Todo sigue igual: el petróleo aún es una potente herramienta geopolítica

Todo sigue igual: el petróleo aún es una potente herramienta geopolítica

o.- (Rebecca F. Elliott) Desde la captura de Nicolás Maduro en Venezuela hasta la guerra en Medio Oriente, 2026 ha servido como un poderoso recordatorio de la duradera influencia del petróleo en la geopolítica y la economía globales.
El petróleo ha sido tanto un premio, como en Venezuela, como una potente herramienta de coerción política, como se ve en el bloqueo estadounidense que priva a Cuba de energía. Y ahora, con el petróleo cotizando por encima de los 100 dólares por barril por primera vez en casi cuatro años, los riesgos económicos de pasar incluso un corto período sin acceso pleno a la energía del Golfo Pérsico se hacen cada día más evidentes.
Con el petróleo como tema central, uno casi se siente como si volviera a una época anterior, antes de que los países comenzaran a adoptar las energías renovables y antes de que Estados Unidos se convirtiera en el mayor productor de petróleo y gas natural del mundo.
Hay pocas señales de que la guerra con Irán cause el mismo sufrimiento económico que se experimentó hace aproximadamente medio siglo, cuando el petróleo cubría casi la mitad de las necesidades energéticas mundiales y un embargo impuesto por miembros de un cartel petrolero cuadriplicó los precios en cuestión de meses, llevando a la economía estadounidense a un período de alta inflación y estancamiento del crecimiento económico. Pero es evidente que prescindir de la cantidad de petróleo y gas natural a la que el mundo está acostumbrado, incluso brevemente, presionará las economías de todo el mundo.
“El viejo juego ha vuelto más de lo que la gente pensaba”, dijo Elliott Abrams, quien se desempeñó como representante especial para Irán y Venezuela durante la primera administración de Trump.
El mundo sigue dependiendo de suministros confiables de petróleo y gas, aun cuando dos tercios del gasto global en el sector energético ahora se destinan a alternativas más limpias.
Si bien el petróleo ahora cubre una proporción menor de las necesidades energéticas mundiales que antes (menos del 30%, según la Agencia Internacional de Energía), el mundo utiliza casi el doble de combustible que a principios de los años 1970.
“El mundo pospetróleo aún está lejos”, afirmó David Sandalow, miembro del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia. “Nos encontramos en las etapas iniciales e intermedias de una transición energética, pero las transiciones energéticas llevan tiempo”.
El creciente conflicto en Medio Oriente prácticamente ha bloqueado el estrecho de Ormuz, una angosta vía fluvial que sirve de acceso al mercado para una quinta parte del petróleo mundial y cantidades sustanciales de gas natural. Varias refinerías de la región han cerrado o interrumpido su procesamiento, algunas tras sufrir daños, según la firma de investigación Kpler. Esto significa que están convirtiendo menos petróleo en combustibles como nafta, diésel y combustible para aviones.
Esa perturbación, y la preocupación de que pudiera prolongarse, hizo subir los precios internacionales del petróleo alrededor de un 50% desde finales de febrero. Los precios de los combustibles siguieron su ejemplo rápidamente, con aumentos especialmente significativos en el precio del diésel y el combustible para aviones.
Los precios de la nafta y el diésel han estado subiendo en un momento en que muchos estadounidenses ya están preocupados por la economía y la inflación.
No es coincidencia que el petróleo haya resurgido como herramienta geopolítica y amenaza económica durante un período en el que Estados Unidos está deshaciendo relaciones comerciales y chocando con otras grandes potencias, dijo Meghan O’Sullivan, asesora adjunta de seguridad nacional para Irak y Afganistán durante la presidencia de George W. Bush.
“El arma energética nunca desapareció, pero existe una confluencia de condiciones globales –y luego decisiones individuales de la administración Trump y otros– que realmente la han vuelto a poner en primer plano”, afirmó O’Sullivan, actualmente profesora de la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard. “La energía puede ser una herramienta de política exterior, pero también puede ser un objetivo”, afirmó.
Basta con mirar la búsqueda de petróleo de Trump en Venezuela. Y en las últimas semanas, Estados Unidos ha bloqueado el acceso de Cuba al petróleo en un intento por derrocar al gobierno comunista del país. Privada de energía, la nación isleña, que depende excepcionalmente del combustible importado, enfrenta una crisis humanitaria y cortes de electricidad generalizados.
En Medio Oriente, Irán se ha apoyado en una de sus ventajas estratégicas: su capacidad de interrumpir el flujo de petróleo y gas natural a través del Golfo Pérsico y dañar las economías de todo el mundo.
La respuesta de los países a la guerra a largo plazo dependerá en parte de la gravedad de las consecuencias económicas derivadas del aumento de los precios de la energía. Es probable que las reacciones varíen según la región, lo que impulsará a los países de Asia y Europa que no producen mucho petróleo o gas natural a adoptar las energías renovables con mayor rapidez. Estados Unidos, con abundante petróleo y gas natural, podría seguir recurriendo a estas ventajas, al menos bajo el mandato de Trump, a pesar de que la quema de estos combustibles acelera el cambio climático. (La Nación, Buenos Aires, 10/03/2026)

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