La guerra en Oriente medio: presión inflacionaria y alza en los combustibles

La guerra en Oriente medio:
presión inflacionaria y alza en los combustibles

Combustibles en alza: las naftas ya subieron más de 12% en marzo y agrava la presión inflacionaria
o.- En un mes en el que los alimentos ya mostraban señales de aceleración, la suba de los combustibles aparece como un nuevo factor que complica las chances de desacelerar la inflación. El litro de nafta súper sobrepasa los $ 1.800.
El precio de los combustibles volvió a subir en todo el país y encendió nuevas alarmas sobre la dinámica inflacionaria. Desde que estalló el conflicto en Medio Oriente, que disparó el valor del barril del petróleo, naftas y gasoil se encarecieron más de 12% a lo largo de marzo. El litro de súper ya supera los $ 1.800 en las principales estaciones de servicio.
El ajuste se da en un contexto internacional marcado por la volatilidad del precio del crudo, que se mantiene en torno a los u$s 120 por barril tras la escalada del conflicto en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz, un punto clave para el abastecimiento energético global. Este escenario presiona directamente sobre los costos internos y acelera la actualización de precios en el mercado local.
Un impacto directo en la inflación y el consumo
El aumento de los combustibles no solo afecta a quienes cargan nafta o gasoil, sino que tiene un efecto multiplicador sobre toda la economía. El encarecimiento del transporte y la logística impacta en la distribución de bienes y servicios, lo que termina trasladándose a los precios finales.
En un mes en el que los alimentos ya mostraban señales de aceleración, la suba de los combustibles aparece como un nuevo factor que complica las chances de desacelerar la inflación. La incidencia es doble: directa, por el peso del rubro en el índice de precios, e indirecta, por su impacto en la cadena de costos.
En este escenario, distintos analistas advierten que si el precio internacional del petróleo se mantiene en estos niveles o continúa en alza, es probable que las petroleras vuelvan a aplicar nuevos ajustes en las próximas semanas.
Cómo quedaron los precios en surtidores
Con la última actualización, las principales compañías del mercado reflejaron subas en todas sus líneas de productos. En promedio, la nafta súper ya se ubica por encima de los $ 1.800 en todo el país, mientras que las versiones premium superan los $ 2.000 por litro.
Las diferencias entre marcas y regiones persisten, pero la tendencia es clara: todos los valores se alinearon al alza en un corto período de tiempo, consolidando un nuevo piso para el precio de los combustibles en Argentina.
Estaciones de servicio, entre costos crecientes y demanda estancada
El impacto de la suba también se siente con fuerza en el sector de estaciones de servicio, que enfrenta un escenario cada vez más complejo. Con márgenes ajustados y costos operativos en aumento, los expendedores advierten que la situación se vuelve difícil de sostener.
A los mayores precios del combustible se suman otros factores que presionan la rentabilidad, como las comisiones de medios de pago electrónicos, los costos laborales y la carga impositiva a nivel municipal. En paralelo, la demanda no muestra señales claras de recuperación desde 2024, lo que limita aún más la capacidad del sector para absorber estos aumentos.
El riesgo, según advierten desde el sector, es quedar atrapados en una dinámica de costos crecientes con ventas estancadas, un escenario que podría profundizarse si continúan las tensiones internacionales.
El factor internacional que explica la suba
Detrás del aumento aparece con claridad el contexto global. La guerra en Medio Oriente, las amenazas sobre infraestructura petrolera y las dificultades para garantizar el tránsito en el estrecho de Ormuz generaron un fuerte salto en el precio del petróleo.
Este movimiento impacta directamente en países como Argentina, donde el valor del crudo representa entre el 35% y el 40% del precio final de los combustibles. Aun cuando no se haya importado petróleo a los nuevos valores, las empresas tienden a alinear los precios internos con la referencia internacional.
A esto se suma un cambio en la política comercial de las petroleras, que en los últimos meses adoptaron esquemas más dinámicos de actualización -como el llamado “micropricing”- con ajustes frecuentes y segmentados según la zona y la demanda. (ámbito.com; 19/03/2026)

