La reducción de plata en paneles solares no puede frenar la demanda global
o.- (Por Danitza Salas). Los fabricantes de paneles solares llevan años prometiendo que reducirían su consumo de plata por celda. Lo han hecho. El problema es que lo han hecho demasiado despacio, y la demanda global de energía solar crece demasiado rápido como para que ese esfuerzo cambie la ecuación de fondo.
El thrifting —la reducción progresiva del contenido de plata por celda fotovoltaica— es real y documentado. La industria ha bajado de 130 miligramos por celda en 2015 a menos de 80 en los últimos años, según datos del Silver Institute. Una reducción del 38% en una década. Pero el parque solar instalado mundial se ha multiplicado varias veces en ese mismo período. El resultado aritmético es inevitable: se usa más plata por panel que hace diez años, no menos.
Ese es el nudo del problema que analistas de metales preciosos y firmas especializadas en minería llevan meses intentando comunicar a un mercado que todavía no termina de procesar la implicación estructural.
La trampa de la eficiencia: cuando ahorrar no alcanza
La lógica del thrifting funciona en escenarios de crecimiento moderado. Si la demanda de paneles crece 5% anual y los fabricantes reducen el contenido de plata 4%, el consumo neto apenas varía. Pero la realidad del sector solar no reconoce esa moderación. La Agencia Internacional de Energía (AIE) reportó que en 2023 se instalaron más de 440 GW de capacidad solar a nivel global —un récord histórico—, y las proyecciones para 2024 y 2025 apuntan a superar esa marca de forma consecutiva.
China encabeza esa expansión con una intensidad que distorsiona cualquier modelo de consumo construido hace cinco años. El país asiático instaló más de 230 GW solo en 2023, lo que representa más de la mitad del total mundial. Y su industria manufacturera de paneles, que controla más del 80% de la producción global de celdas fotovoltaicas, es también la principal consumidora de plata industrial del planeta.
La tecnología PERC —Passivated Emitter and Rear Cell—, que dominó el mercado durante años, ya está siendo desplazada por las celdas TOPCon y HJT, formatos que en principio prometen menor consumo de plata por unidad de eficiencia. Pero los fabricantes que han adoptado TOPCon a gran escala están reportando consumos de plata por vatio pico que, en la práctica, no difieren sustancialmente de los de PERC. La transición tecnológica promete, pero aún no entrega el ahorro neto que el mercado anticipa.
Un déficit que no cede: cuatro años en rojo
La plata cerró 2024 con su cuarto año consecutivo de déficit estructural entre oferta y demanda, según el Silver Institute. El desbalance acumulado en ese período supera los 600 millones de onzas —una cifra que desafía incluso los inventarios históricos del metal. En 2025, el precio superó los u$s35 por onza, niveles que no se veían desde la era de los hermanos Hunt en los años ochenta, y con fundamentos mucho más sólidos que aquella burbuja especulativa.
La demanda industrial —que ya representa más del 55% del consumo total de plata, frente al 45% de hace una década— está siendo impulsada por tres vectores simultáneos: la electrónica de consumo, los vehículos eléctricos y, sobre todo, la energía solar. Los EVs usan plata en contactos eléctricos, sistemas de gestión de batería y sensores ADAS. Un vehículo eléctrico de gama media utiliza entre 25 y 50 gramos de plata, más del doble que un vehículo de combustión interna.
La combinación de esos tres vectores en expansión simultánea no tiene precedente histórico. Y la oferta minera no tiene mecanismos para responder con la misma velocidad.
La oferta minera: inelástica por diseño
Aquí reside la asimetría más incómoda del mercado de plata. El metal no se mina principalmente como producto primario. Aproximadamente el 72% de la producción mundial de plata sale como subproducto de minas de zinc, plomo, cobre y oro. Eso significa que la producción de plata no responde directamente al precio de la plata: responde al precio del metal principal de cada operación.
