Los riesgos de que el boom energético se use solo para exportar. Por qué transformar Vaca Muerta en desarrollo
o.- (Mara Pedrazzoli) La explotación podría convertirse en el principal motor de divisas de la economía durante la próxima década. Cómo traducirlo en crecimiento de la industria nacional.
Vaca Muerta puede convertirse en el principal motor de divisas de la economía argentina durante la próxima década, pero ese potencial difícilmente se traduzca por sí solo en crecimiento sostenido.
Un informe industrial advierte que el país enfrenta desafíos estructurales que el Gobierno no está abordando: la insuficiencia de dólares para cubrir las salidas externas, la falta de una estrategia para promover inversiones productivas, el peso de los vencimientos de la deuda y el deterioro del empleo y los salarios. Sin políticas públicas que orienten ese proceso, el boom energético corre el riesgo de convertirse en un enclave exportador con escaso impacto sobre el desarrollo nacional.
El último reporte del Grupo Atenas ubica a Vaca Muerta en el centro de la nueva etapa económica argentina. Según los especialistas, el desarrollo del complejo energético “puede convertirse en el ancla de una nueva macroeconomía, con más dólares, estabilidad y acceso al financiamiento para crecer sostenidamente”. Sin embargo, advierten que esa oportunidad convive con cuatro desafíos estructurales que podrían impedir que el boom energético se traduzca en desarrollo de largo plazo.
Dentro de los desafíos, el primero es la restricción externa.
Aun con el fuerte aporte de Vaca Muerta, el flujo de divisas generado por el superávit comercial no alcanzaría para cubrir las necesidades estructurales de la economía. El documento proyecta un superávit promedio anual de u$s 35.000 M durante la próxima década, frente a egresos cercanos a los 55.000 M por servicios de deuda, formación de activos externos y déficit en la balanza de servicios, especialmente por turismo.
El segundo frente tiene que ver con las inversiones. Una mayor estabilidad macroeconómica constituye una condición necesaria, pero no suficiente, para atraer capitales productivos. También hacen falta consensos políticos, previsibilidad institucional y una estrategia que permita que la inversión extranjera directa (IED) alcance niveles similares al promedio regional -alrededor del 3% del PBI-, sostienen los analistas, pero, sobre todo, que genere encadenamientos productivos capaces de elevar la productividad sistémica de la economía, evitando un modelo meramente extractivo.
El tercer desafío es financiero. Si bien Argentina no presenta un nivel de endeudamiento extraordinario en relación con otras economías, el cronograma de vencimientos concentra una elevada proporción de pagos en los próximos años. Según el Grupo Atenas, el 71% de la deuda en moneda extranjera vence antes de 2032, una presión que condiciona tanto las cuentas públicas como la acumulación de reservas.
Por último, el informe identifica al empleo y los salarios como el cuarto frente de vulnerabilidad. El atraso cambiario y el retroceso de sectores transables tradicionales deterioran el empleo formal y presionan sobre los ingresos reales, afectando el consumo interno y la cohesión social. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 se perdieron más de 370.000 puestos de trabajo registrados, un dato que pone en evidencia las dificultades de los sectores exportadores para generar derrames sobre el conjunto de la economía.
Administrar el boom exportador
El fuerte crecimiento de las exportaciones de Vaca Muerta también plantea riesgos para el resto de la estructura productiva. El Grupo Atenas advierte que Argentina podría enfrentar un proceso conocido como “enfermedad holandesa”: el ingreso masivo de divisas tiende a apreciar el tipo de cambio, reduce la competitividad de la industria y de las economías regionales y concentra recursos en los sectores vinculados a la explotación de recursos naturales y los servicios.
Para los especialistas, no se trata de una consecuencia inevitable sino de un desafío de política económica. Sin instrumentos que promuevan la inversión, la innovación y la diversificación productiva, el auge energético puede profundizar la desindustrialización de la economía, con serias consecuencias en materia de ingresos y empleo.
Las proyecciones reflejan la magnitud del cambio. Hacia 2035, las exportaciones de energía alcanzarían unos u$s 47.800M, superando por primera vez a las del complejo agropecuario, estimadas en 43.000M. A ellas se sumarían 20.300M provenientes de la minería, consolidando un perfil exportador cada vez más concentrado en los recursos naturales.
La inversión que todavía no llega
Aun con el impulso exportador de Vaca Muerta, el superávit comercial no alcanzará para cubrir toda la demanda estructural de divisas. Según las estimaciones de Martín Pollera y Mariano Macchioli, durante la próxima década la economía requerirá unos u$s 55.000 M anuales para afrontar pagos de deuda, formación de activos externos y déficit en la balanza de servicios, mientras que el saldo comercial aportaría alrededor de 34.000M. En ese escenario, la IED y el refinanciamiento de la deuda aparecen como condiciones necesarias para sostener el equilibrio externo.
Sin embargo, el desempeño argentino continúa muy por debajo del promedio regional. El informe estima que el país podría captar inversiones equivalentes al 3 por ciento del PBI -unos u$s 25.000 M anuales-, pero entre 2014 y 2024 apenas recibió 1,8%. Incluso durante la gestión de Javier Milei, pese al discurso favorable al mercado, la IED acumulada en los primeros dos años y un trimestre de mandato asciende a u$s 11.200M, menos de la mitad de los 23.000 M registrados en igual período del segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Los especialistas advierten, además, que la IED no garantiza por sí misma el desarrollo. Para que esta fortalezca las capacidades productivas del país, debe articularse con políticas que impulsen proveedores locales, infraestructura y encadenamientos industriales, evitando que los proyectos funcionen como enclaves con escaso impacto sobre el resto de la economía.
El desafío de refinanciar la deuda
Respecto de la deuda externa, el informe sostiene que el principal problema no es su magnitud sino el calendario de vencimientos. Medido en relación con las exportaciones (65%), el endeudamiento argentino no resulta excepcional en comparación internacional: países como Colombia o Paraguay exhiben indicadores incluso más elevados sin enfrentar las mismas dificultades financieras.
La diferencia radica en la concentración de los pagos. Mientras economías como Colombia, Perú y Uruguay concentran la mayor parte de sus vencimientos después de 2033, en Argentina el 71% de la deuda vence antes de 2032. Por eso, concluyen los analistas, la prioridad no pasa tanto por reducir el stock como por recuperar el acceso al financiamiento para refinanciar esos compromisos y extender sus plazos.
En definitiva, el desafío ya no consiste únicamente en producir y exportar más energía, sino en transformar esa ventaja en una estrategia de desarrollo. Sin políticas que impulsen la inversión productiva, diversifiquen la estructura económica, fortalezcan el empleo y administren los nuevos flujos de divisas, el boom exportador podría aliviar la restricción externa sin modificar los problemas de fondo que históricamente condicionaron el crecimiento argentino. (Página 12; Buenos Aires, 20/07/2026- 00:01hs)
Los riesgos de que el boom energético se use solo para exportar. Por qué transformar Vaca Muerta en desarrollo