El precio del gas se dispara un 20% y el petróleo toca los u$s 119 ante los ataques de Irán a instalaciones energéticas
o.- (Nuño Rodrigo,Virginia Gómez) Más de dos semanas después del inicio de la guerra en Irán, el conflicto ha entrado en una nueva fase, con sucesivos ataques a infraestructuras petroleras que están disparando aún más los precios de las materias primas energéticas y, por tanto, el impacto económico de la guerra. Los ataques de Israel sobre un gran campo de gas explotado por Irán, este miércoles, desataron una rápida respuesta de Teherán, que atacó la terminal gasista de Ras Laffan, la mayor del planeta, y un día después ha apuntado sobre instalaciones petroleras saudís en el mar Rojo, precisamente el punto por el que el reino da salida a parte de la producción petrolera.
Así, el precio del gas natural se dispara un 20% hoy, hasta u$s 65 el megawatio hora en el mercado europeo de referencia de Países Bajos, y duplica su valor desde el principio de la guerra, devolviendo al continente los fantasmas de la crisis ucraniana. A primera hora ha llegado a subir el 35%.
La planta de gas licuado de Ras Laffan, la mayor del mundo, sufrió “daños extensos”, según Qatar Energy, tras una serie de ataques que provocaron incendios de gran magnitud. La gigantesca planta produce alrededor de una quinta parte del suministro mundial de gas licuado para su transporte en barcos especializados, aunque estaba parada desde el principio de la guerra por el cierre del estrecho de Ormuz. “Los problemas de los mercados de gas no se limitan a cuándo se reanudará el tráfico marítimo, sino también a cuánto tiempo podrían durar los trabajos de reparación en dichas instalaciones”, explican los analistas de ING. Aún se desconocen, en todo caso, la magnitud del ataque y el alcance de los daños sobre la planta, extremadamente compleja, y por lo tanto el tiempo que podrá tardar en recuperarse el suministro.
Teherán también ha atacado con drones las instalaciones petroleras saudíes de Yanbu, en la costa del mar Rojo, provocando una repentina subida de los precios del petróleo. Este puerto ha permitido al reino sortear Ormuz y recuperar parte de las exportaciones de crudo, gracias a un antiguo oleoducto de más de 1.000 kilómetros que cruza el país desde los yacimientos del golfo Pérsico. Aunque su capacidad es limitada y no puede absorber todas las ventas del país, sí permite el flujo de unos cinco millones de barriles de petróleo al día, y los clientes de Aramco, la energética estatal saudí, están operando desde esta terminal. El petróleo brent, de este modo, avanza el 3,5% hasta u$s 111, aunque ha llegado a tocar los 119.
Los analistas calibran los ataques como un gran salto en la escala de las consecuencias del conflicto. “El riesgo de interrupciones prolongadas en el suministro se incrementa cuando el conflicto pasa del estancamiento del tráfico al cierre de plantas de producción y daños a la infraestructura”, explica Norbert Rücker, director de análisis económico de Julius Baer. “En los próximos días se podrá vislumbrar la probabilidad de un escenario con una crisis energética más duradera e intensa”, añade. “Esto podría suponer un punto de inflexión para el sector del gas licuado, similar al ataque contra el Nord Stream [la voladura del gasoducto que conectaba los yacimientos rusos con Europa central en septiembre de 2022] o quizá incluso peor”, afirmó a Bloomberg Susan Sakmar, profesora adjunta visitante del Centro de Derecho de la Universidad de Houston. “En principio, el suministro podría interrumpirse durante meses y, en el peor de los casos, durante años”, afirmó Arne Lohmann Rasmussen, analista jefe de Global Risk Management.
El alza del gas llega en un momento complicado para Europa, pues, aunque el invierno está a punto de concluir, debe reponer unas reservas estratégicas que están por debajo de la media tras un año más frío de lo habitual. Qatar surte de gas sobre todo a países asiáticos, que ahora deben buscar suministros alternativos en un mercado muy rígido, lo que desata la fortísima subida de los precios.
Trump se desliga del ataque israelí
Los ataques de Teherán suponen un desafío abierto al presidente Donald Trump, quien ha pedido que terminen los ataques a infraestructuras energéticas en una señal más de la incomodidad que provoca en Wasginton el encarecimiento de las materias primas en un año electoral. Según ha afirmado en su red social, Truth, Estados Unidos desconocía el ataque israelí al yacimiento de gas de South Pars, y ha asegurado que Israel no volverá a atacar el “importante y valioso” campo gasista. Ahora, en el mismo mensaje, amenazó con “destruir por completo” el yacimiento con fuerzas estadounidenses si los activos cataríes vuelven a ser objetivo. A principios de esta semana, declaró que atacar la infraestructura petrolera en la isla de Kharg, principal centro de exportación de Irán, sigue siendo una opción viable tras los bombardeos previos contra objetivos militares en la zona. Además de los ataques sobre Ras Laffan y Yandu, Arabia Saudí ha informado de la intercepción de misiles balísticos sobre Riad y de drones dirigidos contra una instalación gasista en el Este del país. Dos refinerías kuwaitíes han sido alcanzadas por drones.
“La presión sobre el estrecho de Ormuz implica que el presidente Trump no puede simplemente declarar la victoria y desentenderse, ya que eso no resolvería el problema de fondo”, considera Will Todman, investigador principal del Programa de Oriente Medio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “Muchas de las opciones que tiene el presidente Trump para aumentar la presión sobre Irán dispararían aún más los precios de la energía, incluyendo el intento de apoderarse de la isla de Kharg o el ataque a la infraestructura de producción energética de Irán”. Abu Dabi anunció la suspensión de las operaciones en sus instalaciones de gas de Habshan tras la interceptación de misiles que provocó la caída de escombros. Baréin desmintió un informe de la agencia de noticias semioficial iraní Fars, según el cual una refinería de GNL había sido alcanzada. (El País, Argentina; 19/03/2026)

