Se complica la chequera de los EE.UU. (II)

Se complica la chequera de los EE.UU. (II)
o.- (Carlos Pagni) Los corolarios de la elección impactan en la escena global; celebran los mercados, pero genera obstáculos para un nuevo salvataje financiero; las lecciones para Milei y el kirchnerismo.
El mundo se sacude por el giro que produjeron las elecciones legislativas de anteayer en la política de los Estados Unidos. Sobre todo, por la magnitud de una derrota que obligó a Donald Trump a cambiar de argumento frente al fracaso. De vaticinar que se trataría de un hecho rutinario porque “es habitual que los gobiernos pierdan los comicios de mitad de mandato” pasó a alegar que “yo no estaba en la boleta”. Los corolarios preliminares que se pueden inferir de los resultados pertenecen a dos categorías.
Por un lado, cabe registrar el impacto que, por la gravitación internacional de los Estados Unidos, la victoria opositora tiene sobre la escena global. Por otro, como ha sucedido siempre, la democracia norteamericana puede ser observada como un laboratorio en el que se procesan comportamientos y tendencias que, por la vía de hipótesis, podrían cobijar una lección para otras sociedades.
Los demócratas realizaron una hazaña: pasaron a controlar las dos cámaras del Congreso y conquistaron colinas que les eran muy esquivas desde hacía décadas, como Texas y Kansas. El control sobre el Poder Legislativo, en especial sobre el Senado, dejará a Trump semibloqueado, una situación que impacta sobre la política exterior y, en primer lugar, sobre la guerra contra Irán. El vicepresidente J. D. Vance publicó un largo tuit en el que reflexionó sobre las razones de la derrota y ubicó a esa decisión militar en primerísimo lugar. “Perdimos por la guerra en Irán”, escribió. Enseguida acotó, cauteloso: “Ya lo había admitido el presidente”.
Esta interpretación de Vance es una manifestación temprana de un juego que se inauguró la noche del martes: se disparó la disputa sucesoria en el campo republicano. Allí compite Vance, sobre todo con el jefe de la diplomacia, el intervencionista Marco Rubio.
En este contexto, la decisión del electorado fue una pésima noticia para Benjamin Netanyahu, que ganó las elecciones del último 27 de octubre pero perdió la mayoría que controlaba en el Parlamento. La derrota de su principal aliado, Trump, sorprende a Netanyahu en plena negociación para retener el poder. De las 120 bancas del Parlamento él domina 53. Su principal contrincante, el general Gadi Eisenkot, obtuvo 48 escaños. Los árbitros son los 19 legisladores de los partidos árabes israelíes. En este ajedrez también se juega el destino de una de las dos guerras que pesan hoy en el mundo.
Para la otra, la de Rusia y Ucrania, los resultados norteamericanos llevan un mensaje alentador para Volodimir Zelensky. Debilitado Trump, Vladimir Putin también se debilita. Celebra Europa.
También celebran los mercados. La guerra contra Irán, con su gigantesco impacto sobre los precios de la energía, se está volviendo insoportable. Barack Obama, que tuvo un protagonismo relevante en el tramo final de la campaña demócrata, cuestionó una y otra vez el costo económico de esa empresa militar.
Pero fue un líder financiero como Jamie Dimon, chairman de JP Morgan, quien hace 10 días levantó la voz para que se ponga fin a un enfrentamiento que introdujo montos inusuales de incertidumbre en el precio de todos los activos. Los mercados asumieron la posición de Dimon: ayer subieron las bolsas, se desplomó 9% el precio del petróleo Brent y se recuperaron monedas y acciones de los países emergentes. Va a ser interesante observar cómo Trump intenta salir del enredo sin que lo acusen de regresar de Medio Oriente con las manos vacías.
Estas novedades acaso sean un pasable consuelo para Javier Milei, que cursa horas de duelo desde el triunfo de Lula da Silva en Brasil. Por lo menos se puede festejar que no sigan subiendo los precios de los combustibles y que la tasa de interés no se vuelva asfixiante.
Más allá de esos “detalles”, la derrota de Trump tiene para el gobierno argentino un significado clarísimo: a partir de ahora va a ser muy difícil que Scott Bessent, el secretario del Tesoro, pueda desenfundar la billetera para proveer a Milei un nuevo salvataje, como ocurrió después del triunfo bonaerense del peronismo el año pasado.
El apoyo de Trump es una de las grandes columnas en que se ha sostenido el liderazgo de Milei. El kirchnerismo esconde una envidia secreta frente a la generosidad de ese padrinazgo. Sus propios “protectores”, Xi Jinping o Lula da Silva, no atinaron a poner una moneda cuando, en las postrimerías del gobierno de Alberto Fernández, Segio Massa mendigaba un respaldo financiero.
Ahora ese respaldo de la Casa Blanca para Milei será relativizado. La percepción de que el gobierno libertario, sobre todo su equipo económico, tiene un margen de error excepcional porque cuenta con un poderosísimo garante tenderá a desvanecerse. No es un buen estímulo para la inversión, que es la palanca en que debería basarse un repunte del nivel de actividad.
Trump no está en condiciones de realizar otro desembolso como el de u$s 20.000 M que concedió con el swap de septiembre del año pasado. En medio de la campaña debió renunciar a un compromiso mucho más vital: anunció que ya no girará u$s 4000 M anuales de ayuda militar a Israel.
El Gobierno afirma que la ayuda norteamericana sería innecesaria porque descarta una corrida contra el peso. Son las declaraciones obligatorias de cualquier funcionario responsable. Pero en la intimidad del gabinete la discusión es otra. Figuras del ala política, como Diego Santilli, se han preguntado si no convendrá mantener las primarias para conseguir un “efecto susto”.
