Los combustibles aumentaron un 13% en menos de un mes
o.- (Sofía Diamante) Desde que comenzó el año, llenar el tanque se volvió 16% más caro; el litro de nafta súper de YPF en la ciudad cuesta $ 1813.
La guerra en Medio Oriente cumple casi veinte días y el estrecho de Ormuz –por donde circula el 20% del petróleo mundial– sigue prácticamente cerrado. El Brent rozó los u$s 110 y, aunque bajó, se mantiene por encima de los u$s 100. En la Argentina, los precios de la nafta y el gasoil ya acumulan un aumento del 13% en las últimas tres semanas.
El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, dijo que la lógica es trasladar únicamente el impacto real de los costos y evitar aprovechar subas transitorias del mercado internacional. “Cuando sube, sube; cuando baja, baja”, resumió.
En CABA, donde los precios son más bajos por la mayor competencia entre estaciones de servicio y una menor carga impositiva, el litro de nafta súper promedia los $ 1813 y el de gasoil, $ 1867. En lo que va del año, los combustibles acumulan una suba del 16%, mientras que el Brent avanzó un 71%. Solo en marzo el incremento fue del 13%, tras haber bajado en enero cuando cayó la cotización internacional.
Desde el 1º de marzo, cuando la escalada de tensiones en Medio Oriente aceleró el alza del crudo, las refinadoras venden nafta y gasoil por debajo de sus costos. Según fuentes del sector que hablaron en reser va, hoy compran el barril a no menos de u$s 94 y lo venden 25% menos.
Ese desfase tiene una explicación: la política de precios desde que el gobierno de Javier Milei liberó completamente el mercado de combustibles fija el valor local del barril por paridad de exportación: el Brent con un descuento del 8% por retenciones, menos los costos de flete. Un mecanismo que funciona bien en tiempos de estabilidad, pero que se convierte en un torniquete cuando el crudo sube a la velocidad de una crisis.
El mercado local está dominado por cuatro grandes empresas: YPF concentra el 55% del despacho, seguida por Shell (19%), Axion (14%) y Puma Energy (5%). Dado el peso decisivo de la petrolera de control estatal, el resto prefiere esperar a ver qué hace YPF antes de actualizar sus precios. Es el termómetro y el regulador informal del mercado.
Hay otra señal de alarma para los analistas: la brecha entre el canal mayorista y el minorista. Hasta hace pocas semanas, comprar combustible en el segmento mayorista era un 15% más barato que en las estaciones de servicio. Esa diferencia se redujo en un momento al 6% y ahora se amplió al 10% con los últimos aumentos de precios. Si el mayorista se encarece por encima del minorista, toda esa demanda podría volcarse hacia las estaciones de servicio, con un resultado conocido: desabastecimiento puntual.
El mercado minorista representa el 70% del consumo total, mientras que el mayorista absorbe el 30% restante, con picos de demanda en los meses de cosecha –que arrancan en abril–. “La duración del conflicto es la clave. Si dura poco, YPF puede sostener los precios sin subirlos mucho. Si se extiende, es muy difícil desde lo económico”, dijo en reserva un ejecutivo del sector.
La Argentina produce 882.000 b/d de petróleo, de los cuales destina 570.400 al mercado doméstico y exporta el resto. Esa posición exportadora convierte la crisis en una oportunidad de ingresos para el país, pero al mismo tiempo crea una tensión interna: cuanto más alto el precio internacional, más costoso resulta sostener un precio local subsidiado de facto.
Hasta la llegada del gobierno de Milei regía una restricción que obligaba a las productoras a abastecer el mercado interno antes de exportar. La actual administración dejó de aplicarla, aunque la ley aún la habilita en situaciones de emergencia. “Hoy el sistema tiene una falla que se puede corregir vía precio o vía falta de refinación”, señalaron fuentes del sector. En la práctica, las empresas priorizan el abastecimiento –a pérdida– de sus clientes con contrato, tanto para nafta como para gasoil, y limitan la oferta al resto del mercado. Eso podría derivar en desabastecimiento en algunas estaciones de servicio.
“No hay riesgo de abastecimiento si se deja que los precios hagan su trabajo. Si empezamos a manipular precios, ahí se puede complicar”, advirtió otro ejecutivo consultado. El diagnóstico es unánime en privado: la crisis internacional es más grave de lo que sugieren los precios locales, y el margen para contenerla se achica a medida que la guerra se prolonga sin señales de resolución.
En Estados Unidos –el mayor productor del planeta, con más de 13,5Mb/d– los combustibles subieron 25% desde que arrancó la guerra y preocupa el impacto inflacionario. (La Nación, Buenos Aires, 19/03/2026)