Países de Asia reducen consumo y activan reservas por crisis energética ligada a la guerra en Irán
o.- Asia-Irán. (Sheikh Saaliq and Anton L. Delgado; AP) Los países de Asia toman medidas de emergencia para conservar energía y proteger a los consumidores mientras la guerra contra Irán y los ataques a yacimientos de gas y refinerías petroleras interrumpen los suministros críticos, sacuden los mercados y elevan los precios.
La crisis golpea con más fuerza a Asia debido a su fuerte dependencia de la energía importada, gran parte de la cual se transporta a través del estrecho de Ormuz, un punto clave que ahora está bajo presión. Solo unos 90 buques -en su mayoría con bandera india, pakistaní y china- han logrado atravesar el estrecho desde el 28 de febrero, fecha que marcó el inicio de los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán, y de los ataques de Irán contra Israel y vecinos árabes del Golfo.
“Los países que están expuestos a esa interrupción del suministro no están tanto en Europa o en las Américas; en realidad están en la región de Asia”, afirmó Michael Williamson, de la Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico.
Según Ramnath Iyer, del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero, con sede en Estados Unidos, Asia debería prepararse para “impactos en cascada en todas las actividades económicas”.
Japón es uno de los países más expuestos a las interrupciones en el estrecho, ya que depende de esa ruta para adquirir aproximadamente el 93% de sus importaciones de petróleo. Los precios del combustible ya han comenzado a aumentar. Un litro de gasolina regular se vendía por unos 175 yenes (u$s 1,09) el jueves, frente a alrededor de 144 yenes (u$s 0,91) hace un mes.
Para amortiguar el impacto, Japón liberó reservas de petróleo del sector privado equivalentes a 15 días, seguidas de suministros de un mes provenientes de las reservas nacionales. Los ministerios japoneses indicaron que el país contaba con aproximadamente 250 días de reservas al cierre del año pasado.
Pero la preocupación pública va en aumento. Los analistas advierten sobre una repetición del shock petrolero de la década de 1970, que también fue resultado de la agitación en Oriente Medio, cuando el alza de precios provocó escasez y largas filas. También crecen los llamados a acelerar el uso de energías renovables, ya que Japón va rezagado frente a otras naciones industrializadas en energía eólica y solar. (Independent en español; 20/03/2026)

