexicana necesita señales claras sobre reglas comerciales, seguridad y permisos. También necesita fortalecer la proveeduría nacional. Ahí, la minería formal puede jugar un papel más constructivo del que suele reconocerse.
Una industria que busca producir más autos, más electrónicos o más infraestructura requiere metales y minerales con trazabilidad. Requiere cobre, zinc, plata y oro en cadenas limpias y auditables. Requiere, además, que las operaciones mineras convivan con el territorio y con el agua bajo estándares más exigentes. México tiene experiencia técnica y compañías con capacidad para hacerlo bien, pero el país necesita un marco que premie al que cumple y castigue al que evade.
Si 2025 dejó una lección, esa lección apunta a la fragilidad de la industria ante shocks externos y a la importancia de sostener bases productivas internas. En la minería, el reto consiste en sostener producción con legitimidad social. En manufacturas, el reto consiste en diversificar sin perder la integración exportadora. En energía, el reto consiste en asegurar suministro y competitividad. El dato de 1.3% a la baja no cierra la conversación; la abre. (Minería en Línea, México)

 

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