Recursos naturales: entre la generación de divisas y el desarrollo

Recursos naturales: entre la generación de divisas y el desarrollo
o.- (Paridad en la Macro) Los recursos naturales pueden generar las divisas que Argentina necesita. Pero exportar más no garantiza mayor desarrollo: el desafío es convertir esa riqueza en capacidades productivas, tecnología y mayor valor agregado. ¿Es ese el camino que está tomando Argentina?
Argentina tiene una oportunidad con la que pocos países cuentan: dispone de una gran diversidad de recursos naturales capaces de atraer inversiones, generar exportaciones y aportar divisas durante varias décadas. Vaca Muerta, el litio, el cobre y otros minerales pueden convertirse en motores de crecimiento y desarrollo.
Por supuesto, existe otra posición posible, especialmente frente a los desafíos que plantea el cambio climático: cuestionar la explotación de los recursos naturales por sus impactos ambientales, sociales y territoriales y plantear que al menos algunos de ellos no deberían ser explotados.
Pero si se parte de la decisión de aprovechar estos recursos, como parece inevitable en un país con una fuerte restricción externa, necesidades de financiamiento para su desarrollo y compromisos de deuda que requieren divisas, la pregunta se convierte en qué hacer con los beneficios que genera esa explotación.
Modelos de desarrollo
La cuestión es, entonces, qué modelo de desarrollo construir a partir de esos recursos: si limitarse a convertirlos en divisas o convertir su explotación en una plataforma para desarrollar capacidades productivas, formar recursos humanos, generar proveedores nacionales, incorporar tecnología y conocimiento, agregar valor e incluso avanzar en la transición energética.
En este último caso, el recurso natural es un instrumento para transformar la estructura económica. La diferencia entre ambos caminos es lo que ocurre alrededor de la extracción y, sobre todo, qué queda en el país cuando el recurso sale del subsuelo.
Las políticas adoptadas y los proyectos legislativos impulsados por Javier Milei y su partido permiten comprender por cuál de estos modelos se está inclinando el gobierno actual.
El caso más evidente es el que ofrece beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios por 30 años para proyectos de gran escala. Según datos del Ministerio de Economía de la Nación, a junio de 2026 había 16 proyectos aprobados por u$s 29892 M y otros 25 en evaluación por u$s 111037M.
El caso más evidente es el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que ofrece beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios por 30 años para proyectos de gran escala. Según datos del Ministerio de Economía de la Nación, a junio de 2026 había 16 proyectos aprobados por u$s 29892 M y otros 25 en evaluación por u$s 111037M.
En conjunto, se trata de 41 iniciativas y más de u$s 140000 M de inversión potencial. Es innegable que el país necesita capital y necesita exportar, pero atraer inversiones no garantiza por sí mismo la generación de capacidades productivas y tecnológicas locales.
La llamada Ley Bases (Ley 27742, denominada Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos y sancionada en 2024) modificó el marco de la política hidrocarburífera a través de cambios tanto en la Ley 17319, que constituye el régimen general de hidrocarburos, como en la Ley 26741 de soberanía hidrocarburífera, sancionada en 2012 en el marco de la recuperación del control estatal sobre YPF.
Las nuevas condiciones
Históricamente, el objetivo principal de la Ley 17319 (sancionada en 1967) había sido garantizar el abastecimiento interno a partir de los recursos del país, manteniendo reservas suficientes para ese fin. La reforma incorporó un nuevo objetivo, junto con la satisfacción de las necesidades nacionales: maximizar la renta obtenida de la explotación de los recursos. Además, flexibilizó las condiciones de comercialización y exportación, estableciendo el principio de libre comercio internacional de hidrocarburos.
En paralelo, la modificación de la Ley 26741 implicó reemplazar el objetivo de obtener saldos exportables por una formulación más directa: promover la exportación de hidrocarburos para mejorar la balanza de pagos.
Si bien la norma mantiene entre los principios de la política sectorial el desarrollo tecnológico y la industrialización con alto valor agregado, el desafío es que la expansión de las exportaciones de hidrocarburos no se limite a generar divisas, sino que también contribuya a desarrollar capacidades industriales y productivas que permitan capturar una mayor proporción del valor generado por los recursos.
Los cambios introducidos en estas leyes no permiten pensar que esto sea una prioridad para el actual gobierno. La orientación general de la reforma es consistente con una mayor apertura de mercado, precios alineados con referencias internacionales y menores restricciones a la comercialización y exportación, colocando en el centro la valorización económica del recurso.
Por otra parte, el Gobierno impulsó proyectos de GNL destinados a colocar gas de Vaca Muerta en los mercados internacionales.
El objetivo de convertir al país en un gran exportador de energía puede generar un flujo significativo de divisas, pero vuelve a plantear la misma pregunta: ¿cómo se articula esa expansión exportadora con el desarrollo de capacidades productivas y tecnológicas nacionales?
Más que una política de promoción de inversiones, estas medidas conforman un cambio en la concepción de los recursos naturales.
El Gobierno de Javier Milei vuelve a considerar a los hidrocarburos fundamentalmente como commodities, es decir, como recursos cuyo principal valor está en ser extraídos, valorizados en el mercado internacional y convertidos en exportaciones.
Esta lógica guarda similitudes con la transformación del sector iniciada en la década de 1990, cuando la desregulación, la privatización y la apertura contribuyeron a desplazar a los hidrocarburos como instrumento de una estrategia de desarrollo y a privilegiar su valorización como bien exportable.
La experiencia de aquellos años debería servir, al menos, para recordar que aumentar la producción y las exportaciones no equivale necesariamente a desarrollar el país. La verdadera oportunidad de los recursos naturales está en que su explotación contribuya a transformar la estructura productiva de Argentina. (BAE Negocios, 08/09/2026-21:34hs)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *