Molibdeno peruano crece 5,4% en junio: Cerro Verde dispara producción con avance de 76,1%
o.- Perú. (Por Danitza Salas). El molibdeno peruano sigue creciendo en silencio mientras los reflectores apuntan al cobre y el oro. En junio de 2026, la producción nacional alcanzó las 3,029 toneladas métricas finas (TMF), un avance de 5,4% frente al mismo mes del año anterior —modesto en apariencia, pero significativo cuando se lee con el contexto correcto: viene de una base ya alta, refleja decisiones operativas concretas en las principales minas del país, y ocurre en un momento donde el molibdeno recupera protagonismo como metal crítico para la transición energética e industrial.
Cerro Verde cambia la conversación: +76,1% interanual
El movimiento que reordena el tablero es el de Cerro Verde. La operación de Freeport-McMoRan en Arequipa registró un incremento de 76,1% en su producción de molibdeno en junio versus el mismo mes de 2026, una expansión que no se explica por magia operativa sino por decisiones técnicas sobre leyes de mineral y configuración de la planta. El molibdeno no es el producto principal de Cerro Verde —eso es el cobre— pero su recuperación como subproducto responde directamente a la mineralogía de cada bloque que entra al circuito de flotación.
Este tipo de saltos interanuales en la producción de molibdeno son comunes cuando las minas de cobre porfírico trabajan zonas con mayor concentración de molibdenita. Lo relevante aquí es la escala: Cerro Verde ya venía de resultados financieros extraordinarios. En el segundo trimestre de 2026, la operación duplicó su utilidad neta a u$s501,5M, impulsada precisamente por precios sostenidos de cobre y molibdeno, lo que convierte al subproducto en un factor que amplifica márgenes sin elevar costos de forma proporcional.
Para los analistas que siguen a Freeport-McMoRan, el comportamiento de Cerro Verde en molibdeno refuerza la tesis de que la operación peruana es uno de los activos más eficientes del portafolio global de la empresa. No es un detalle menor cuando el mercado evalúa rentabilidad por libra de cobre equivalente.
Southern Copper mantiene el liderazgo: la consistencia también cuenta
Southern Perú —subsidiaria de Southern Copper, que a su vez pertenece a Grupo México— conserva el primer lugar en producción nacional de molibdeno. Sus operaciones en Cuajone y Toquepala, ambas en el sur del país, funcionan como un sistema maduro: tasas de recuperación estables, costos controlados y curvas de producción predecibles. No es el tipo de operación que genera titulares con saltos del 76%, pero es exactamente el perfil que los inversionistas institucionales prefieren cuando evalúan riesgo operativo.
La combinación de Southern Copper como productor estable y Cerro Verde como motor de crecimiento refleja una estructura de mercado saludable para Perú. No hay una dependencia extrema de un solo actor —aunque el cobre sí muestra esa concentración, como lo señalamos oportunamente al reportar que tres operaciones concentran el 48,4% de la producción nacional. En molibdeno, la distribución es más equilibrada.
El molibdeno de Southern Copper en Perú tiene además una dimensión estratégica que va más allá de las cifras mensuales: es parte de la cadena de valor que Grupo México gestiona de forma integrada entre sus operaciones en Perú, México y Arizona. La coordinación comercial entre esas jurisdicciones le da al grupo una posición negociadora difícil de replicar por operadores más pequeños.
El metal que el mercado aún no termina de valuar correctamente
El molibdeno cotiza en torno a los u$s20-24 por libra en el mercado spot, un rango que no refleja del todo la demanda estructural que viene construyéndose. El metal es indispensable para fabricar aceros de alta resistencia —los mismos que van en plantas de energía nuclear, turbinas de gas, tuberías de alta presión y estructuras para energías renovables. Con la electrificación global acelerando la construcción de infraestructura, la demanda de acero especializado no va a contraerse.
China consume alrededor del 45% del molibdeno global. Esa concentración de demanda crea volatilidad: cuando la economía china desacelera o el sector siderúrgico reduce pedidos, el precio cae con rapidez. El problema para los productores peruanos es que esa dependencia no tiene sustituto en el corto plazo. No hay otro actor de demanda que pueda absorber el volumen que China retira cuando se enfría.
Sin embargo, la estructura de oferta también es concentrada. Estados Unidos, China, Chile y Perú concentran la mayor parte de la producción mundial. Eso significa que variaciones en cualquiera de esas jurisdicciones —por conflictos sociales, condiciones climáticas o decisiones corporativas— tienen efecto inmediato sobre el precio. Perú, con sus 3,029 TMF en junio, no mueve el mercado global por sí solo, pero sus señales de crecimiento importan.
El subproducto que mejora los números sin pedir permiso
Para entender por qué el dato de junio importa más allá de la estadística sectorial, hay que pensar en la economía del subproducto. Las minas de cobre porfírico como Cerro Verde o Cuajone no invierten capital específicamente para producir molibdeno: el mineral llega como parte del proceso de concentración del cobre. El costo marginal de producirlo es bajo. Todo lo que reciben por él va directamente al margen operativo.
Cuando el molibdeno cotiza por encima de u$s20 por libra y los volúmenes suben, el efecto sobre el EBITDA de estas operaciones es desproporcionadamente positivo. No necesitas más trabajadores, más energía ni más agua —ya estás usando todos esos insumos para el cobre. El molibdeno es, en ese sentido, rentabilidad casi pura.
Eso explica por qué Cerro Verde puede reportar duplicación de utilidades en un trimestre donde el tonelaje de mineral procesado no creció al mismo ritmo: la combinación de precios sostenidos de cobre y molibdeno genera un efecto multiplicador que los modelos financieros simples no siempre capturan bien.
Lo que viene: ¿puede Perú sostener el crecimiento en la segunda mitad de 2026?
El 5,4% interanual de junio es un dato puntual. La pregunta relevante para los productores y para los compradores es si la tendencia se sostiene en el segundo semestre. Hay razones para el optimismo moderado y también señales de cautela.
A favor: los proyectos de infraestructura en Asia —particularmente en India, que está acelerando su gasto en energía y manufactura— están generando demanda adicional de aceros especiales que requieren molibdeno. Si ese vector se mantiene, la presión de precio tiene soporte fundamental más allá de China. Cerro Verde, por su parte, opera con una hoja de ruta técnica que sugiere continuidad en las leyes de mineral que impulsaron el salto de junio.
En contra: la inestabilidad política peruana sigue siendo un factor latente. No afecta directamente las operaciones en curso —las minas productoras tienen contratos de estabilidad jurídica— pero puede complicar la logística del corredor minero del sur, donde los conflictos sociales recurrentes han interrumpido el transporte de concentrados en más de una ocasión. Una semana de bloqueo en ese corredor no paraliza Cerro Verde, pero encarece el costo logístico y puede retrasar embarques hacia los puertos de Matarani e Ilo.
El molibdeno peruano cerró junio en su mejor posición en lo que va del año. Para que eso se traduzca en tendencia y no en dato aislado, Cerro Verde necesita mantener el acceso a las zonas de alta ley que impulsaron el salto. Southern Copper, sostener su ritmo sin sobresaltos operativos. Y el país, ofrecer la estabilidad mínima que permita que esos 3,029 TMF mensuales se conviertan en una curva ascendente. El metal lo tiene. La voluntad política es otra historia. (Minería en Línea)
Molibdeno peruano crece 5,4% en junio: Cerro Verde dispara producción con avance de 76,1%
