Verónica Cunto Stati: Una socióloga que ayudó a impulsar “iniciativas de inversión social innovadoras” en la industria minera
o.- Y “que respondieran a la experiencia previa de la comunidad y a su demanda de ser parte de los beneficios del negocio”, expresó la socióloga con más de 20 años de trayectoria en la industria minera.
El Pregón Minero conversó “largo y tendido” con Verónica Cunto Staiti, quien desarrolló su actividad en Josemaría (hoy Vicuña) y en Río Tinto y que vivió las dos experiencias como un “desafío” al acompañar a ambas mineras en sus iniciativas más importantes dentro de la minería argentina.
Es de destacar que incluso durante la pandemia Verónica lideró el proceso “de consulta pública en condiciones muy restrictivas” y ayudó a organizar “más de 80 reuniones informativas que, pese a las dificultades, nos permitieron construir una relación genuina y de confianza con las comunidades”.
En cuanto al gran aprendizaje que quedó grabado en su memoria es que “ningún desarrollo productivo de gran escala puede sostenerse si no incorpora la visión y las aspiraciones de quienes habitan el territorio”.
Es de destacar que la socióloga Cunto se propuso “dos objetivos” desde sus comienzos en la actividad minera: “enseñar a interpretar y respetar el territorio en todas las etapas del ciclo minero, e impulsar que lo social sea reconocido como parte esencial del negocio”.
Así como la motivación que guió su primeros pininos en la actividad minera y que fue y es “abrir caminos para que más mujeres pudieran ocupar espacios en la industria”.
En lo personal, consideró que la “motiva” “seguir colaborando en la creación de ambientes de trabajo respetuosos y equitativos, donde nadie tenga que elegir entre vida personal y carrera. Integrar diversidad y equidad no es solo un deseo, es una ventaja competitiva, para que las empresas sean más eficientes, legítimas y sostenibles en el tiempo”.
A continuación, los momentos más importantes de la entrevista
El Pregón Minero: En estos últimos años trabajaste en dos empresas mineras muy importante como Josemaría (hoy Vicuña) y en Río Tinto ¿Qué logros alcanzaste tanto para la empresa como personal?
Verónica Cunto Staiti: En Vicuña (en su momento Josemaría y Filo del Sol) tuve el desafío de acompañar al proyecto en su transición desde la prefactibilidad hacia la construcción. Iniciamos el primer diagnóstico socioeconómico en 2013 y en 2022 se otorgó la DIA para la construcción. Recorrí alternativas de acceso en Chile y Argentina para evaluar su viabilidad social y participé en las conversaciones iniciales que marcaron el salto hacia la factibilidad. Durante la pandemia lideré un proceso de consulta pública en condiciones muy restrictivas: más de 80 reuniones informativas que, pese a las dificultades, nos permitieron construir una relación genuina y de confianza con las comunidades. El crecimiento del proyecto fue notable, con un fuerte aumento de empleados y contratistas, y la apertura de oficinas en Iglesia y Guandacol para fortalecer el vínculo comunitario. También impulsamos iniciativas de inversión social innovadoras, que respondieran a la experiencia previa de la comunidad y a su demanda de ser parte de los beneficios del negocio.
Luego me integré a un proyecto de litio en la Puna, justo en el inicio de la construcción de la planta piloto, trabajé en la implementación de estándares internacionales, acuerdos con comunidades indígenas bajo el principio de consentimiento previo, libre e informado, y en posicionar el área social como eje transversal del negocio.
EPM: Según tu experiencia y conocimientos ¿cuál fue -en esos momentos- tu mayor logro?
VCS: El mayor logro fue diseñar un plan de acción que permitió alinear el proyecto y alcanzar financiamiento internacional para ampliar la planta piloto. Tras dos años y medio de trabajo intenso, logramos cumplir gran parte de esos objetivos antes de mi regreso a Mendoza.
EPM: Estas empresas están ubicadas en provincias distintas (San Juan /Salta) ¿qué diferencias hay entre sus comunidades?
VCS: Más que comparar provincias, me gusta destacar las particularidades de cada comunidad en el área de influencia directa. En San Juan, los pobladores más cercanos a Vicuña viven a más de 200 km del proyecto, pero mantienen contacto cotidiano con la dinámica de la logística, el abastecimiento y otros aspectos vinculados a la actividad minera. Las comunidades están alejadas de los proyectos, con mayor densidad poblacional, infraestructura y presencia estatal.
En la Puna, en cambio, las comunidades viven a apenas 20 km de la planta de cloruro de litio. Sus actividades tradicionales, como el pastoreo, conviven directamente con la minería. Son comunidades indígenas reconocidas y organizadas, con dinámicas propias que enriquecen el proceso de relacionamiento. Cada territorio tiene características sociales y culturales únicas, lo que hace que trabajar con ellos sea un desafío fascinante y diverso.
EPM: ¿Cuál fue el aprendizaje más importante que te dejó el trabajo con las comunidades?
