La Paradoja del Oro: Precios Récord pero Producción en Caída en 2024
o.- (Por Danitza Salas). Nevada produjo casi u$s10,000M en minerales no combustibles durante 2024 y aun así la producción de oro del estado —y del país— cayó. La paradoja es incómoda: los precios del oro rozaron máximos históricos a lo largo del año, superando los 2,400 dólares por onza en varios tramos, y el incentivo económico nunca fue tan claro. Y sin embargo, los volúmenes físicos bajaron. Esa brecha entre precio récord y producción decreciente no es un accidente contable. Es la radiografía de una industria que agotó su capacidad de respuesta rápida y que ahora enfrenta una pregunta estructural que los mercados todavía no han terminado de procesar.
Nevada: el estado que sostiene al país, pero ya no puede crecer solo
El dato de Nevada es elocuente por sí mismo. Con u$s9,970M en producción mineral no combustible, el estado superó a Texas, Arizona, California y Minnesota combinados en participación porcentual —9.5% del total nacional. Si se incorpora la energía geotérmica, la cifra sube aún más. El Silver State no es solo el mayor productor de oro de Estados Unidos; es el ancla de toda la cadena extractiva del país occidental.
Pero ese liderazgo tiene un techo. Nevada concentra aproximadamente el 70% de la producción aurífera estadounidense, encabezada por Nevada Gold Mines, la operación conjunta de Newmont y Barrick Gold que integra Carlin, Cortez, Turquoise Ridge y otros complejos. Son operaciones maduras, bien optimizadas, pero con leyes de mineral en descenso y sin proyectos greenfield de escala comparable en el horizonte inmediato. Exprimir más de esas minas implica costos unitarios más altos, no más toneladas.
El incremento en actividades mineras no auríferas que registró Nevada en 2024 —litio, geotermia, minerales industriales— refleja exactamente ese agotamiento relativo del oro y la reorientación hacia los metales de transición energética. Es un movimiento racional, pero no resuelve el problema de corto plazo: Estados Unidos produce 160 toneladas de oro al año y esa cifra tendió a la baja en 2024 mientras el precio subía.
El mecanismo que no funcionó: por qué el precio alto no disparó la producción
En teoría, cuando el oro supera los u$s2,000 por onza, los márgenes se ensanchan, los proyectos marginales se vuelven rentables y la producción responde al alza. Eso es lo que dictan los modelos. En 2024, ese mecanismo falló —o al menos operó con un desfase temporal que los datos de producción todavía no capturan como recuperación.
Hay tres razones concretas. Primera: los costos totales de sostenimiento (AISC) subieron a la par del precio. Energía, mano de obra, insumos y exigencias regulatorias empujaron el AISC promedio de las grandes productoras estadounidenses por encima de los 1,400 dólares por onza en 2024, erosionando parte del beneficio del rally. Segunda: los tiempos de desarrollo minero no se comprimen por voluntad. Un depósito identificado hoy puede tardar entre siete y quince años en convertirse en una mina operativa. El precio de ayer no construye la mina de mañana. Tercera: el contexto regulatorio en Estados Unidos —particularmente para proyectos en tierras federales— añade incertidumbre que desincentiva la inversión incluso cuando los números de papel lucen atractivos.
Freeport-McMoRan, el mayor productor de cobre de Estados Unidos con operaciones centralizadas en Arizona, entiende bien esta dinámica. Sus proyectos de expansión en Morenci llevan años en evaluación ambiental. El capital no falta; los permisos sí. El oro enfrenta restricciones similares, especialmente en Nevada, donde la presión sobre agua y tierras ancestrales complica cualquier expansión significativa.
Lo que el USGS confirma: la brecha entre valor y volumen
Los datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) para 2024 muestran un sector mineral que crece en valor pero no necesariamente en volumen físico. Esa dualidad es importante para los inversionistas: un aumento en el valor de la producción impulsado exclusivamente por precios es frágil. Si el oro retrocede —y en algún punto lo hará— el sector no tendrá reservas de volumen para amortiguar el golpe.
Nevada ilustra ese riesgo con claridad. Sus casi u$s10,000M en producción mineral están altamente concentrados en oro y en el precio del oro. Una corrección de u$s300 por onza —perfectamente posible en cualquier ciclo— recorta el valor estatal en más de u$s1,500M sin que cambie una sola tonelada extraída. Para los estados que dependen de regalías e impuestos mineros para financiar servicios públicos, esa volatilidad no es abstracta.
El contexto macro que sostuvo el precio y lo que viene
El oro subió en 2024 por razones que no tienen que ver con la oferta minera. Los bancos centrales compraron en términos netos a un ritmo que el Consejo Mundial del Oro (WGC) documentó como uno de los más altos en décadas, representando cerca del 24% de la demanda total global. China e India lideraron esas compras. La geopolítica —guerras activas en dos continentes, tensiones en el estrecho de Taiwán, fragmentación del sistema dólar— mantuvo la prima de refugio elevada. Y la expectativa de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal funcionó como combustible adicional para un activo que compite directamente con el rendimiento del bono.
Nada de eso tiene que ver con cuántas toneladas produce Newmont en Carlin. El precio del oro en 2024 fue un fenómeno monetario y geopolítico, no minero. Y eso crea un problema de señal para los productores: ¿cuánto de este precio es estructural y cuánto es coyuntural? Invertir en expandir capacidad para un precio que puede moderarse en tres años cuando se normalice la geopolítica o cuando la Fed suba tasas nuevamente es una apuesta que los consejos directivos no toman a la ligera.
En 2025, el oro superó los 3,100 dólares por onza en varios momentos, impulsado por la aceleración de compras de bancos centrales y por nuevas tensiones comerciales derivadas de la política arancelaria de la administración Trump. Ese nivel de precio hace que prácticamente cualquier depósito conocido en Nevada sea rentable sobre el papel. Pero el ciclo de aprobación de permisos y el tiempo de construcción significan que la producción física no responderá a esas señales antes de 2028 o 2029, en el mejor escenario.
La diversificación de Nevada: litio y geotermia llenan el espacio
El crecimiento en actividades mineras no auríferas en Nevada no es un fenómeno menor. El estado alberga el proyecto Thacker Pass de Lithium Americas, la apuesta más avanzada de litio en suelo estadounidense y una pieza central de la estrategia de minerales críticos de Washington. La administración Trump, que clasificó los minerales críticos como prioridad de seguridad nacional, ha presionado para acelerar permisos de proyectos como este bajo el argumento de reducir dependencia de China en la cadena de baterías.
La energía geotérmica —abundante en el corredor volcánico del norte de Nevada— también creció como componente del valor extractivo estatal. No es minería tradicional, pero comparte infraestructura, capital humano y marco regulatorio con el sector. Para los gobiernos estatales que miden el peso económico de la industria extractiva, sumar geotermia al cálculo de producción mineral tiene sentido político y económico.
Esa diversificación sugiere que Nevada está gestionando inteligentemente la madurez de sus depósitos auríferos. No puede crecer en oro, pero puede crecer en minerales de transición y en energía limpia vinculada al sector. Es una transición que tomará una década en consolidarse, pero que ya es visible en los datos de 2024.
La lectura para productores e inversionistas
La caída de producción aurífera estadounidense en 2024 en un contexto de precios récord envía tres señales concretas para quien opera o invierte en el sector.
Primero: el déficit de oferta minera global se está construyendo lentamente pero con solidez. Si el mayor productor del hemisferio occidental no puede incrementar volúmenes a pesar de márgenes históricos, el mercado físico seguirá ajustado. Eso es estructuralmente positivo para el precio en el mediano plazo, más allá del ruido macro.
Segundo: la prima por jurisdicción va a aumentar. Los proyectos en jurisdicciones predecibles —Nevada, Ontario, Australia Occidental— van a captar capital aunque sean más caros de desarrollar. Los inversionistas institucionales están dispuestos a pagar ese premium frente a la incertidumbre regulatoria de otras latitudes.
Tercero: las empresas que ya tienen producción estabilizada —Newmont, Barrick a través de Nevada Gold Mines— capturan el precio alto sin necesidad de asumir el riesgo de desarrollo. Sus flujos de caja en 2024 y 2025 son los más sólidos en años. Pero su crecimiento orgánico de volumen tiene límite. El próximo ciclo de producción dependerá de proyectos hoy en etapa de exploración avanzada o prefactibilidad, y esos proyectos todavía no están en el mapa del mercado.
Nevada produjo casi u$s10,000M y aun así retrocedió en el único indicador que realmente importa para el largo plazo: las toneladas en el molino. Esa combinación —valor alto, volumen bajo— es exactamente la señal que antecede a los ciclos de escasez. Los que lean esa señal hoy tendrán ventaja cuando el mercado la confirme. (Minería en línea)