Cuando el precio de la plata sube, un productor de zinc en Zacatecas no abre una nueva mina. Optimiza lo que ya tiene, pero su decisión de inversión sigue siendo función del zinc. El ciclo de desarrollo de una mina de plata primaria —desde exploración hasta producción— tarda entre ocho y quince años. No hay forma de responder a una señal de precio de corto plazo con nueva oferta en el horizonte de tres a cinco años.
México ilustra esto mejor que ningún otro país. Primer productor mundial de plata con una participación de alrededor del 24% de la producción global, el país genera entre 5,500 y 6,300 toneladas anuales del metal. La mayor parte de esa producción proviene de operaciones polimetálicas —Peñasquito de Newmont, las operaciones de Fresnillo plc, los complejos de MAG Silver en Chihuahua— donde la plata es componente relevante pero raramente el único driver económico. Un rally sostenido de plata mejora los márgenes de esas operaciones, pero no gatilla expansiones de producción en el corto plazo.
A nivel global, Perú —tercer productor mundial con cerca del 14% de la oferta— enfrenta sus propios cuellos de botella: conflictos sociales en Puno y Ayacucho han paralizado o retrasado proyectos que podrían haber aportado volumen en este ciclo. Chile y Argentina tienen plata como subproducto de sus operaciones cupríferas y de litio, respectivamente, pero sin escala suficiente para mover la aguja global.
¿Puede el cobre artificial reemplazar la plata en celdas solares?
La pregunta que lleva más de una década circulando en la industria fotovoltaica sin respuesta definitiva es si el cobre puede sustituir a la plata en las pastas conductoras de las celdas. Técnicamente, es posible. Económicamente, es complejo. El cobre se oxida, requiere capas adicionales de protección, y su adopción masiva implicaría reformular procesos de manufactura que ya están optimizados para plata.
Algunos fabricantes chinos han avanzado en prototipos con metalización de cobre, y el NREL en Estados Unidos ha publicado investigaciones con resultados prometedores. Pero la escala comercial sigue siendo esquiva. Las estimaciones más optimistas sitúan la adopción masiva de celdas sin plata o con plata mínima en algún punto entre 2030 y 2035. Para entonces, la demanda acumulada que no se habrá sustituido equivale a varios años de producción minera global.
Mientras esa transición tecnológica madura —si es que madura en ese plazo—, el mercado opera con la plata que existe hoy, a los precios que el déficit estructural está forzando.
La lectura para productores e inversionistas
El rally de la plata en 2025 no es un fenómeno especulativo de corto plazo disfrazado de fundamentals. Es exactamente lo contrario: son fundamentals de mediano y largo plazo que finalmente están siendo reconocidos por el precio. La diferencia importa porque determina la durabilidad del ciclo.
Para los productores latinoamericanos, el momento exige revisar los modelos de coberturas —hedging— con criterio estratégico. Bloquear producción futura a precios actuales puede parecer prudente, pero en un mercado con déficit estructural multianual y demanda industrial creciente, ese conservadurismo puede costar caro. Fresnillo plc aprendió esa lección en ciclos anteriores. El mercado tiene memoria.
Para los inversionistas institucionales que monitorean el sector desde Toronto o Nueva York, las acciones de productores primarios de plata —MAG Silver, First Majestic, Endeavour Silver— ofrecen apalancamiento directo al precio con menor riesgo de jurisdicción que muchos activos latinoamericanos comparables. El ciclo no está en su fase final. La demanda solar seguirá creciendo, el thrifting seguirá siendo insuficiente, y la oferta minera seguirá respondiendo con el rezago estructural que le es inherente.
Cuatro años de déficit consecutivo no son un accidente estadístico. Son una señal que el mercado tardó en leer y que ahora, al filo de los US$35 por onza, ya no puede ignorar. (Minería en Línea)
La reducción de plata en paneles solares no puede frenar la demanda global
