Las dudas sobre la IA desatan una venta masiva de tecnológicas y sacuden las Bolsas
o.- España. (Gema Escribano) Los precios del petróleo retoman las subidas y el barril de ‘brent’ se sitúa en los u$s 85.
Mientras los mercados siguen calibrando las consecuencias de la crisis en Oriente Próximo, gana fuerza una preocupación que afecta directamente al principal motor de las Bolsas en los últimos años: si el entusiasmo por la inteligencia artificial ha llevado las valoraciones tecnológicas demasiado lejos. Durante meses, los sólidos resultados empresariales y el entusiasmo en torno a la inteligencia artificial permitieron a los inversores relegar a un segundo plano la incertidumbre geopolítica. Pero a medida que estas compañías iban revalorizándose, también aumentaba el peso de un reducido grupo de valores en los principales índices. En los periodos de euforia, esa concentración actúa como un potente motor para las Bolsas. Cuando aparecen las dudas, sin embargo, amplifica las correcciones y deja al descubierto las vulnerabilidades del mercado. Es precisamente ese cambio de ánimo el que empieza a reflejarse en las últimas jornadas.
El giro empieza a hacerse visible en Asia, una de las regiones que mejor encarnó el entusiasmo por la inteligencia artificial.
Siguiendo la estela bajista de Wall Street, el Nikkei japonés se deja un 4%. En Corea del Sur, donde el Kospi ha permanecido cerrado por festivo, la atención sigue puesta en las turbulencias registradas en las últimas semanas, que han puesto de manifiesto la fragilidad de un mercado altamente concentrado y cada vez más dependiente de la participación de los inversores minoristas. Tras dos años de ganancias extraordinarias impulsadas por la fiebre de la IA, el peso creciente de los fondos indexados y de los productos apalancados empieza a convertir algunas de las fortalezas que impulsaron el rally en una fuente de vulnerabilidad. Apenas una semana después de que el regulador se viera obligado a suspender temporalmente la negociación de determinados productos para contener las caídas, las autoridades surcoreanas estudian nuevas medidas para limitar los riesgos asociados a estos instrumentos.
Wall Street, que había logrado sortear con relativa holgura las tensiones geopolíticas, se muestra mucho más vulnerable ahora que las dudas se dirigen hacia el sector que ha liderado las ganancias de los últimos años. Después de meses de ascensos vertiginosos de las compañías de chips y semiconductores, crece la sensación de que las expectativas han corrido más deprisa que los fundamentales. La reacción negativa del mercado a los resultados récord de TSMC y a la mejora de sus previsiones ha reforzado esa lectura. La discusión empieza a desplazarse así desde el potencial de la inteligencia artificial hacia una cuestión más incómoda: cuánto de ese crecimiento futuro ya está descontado en las cotizaciones.
Para muchos inversores, el problema ya no es la evolución del negocio, sino el elevado listón que habían fijado las valoraciones. Cuando unas cuentas históricas y una revisión al alza de las previsiones dejan paso a las ventas, las dudas se trasladan inevitablemente al precio que el mercado está dispuesto a pagar por el crecimiento futuro. Los futuros de Wall Street apuntan a una jornada complicada, con el Nasdaq, el índice tecnológico por excelencia, cayendo un 2%. Entre los llamados Siete Magníficos, Nvidia lidera los descensos con recortes cercanos al 6% en la negociación previa a la apertura.
El peso de las tecnológicas en Europa es significativamente menor que en Estados Unidos, pero la magnitud de las ventas está contaminando al conjunto del mercado.
Los principales índices europeos cotizan a la baja, aunque logran resistir mejor que Wall Street gracias a una composición sectorial más diversificada.
Los analistas de Barclays reconocen que el entusiasmo por los multimillonarios planes de inversión asociados a la inteligencia artificial empieza a enfriarse. No obstante, consideran que el ajuste no debería afectar por igual a todo el sector. A su juicio, los fabricantes de semiconductores siguen ofreciendo un perfil más atractivo que las compañías de software. El mercado, al menos por ahora, parece discrepar. Después de que el índice de semiconductores de Filadelfia cerrara la sesión del jueves con una caída del 4%, todo apunta a que las ventas continuarán. Las dudas sobre la rentabilidad de las enormes inversiones exigidas por la carrera de la IA, unidas a unas valoraciones cada vez más exigentes y al deshacer de posiciones apalancadas, amenazan con llevar al indicador a su peor semana desde el anuncio de los aranceles de la Casa Blanca en abril del año pasado.
La geopolítica tampoco juega a favor de los mercados. El ejército estadounidense declaró haber llevado a cabo una sexta noche consecutiva de ataques contra Irán el jueves, avivando las preocupaciones en torno a que se produzcan posibles interrupciones en el suministro de petróleo a través del estrecho de Ormuz. El barril de brent prolonga las ganancias y se mantiene por encima de los u$s 85, acercándose a su mayor avance semanal desde abril. Entonces, el riesgo de una escalada entre Washington y Teherán y los férreos controles a la navegación devolvieron al primer plano la fragilidad de una de las rutas energéticas más estratégicas del mundo.
Aunque el petróleo ha dejado atrás las caídas que siguieron a la firma del memorándum, el consenso del mercado interpreta que los precios siguen descontando una salida negociada al conflicto. Con todo, para muchos analistas la situación es hoy más frágil que en los meses anteriores. Cuando estalló la guerra y se bloqueó el Estrecho, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) aprobó una liberación récord de reservas estratégicas. Esta medida, junto con factores extraordinarios como el auge del teletrabajo, las restricciones al transporte aéreo y la debilidad de la demanda china, ayudó a contener el consumo energético y a aliviar las tensiones sobre los precios.
Pero estas respuestas tienen un alcance limitado. Los analistas de ING recuerdan que los programas de liberación de reservas expiran en las próximas semanas, mientras que la propia AIE lleva tiempo alertando de que los inventarios han caído con fuerza y se encuentran cerca de mínimos de varios años. Si las tensiones vuelven a escalar, el mercado tendrá menos capacidad para absorber una interrupción del suministro y menos margen para amortiguar un nuevo shock energético.
La combinación de tensiones geopolíticas, petróleo al alza y dudas sobre las valoraciones tecnológicas devuelve a los mercados a una realidad que había quedado eclipsada por el entusiasmo de la inteligencia artificial. La tecnología sigue siendo el principal motor de las Bolsas, pero también su mayor foco de riesgo. Y cuando incluso las buenas noticias dejan de impulsar las cotizaciones, los inversores saben que algo ha cambiado. (Cinco Días; España; 17/07/2026)
Las dudas sobre la IA desatan una venta masiva de tecnológicas y sacuden las Bolsas
