Nueva Zelanda impulsa proyectos de oro para reactivar su economía

Nueva Zelanda impulsa proyectos de oro para reactivar su economía

o.- (Oscar Céspedes) Nueva Zelanda está apostando por el desarrollo de nuevos proyectos auríferos como parte de su estrategia para dinamizar una economía afectada por la desaceleración del crecimiento y el aumento del desempleo. El repunte de los precios internacionales del oro ha renovado el interés por un sector que durante años tuvo una participación limitada dentro de la economía nacional.
De acuerdo con estimaciones recogidas por Reuters, la producción de oro del país podría duplicarse hacia mediados de la década de 2030, alcanzando su nivel más alto en al menos 30 años. Este crecimiento estaría impulsado por dos proyectos ya aprobados y un tercero que espera una decisión regulatoria definitiva.
El avance de estas iniciativas acercaría a Nueva Zelanda a la meta gubernamental de elevar las exportaciones anuales de minerales —incluyendo oro, plata y carbón— hasta los 3.000 millones de dólares neozelandeses para 2035.
El renovado interés de las compañías mineras coincide con una política gubernamental orientada a atraer inversión y generar empleo. Durante el último año, el país otorgó 163 nuevos permisos de prospección, exploración y explotación minera, cifra que representa un incremento de 16% respecto al periodo anterior.
El oro gana protagonismo en la economía neozelandesa
El ministro de Recursos de Nueva Zelanda, Shane Jones, afirmó que el gobierno está comprometido con el desarrollo del sector minero como una herramienta para impulsar el crecimiento económico.
“Nuestra economía necesita que cada oportunidad disponible contribuya a la recuperación y al fortalecimiento de la actividad productiva”, señaló.
Actualmente, el oro se ha convertido en uno de los sectores con mejor desempeño dentro de la economía del país. Los ingresos por exportaciones auríferas casi se han triplicado en los últimos tres años, alcanzando los 1.830 millones de dólares neozelandeses, equivalentes al 2,3% del total de exportaciones de bienes.
Con el objetivo de acelerar las inversiones, el gobierno aprobó a finales de 2024 una legislación que permite reducir los plazos de aprobación de proyectos considerados estratégicos, incluyendo iniciativas mineras, energéticas y de infraestructura. Bajo este mecanismo, algunos proyectos pueden obtener permisos en meses en lugar de años.
Gracias a este procedimiento, la minera canadiense OceanaGold ya obtuvo autorizaciones para avanzar con el proyecto Waihi North, mientras que Santana Minerals espera una decisión sobre su proyecto aurífero Bendigo-Ophir antes de finales de octubre.
Crecen las preocupaciones ambientales
Sin embargo, la expansión minera también enfrenta una creciente oposición de organizaciones ambientales, productores agrícolas y representantes del sector turístico, quienes advierten sobre posibles impactos en ecosistemas y recursos hídricos.
Las críticas se concentran especialmente en Central Otago, una reconocida región vitivinícola de la Isla Sur, donde se proyecta el desarrollo de la mina Bendigo-Ophir.
Los productores de vino temen que una eventual explotación a cielo abierto afecte la calidad del agua y genere emisiones de polvo que puedan impactar la producción vitivinícola de alta gama por la que la región es reconocida internacionalmente.
Entre los opositores se encuentra el actor y empresario vitivinícola Sam Neill, propietario de la bodega Two Paddocks, quien advirtió que la aprobación del proyecto podría abrir la puerta a nuevas explotaciones mineras en la zona.
Por su parte, organizaciones ciudadanas cuestionan el sistema de permisos acelerados, argumentando que limita los procesos de participación pública y reduce los plazos para evaluar adecuadamente los posibles impactos ambientales.
A pesar de la controversia, las empresas mineras sostienen que los nuevos proyectos pueden generar importantes beneficios económicos. Según estimaciones oficiales, iniciativas como Snowy River y Bendigo-Ophir podrían aportar cientos de millones de dólares al producto interno bruto del país y crear cientos de empleos directos en regiones alejadas de los principales centros urbanos.
La decisión sobre el futuro de estos proyectos será clave para determinar si Nueva Zelanda logra consolidar una nueva etapa de crecimiento para su industria aurífera o si las preocupaciones ambientales terminan frenando el impulso que vive actualmente el sector. (Rumbo minero)

 

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