Traducido: que, ante la perspectiva de un peronismo desafiante, el electorado salga a votar en masa por los candidatos oficialistas para evitar una regresión. Es una especulación que surgió de observar el comportamiento de los votantes antibolsonaristas, que asistieron a las urnas en la segunda vuelta brasileña y dieron la victoria a Lula da Silva. Esta estrategia, que todavía está en un borrador, es objetada por Luis “Toto” Caputo: un PJ envalentonado puede provocar una presión muy inconveniente sobre el dólar. Una presión para la que ya no se podría contar con Trump.
El vínculo financiero entre Washington y Buenos Aires puede quedar bajo la lupa después del resultado del martes pasado. El 18 de diciembre de 2025, las senadoras demócratas Elizabeth Warren y Jeanne Shaheen enviaron una carta a Rubio y a Bessent para pedir detalles sobre cómo se había utilizado el Fondo de Estabilización Cambiaria del Tesoro para solventar a la Argentina.
Con el triunfo demócrata, Warren tendrá más poder en las comisiones de asuntos económicos de las que forma parte. Entre los que miran con detenimiento aquella asistencia del Tesoro hay quienes se formulan un interrogante muy concreto: ¿hubo alguna filtración de información que permitiera realizar operaciones muy ventajosas con bonos argentinos que mejorarían muchísimo su precio una vez que Bessent anunciara el envío del salvavidas? La pregunta no es inocente. Apunta a un financista en particular: Robert Citrone, titular del fondo Discovery Capital Management, con posiciones abultadísimas en títulos de la deuda local. Semanas antes de que ocurrieran los hechos, en una interesante entrevista con Tony Pasquariello, del canal informativo de Goldman Sachs, Citrone se vanaglorió de tener una gran intimidad con el equipo de Caputo.
Cuando Bessent llegó a Buenos Aires el 14 de abril de 2025, para asistir en persona al levantamiento del cepo cambiario, Citrone también aterrizó en el Aeroparque, en un avión del empresario Leonardo Scatturice en el que viajaba el lobista Barry Bennett, íntimo en aquel entonces de Santiago Caputo, el “Mago del Kremlin”.
Citrone tiene una vieja a amistad con Bessent, nacida cuando ambos trabajaban para el demócrata George Soros. Los amigos del lobista Bennett atribuyen a él y a Citrone haber destrabado la ayuda del Tesoro. ¿Le pagaron a Bennett lo prometido por esos servicios providenciales? Demócratas como Abdul El-Sayed pusieron el grito en el cielo con aquella operación, exigiendo que los recursos de los Estados Unidos se destinen a mejorar la calidad de vida, sobre todo de la salud, de los ciudadanos de ese país. El-Sayed es una estrella de los comicios de anteayer: se consagró como el primer senador musulmán de los Estados Unidos. No debería sorprender que se abra una investigación que tenga a Bessent como blanco. Queremos preguntar, dirían los demócratas.
La victoria demócrata fue impactante por varias razones. Algunas son territoriales. En Texas, por ejemplo, James Talarico, un demócrata moderado, derrotó a un amigo de Trump como Ken Paxton. Es la primera vez que los republicanos pierden esa elección desde 1988. Texas es, después de California, el estado más poblado del país y, por lo tanto, aporta un número crucial de electores para la elección presidencial. El Partido Demócrata se quedó también con la gobernación, para su candidata Gina Hinojosa.
Sería un error extrapolar peculiaridades de los comicios norteamericanos a la Argentina. O a cualquier otro país. Pero hay tendencias que pueden inspirar alguna reflexión. El martes quedó demostrado que los republicanos se inclinaron hacia el centro, abandonando posturas más extremas, ligadas al estridente liderazgo de Trump.
También es evidente que, al revés, los demócratas se radicalizaron. Es notorio el avance de la rama socialista de ese partido, de la cual el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, es una figura estelar. Aliados suyos como Claire Valdez, Darializa Ávila Chevalier y Brad Lander ingresaron al Congreso. Melat Kiros, Donnavan McKinney y Chris Rabb, que militan en el mismo sector, también ganaron. Hasta ahora los socialistas contaban con solo dos dirigentes en la Cámara de Representantes: Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib. Ambas fueron reelegidas.
Otra expresión de la izquierda demócrata, la que lidera Bernie Sanders, ganó varias bancas. Una es la de Michigan, con El-Sayed. Sanders realizó su propio festejo con los seguidores que ganaron sus distritos. Como si estuviera armando su “Cámpora”, una “orga” recortada dentro del partido. El inconfundible estilo de Máximo Kirchner.
La propensión de los demócratas de ir hacia el borde, arrastrando a los republicanos hacia el centro, impacta en el kirchnerismo. No es una novedad. Esa fuerza ya se mostró muy atenta al triunfo de Lula en Brasil. El resultado de estos dos torneos empieza a inspirar una inquietud en el entorno de Cristina Kirchner: ¿no será hora de defender nuestros colores? Dicho de otro modo: ya probamos con Daniel Scioli, Alberto Fernández y Sergio Massa. Siempre nos fue mal. ¿Por qué no llevar un candidato que exprese más nuestras ideas? ¿En esos interrogantes se esconde la semilla de un acuerdo con Axel Kicillof ? Demasiado temprano para saberlo.
Las interpretaciones de lo que sucedió en los Estados Unidos son variadas. El célebre estratega de Bill Clinton, James Carville, aportó la suya. En una entrevista con The Wall Street Journal, confesó estar un poco cansado de que se lo reduzca a su célebre consigna “es la economía, estúpido”. Para Carville, la raíz de la derrota republicana no hay que buscarla solo en el malestar material. “Es muy importante la corrupción”, dijo. Tomar nota. (La Nación, Buenos Aires, 05/11/2026)

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