La inversión extranjera tuvo en 2024 el peor año del siglo

La inversión extranjera tuvo en 2024 el peor año del siglo

o.- (Mariano Cuparo Ortiz) Pese al RIGI, hubo ingresos netos por apenas u$s 89M. El régimen de incentivo motorizó promesas inversoras a mediano plazo, aunque advierten que sin políticas activas costará lograr encadenamientos y productivos para agregar valor. El Gobierno oficializó cambios (en el RIGI) para incentivar inversiones en proyectos existentes.
Es crucial que cualquier régimen de incentivos contemple mecanismos que favorezcan la integración de estas inversiones con la producción local, promoviendo así el desarrollo de proveedores nacionales y del empleo”.
La Inversión Extranjera Directa (IED) tuvo durante el 2024 su peor año histórico: con ingresos netos por un total de apenas u$s 89M. La serie histórica medida por el BCRA inicia en el 2003 y nunca desde entonces había habido un año tan malo. En el año de nacimiento del RIGI, aunque hasta noviembre iban ingresos netos por u$s 784M, una repatriación de capitales del sector energético durante diciembre tumbó ese número y el mes terminó con una salida neta de u$s 695M. El RIGI por ahora dejó promesas a mediano plazo por u$s 10.000M, aunque analistas advierten que mientras haya cepo no explotará la inversión. Además, remarcan que sin una política que incentive encadenamientos productivos, no habrá agregación de valor.
Un informe de Vectorial alertó: “La aprobación del RIGI todavía no ha representado gran impacto en el mercado de cambios. La IED aportó entre enero y noviembre un promedio de u$s 71 M mensuales (similar a 2023 cuando representó u$s 76 M mensuales). Excluimos diciembre, porque ocurrió una excepcionalidad, dicho mes la IED tuvo un flujo negativo por u$s 696M, debido a repatriaciones de capital del sector energético, según informó el BCRA. En 2025, resulta urgente para el Gobierno que empiece a fluir la inversión privada, para financiar la malograda cuenta corriente”.
Los picos más altos de IED fueron en 2008, cuando llegó a u$s 3.633M; 2011, en u$s 3.515 M; y 2012, en u$s 3.744 M. Si bien el gobierno de Cambiemos apuntó de lleno a esa variable para apuntalar un balance cambiario que entre 2016 y 2018 fue sostenidamente rojo en la cuenta corriente, no llegó a despuntar a esos niveles y nunca superó los u$s 3.000 M anuales. Entre 2020 y 2023, ya con cepo, la cosecha inversora fue mala y el piso histórico se dio en el 2024.
El RIGI generó promesas, por ahora, para el mediano y largo plazo, por algo más de u$s 10.000M, con proyectos que le apuntan a plazos más cortos, como el oleoducto en Río Negro, pero otros bien largos, como el buque de licuefacción, que va desde el 2027 hasta 10 años hacia delante, con una inversión cercana a los u$s 3.000M.
Para el director de PxQ, Emmanuel Álvarez Agis, sin embargo, la inversión podrá llegar en forma masiva recién cuando no haya cepo: “Si LLA logra construir un puente y las condiciones necesarias para el desarrollo pleno del agro, Vaca Muerta, la minería tradicional y el litio, es probable que el actual tipo de cambio resulte “caro”, o “adelantado”. Pero el problema que veo es que ese desarrollo está adelante en el tiempo y tiene como precondición una salida exitosa del cepo”.
Desde Misión Productiva destacaron que “bajo el marco del RIGI, se han acogido proyectos orientados a la exportación, entre los que se destaca el oleoducto Vaca Muerta Sur, liderado por las principales empresas del sector, incluida YPF”. Aunque alertaron que será clave una política activa para incentivar encadenamientos productivos: “La ausencia de requisitos que aseguren su derrame sobre la producción local genera incertidumbre sobre su efectividad en la dinamización del entramado productivo. En sectores como la minería o los hidrocarburos, la implementación de estos incentivos sin una planificación industrial que fomente encadenamientos productivos podría derivar en una lógica de enclave con escasa agregación de valor y bajos niveles de empleo. Es crucial que cualquier régimen de incentivos contemple mecanismos que favorezcan la integración de estas inversiones con la producción local, promoviendo así el desarrollo de proveedores nacionales y del empleo”. (BAE Buenos Aires, 14/02/2025)

 

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