Pese a que repuntó en febrero, la industria terminó el verano en caída

Pese a que repuntó en febrero, la industria terminó el verano en caída

o.- (Mariano Cuparo Ortiz) La industria tuvo su segundo peor diciembre en los últimos seis años. Tras un 2024 en el que sufrió una caída incluso peor a la del 2020 pandémico, la actividad fabril cedió 1,1% entre diciembre y febrero, mes en el que logró un rebote parcial del 0,5%. Hacia adelante, con un mercado interno tímido, preocupa la apertura importadora
La actividad industrial mostró cierto repunte en febrero, pero terminó el verano en caída y al sector fabril le preocupa, de cara a lo que viene, el impacto de la apertura importadora. En concreto, en febrero hubo un repunte del 0,5% en la comparación mensual libre de factores de estacionalidad, pero ese número no alcanzó a compensar la baja del 1,2% que se había registrado durante enero. Más aún si a eso se le suma la contracción del 0,4% de diciembre. El sector fabril fue junto con la construcción el que más sufrió durante el 2024 y, con un consumo masivo que encuentra dificultades para recuperarse en forma significativa, preocupa que los productos importados se queden con una parte de ese mercado interno disminuido.
El Indec publicó el informe del Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) correspondiente a febrero. Aunque en febrero la mejora fue del 0,5% mensual y del 5,6% interanual, gracias a la bajísima base de comparación que dejó el inicio del 2024, tras la megadevaluación de diciembre del 2023, el resultado final del total del verano dejó, tras la mejora del 0,5% y las bajas previas del 1,2% en enero y del 0,4% en diciembre, una caída del 1,1% respecto a los niveles que la producción industrial había mostrado en noviembre.
Para lo que viene, desde la consultora ACM remarcaron: “De cara a los próximos meses, será clave observar si la industria logra sostener su recuperación en un contexto de reacomodamiento macroeconómico. El desempeño de sectores con mayor incidencia, junto con la evolución del consumo interno y la estabilidad en costos y el repunte del crédito, determinarán el ritmo de la actividad manufacturera en el primer trimestre del año”.
En ese sentido, el atraso cambiario fue una clave para que la caída de la actividad en general, y de la industria en particular, no fuera más grave de lo que fue en lo que va del actual Gobierno. Tras la megadevaluación de diciembre del 2023, que implicó una suba del 118% en el precio del dólar, el BCRA estableció un ritmo de suba de la divisa del 2% mensual primero y del 1% mensual después. En todos los casos, bien por debajo de un IPC que arrancó en el 25,5% y cerró siempre por arriba del 2% en los últimos meses. Lo que primero fue un impacto negativo para el consumo, que es el que más tracciona a la producción, después fue un alivio. Aún así, aunque logró evitar una contracción incluso peor, el sector terminó el 2024 con una caída histórica del 9,4%, superando en magnitud incluso al derrumbe del 2020 pandémico.
Es decir que en adelante el desempeño fabril dependerá de lo que ocurra con el ancla cambiaria y, por ende, con la inflación y los salarios. Pero al sector industrial le preocupa también, en ese marco de atraso cambiario, la apertura importadora. La decisión del presidente de Donald Trump de dar una tregua en la suba de aranceles a los países que no se sumaron a la guerra comercial resultará en un alivio, pero en la previa la UIA lanzó un comunicado en el que señaló: “En este contexto global, la reducción que hizo el gobierno argentino para la importación de productos como textiles, calzado e indumentaria sin desarrollar previamente una agenda integral de competitividad (financiamiento, baja de impuestos, infraestructura y energía) podría tener un impacto negativo mucho mayor del esperado originalmente”.
Y agregó: “Las autoridades destacaron que el contexto mundial demanda una inserción internacional inteligente que promueva las exportaciones con valor agregado y preserve el mercado interno frente a potenciales desvíos de comercio y prácticas de dumping”.
Se trata en cualquier caso de un capítulo más de una serie de reclamos que el sector empresario viene haciendo a partir de las medidas de apertura que viene encarando el Gobierno, a priori a contramano de la dirección en la que parece empezar a moverse el mundo (EE.UU., por caso, mantuvo en 10% los aranceles para todos los países, lo que en el caso de Argentina implicó una suba desde el 2,5% promedio que había en la previa).
Hace un mes la UIA había señalado: “Ante la baja de aranceles a la importación de productos textiles, de indumentaria y calzado, la UIA indicó que es preocupante que la agenda de integración comercial no esté acompañada de una agenda de competitividad dentro del país. con los actuales niveles de presión fiscal, informalidad, falta de acceso al crédito y demás desequilibrios, la competencia frente a las importaciones de bienes finales, en especial de algunos países, se torna claramente desigual y desleal”. (BAE, Buenos Aires, 10/04/2025)

 

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