VCS: Los aprendizajes han sido incontables. El gran aprendizaje es que ningún desarrollo productivo de gran escala puede sostenerse si no incorpora la visión y las aspiraciones de quienes habitan el territorio. Mi rol ha sido el de intérprete entre empresa y territorio, facilitando un diálogo genuino y constructivo que permita integrar lo social como parte esencial del negocio.
Cada proyecto me deja un crecimiento personal: nuevos conocimientos, paisajes y miradas más amplias y flexibles.
EPM: ¿Hoy en día, considerás que han cambiado las expectativas de las comunidades?
VCS: Más que un cambio de expectativas, las comunidades hoy tienen una visión más clara de cómo quieren participar en los beneficios, lo que obliga a la industria a dejar atrás modelos asistencialistas y construir alianzas sostenibles. Esto desafía a la industria a pensar desde el inicio en riesgos e impactos, dejando atrás modelos que limitaron valiosas oportunidades y dañaron la confianza.
Un cambio muy significativo para la industria ha sido el rol de la mujer: su creciente participación en la minería y en las comunidades ha transformado la mirada de la minería y enriquecido los procesos de relacionamiento.
EPM: ¿Cuáles son los principales desafíos para construir confianza entre las empresas mineras y las comunidades?
VCS: No existen recetas únicas, pero sí principios clave para construir confianza. Menciono algunos elementos que permiten anticipar desafíos, evitar conflictos, consolidar credibilidad en el largo plazo e identificar oportunidades.
• Conocer y vincularse con el territorio desde etapas tempranas, entendiendo sus características sociales y culturales.
• Evaluar riesgos e impactos en cada etapa y comunicarlos con transparencia y coherencia.
• Codiseñar con las comunidades y actores locales cómo será el avance del proyecto y la gestión de impactos.
• Contar con expertos sociales desde el inicio y asegurar coherencia entre lo que la empresa practica internamente, la etapa actual del proyecto y lo que transmite hacia afuera.
• Sensibilizar y, cuando sea oportuno, involucrar en el proceso de vinculación temprana a áreas claves de la empresa porque, al igual que la seguridad de las personas y el cuidado del ambiente, la confianza no se limita a las áreas de relacionamiento comunitario sino que se construye en cada interacción que los diversos referentes de la compañía mantienen con los miembros de la comunidad.
EPM: Cuando una empresa inicia el diálogo con una comunidad, ¿qué hay que evitar?
VCS: Sugiero evitar las conversaciones unilaterales: siempre es necesario abrir espacios de escucha para considerar e incorporar el punto de vista de la comunidad. Es fundamental evitar promesas que no se cumplirán; incluso cuando la empresa proyecte vender el activo, debe dejar un legado positivo para la minería y para el territorio.
No hay que subestimar la capacidad de las comunidades y los grupos de interés. Hoy están informados, organizados, más preparados y esperan un diálogo genuino.
El diálogo debe ser directo, con referentes claros basado en información precisa y validada por las comunidades.
EPM: Hoy las redes sociales y la IA son las herramientas que se usan y que son la manera de recibir información. ¿Ayuda esto en la relación de la empresa con el sector minero?
VCS: Las redes sociales y la IA son herramientas poderosas y a la vez desafiantes. Facilitan el acceso rápido a información y pueden fortalecer la participación si la comunicación es clara y transparente. Al mismo tiempo, sin una estrategia sólida, pueden amplificar rumores, percepciones erróneas o inmadurez . La IA ofrece oportunidades para gestionar mejor la información y anticipar inquietudes, siempre que se use con responsabilidad y ética. En definitiva, son útiles como complemento del diálogo directo y presencial, nunca como sustituto.
EPM: Desde tu experiencia, ¿cómo ves al sector minero?
VCS: El sector minero está viviendo una etapa de transformación muy interesante. Hoy, la industria entiende que su sostenibilidad depende de integrar lo social y lo ambiental en cada decisión. Ya no alcanza con producir minerales: la minería tiene que generar valor compartido, construir confianza y ser parte activa del desarrollo de los territorios.
En este camino, los gobiernos tienen un rol fundamental. No solo deben regular y acompañar, sino también preparar a la población y formarla para que pueda aprovechar las oportunidades. Lo mismo pasa con los proveedores: deben alinearse con las buenas prácticas y estándares internacionales.
Argentina, además, está atrayendo inversiones. El desafío es aprovecharlo de manera responsable, con políticas claras y con una articulación efectiva entre empresas, comunidades, gobiernos y sociedad civil.
Hoy, la tarea es más integral y requiere esfuerzos coordinados de todos los sectores. Esa mirada amplia es la que puede permitir que la minería siga creciendo y sea aceptada por las comunidades y la sociedad en general, consolidándose como un verdadero motor de desarrollo.
La gran oportunidad es incluir esta perspectiva desde los estadíos tempranos de diseño de la futura operación. Por eso, la importancia de sensibilizar e involucrar a todas las áreas en la construcción de confianza de manera temprana y proactiva.
EPM: Sos mendocina y hoy Mendoza se abrió al sector minero. ¿Cómo ves esa apertura?
VCS: Más que una apertura, lo que ocurrió en Mendoza fue una ampliación del marco normativo que habilita distintos procesos mineros productivos. Es un paso relevante porque abre nuevas posibilidades para la matriz productiva de la provincia, pero exige coherencia en cómo se comunica y gestiona. Informar adecuadamente las etapas de la minería y manejar las expectativas sobre el ciclo minero es clave. Un proyecto requiere años de inversión y exploración antes de llegar a la factibilidad. Recién en la construcción se materializan de manera más contundente los beneficios en empleo, cadena de valor, infraestructura, etc.
Mendoza enfrenta un camino desafiante, pero también una oportunidad única: aprovechar su capital humano, infraestructura y entramado social, aprendiendo de la experiencia de otras provincias y alineándose con estándares internacionales. El desafío es que todos los actores —empresas, comunidades y Estado— construyan juntos una minería que sea sostenible, legítima y parte del desarrollo provincial.
La presencia de la mujer en la actividad minera
EPM: Si miramos para atrás, desde que comenzaste en el sector minero hasta hoy, ¿cómo percibís el lugar que ocupa la mujer en la minería? Normalmente se habla de la mujer en el sector minero en los trabajos administrativos, hoteleres, trabajando en las cocinas, limpiando, etc.) pero no en las minas. ¿Hay cambios? ¿Qué haría falta -según tu experiencia- para decir ¡”guau” que cambio!
VCS: Cuando ingresé al sector en 2003, las mujeres representábamos apenas un 3% y en su mayoría ocupábamos roles administrativos o de servicios, aunque ya se destacaban geólogas e ingenieras y aparecían las primeras operadoras de camiones en la provincia. Desde entonces la presencia femenina ha crecido en número y diversidad de funciones, rompiendo estereotipos y ocupando espacios en todas las áreas.
Sin embargo, la brecha sigue siendo grande: el verdadero cambio llegará cuando logremos trayectorias sostenibles en disciplinas STEM y presencia en espacios de liderazgo, más allá de porcentajes.
El impacto de las mujeres también se refleja en los territorios, donde lideran procesos de transformación y desarrollo. En el proyecto de litio en la Puna, por ejemplo, las tres comunidades indígenas tenían caciques mujeres, demostrando que el cambio ocurre tanto dentro de la mina como en la organización comunitaria.
El emprendedurismo local, la diversificación económica y la creación de oportunidades sostenibles están siendo impulsados en gran medida por mujeres que eligen trabajar fuera de los emprendimientos mineros, fortaleciendo actividades que perduran más allá de la vida útil de una mina. Ese es el verdadero motor de cambio: asegurar que el desarrollo tenga raíces profundas y sostenibles, con las mujeres como protagonistas.
EPM: Según lo que soñaste en tus comienzos, ¿qué te falta conseguir como profesional?
VCS: Desde mis inicios en minería me propuse dos objetivos: enseñar a interpretar y respetar el territorio en todas las etapas del ciclo minero, e impulsar que lo social sea reconocido como parte esencial del negocio. También me motivaba abrir caminos para que más mujeres pudieran ocupar espacios en la industria.
La minería en Argentina ha avanzado, pero la sostenibilidad social aún no se integra plenamente en la toma de decisiones estratégicas. El desarrollo comunitario debe ser asumido por toda la empresa y estar en el ADN de sus líderes. Mi compromiso sigue siendo aportar a que esa visión social se convierta en un factor de competitividad y legitimidad.
En cuanto a las mujeres, aunque se han logrado avances en participación, persisten mecanismos que dificultan nuestra permanencia y crecimiento. El desafío es que podamos construir trayectorias sólidas, influir en políticas y ocupar espacios de decisión para que la minería sea realmente inclusiva.
En lo personal, me motiva seguir colaborando en la creación de ambientes de trabajo respetuosos y equitativos, donde nadie tenga que elegir entre vida personal y carrera. Integrar diversidad y equidad no es solo un deseo, es una ventaja competitiva, para que las empresas sean más eficientes, legítimas y sostenibles en el tiempo.
El vínculo con la actividad minera
EPM: Después de 20 años acompañando procesos sociales vinculados a la minería, ¿qué te sigue sorprendiendo del vínculo entre las personas, el territorio y la actividad minera?
VCS: Lo que me sigue sorprendiendo es la capacidad de las comunidades para reinventarse frente a la minería. Cada territorio tiene su propia dinámica, pero en todos he visto cómo las personas resignifican la actividad y la convierten en una oportunidad para proyectar su futuro. Me impacta la fuerza de las mujeres en ese proceso, liderando emprendimientos, defendiendo su cultura y generando nuevas formas de desarrollo.
También me sorprende la resiliencia y la voluntad de diálogo: aun en contextos de tensión, las comunidades buscan construir alianzas y sostener conversaciones genuinas. Esa interacción viva entre minería, territorio y sociedad es lo que mantiene mi vocación intacta: porque siempre hay algo nuevo que aprender y porque el verdadero motor del desarrollo está en la gente que habita esos paisajes. (El Pregón Minero)