La Casa Blanca le pide al Congreso más plata para la guerra
o.- u$s 200.000. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció que el Pentágono solicitó al Congreso más de u$s 200.000 M adicionales para financiar el conflicto, una cifra que plantea interrogantes en el Poder Legislativo. (La Nación, Buenos Aires, 20/03/2026)

El Pentágono dice que está derrotando a Irán, pero no fija plazos
o.- Washington. (AP) Hegseth y Caine evitaron fechas sobre cuándo finalizará el conflicto.
En medio de una escalada militar que ya lleva casi tres semanas, el gobierno de Donald Trump evitó ayer dar precisiones sobre el final del conflicto con Irán, mientras el Pentágono insistió en que la ofensiva avanza según lo previsto y profundizó sus ataques sobre territorio iraní.
“Estamos ganando decisivamente y en nuestros términos”, dijo durante una conferencia de prensa en el Pentágono el secretario de Defensa, Pete Hegseth, que aseguró que será el propio presidente quien determine cuándo se habrán alcanzado los objetivos de guerra.
“El presidente decidirá en qué momento podemos decir que hemos logrado lo necesario para garantizar la seguridad del pueblo estadounidense”, afirmó. Sin embargo, Trump ofreció explicaciones cambiantes sobre los fines del conflicto, lo que alimenta la incertidumbre.
Hegseth restó importancia a los cuestionamientos sobre el desarrollo de la guerra y el riesgo de una expansión regional, calificándolos como “ruido”. A la vez, reiteró su mensaje de que la campaña militar está dando resultados: sostuvo que los ataques con misiles de Irán se redujeron un 90% y los de drones un 95%, aunque esas cifras no han variado en más de una semana.
El jefe del Pentágono también afirmó que la infraestructura naval iraní sufrió daños severos. Según dijo, Teherán contaba con 11 submarinos antes del inicio de la guerra y “ahora no queda ninguno”, mientras que sus puertos militares están “paralizados”. Además, anticipó que la jornada marcaría “la mayor serie de ataques hasta ahora”, una declaración que ya había hecho días atrás.
En tanto, el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, indicó que la aviación estadounidense i ntensificó sus operaciones, penetrando más profundamente en territorio iraní y atacando drones navales, misiles y plataformas de lanzamiento cerca del estrecho de Ormuz, que Irán mantiene bajo fuerte presión.
Pese a la intensidad de las operaciones, ni Hegseth ni Caine ofrecieron indicios concretos sobre cuánto falta para alcanzar los objetivos militares o poner fin a la guerra. En sus intervenciones, el general se limitó a describir en detalle las misiones aéreas en curso, sin precisar su horizonte temporal. (La Nación, Buenos Aires, 20/03/2026)

Toma forma una coalición para liberar el estrecho de Ormuz
o.- Teherán. Japón y cinco países europeos se mostraron dispuestos a contribuir en la seguridad del paso.
La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán entró en una fase distinta. Ya no se limita a objetivos militares, sino que impacta de lleno sobre la infraestructura energética que abastece al mundo. En ese contexto, potencias europeas –Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos– y Japón anunciaron que están dispuestas a intervenir para estabilizar los mercados y garantizar la seguridad del paso por el estrecho de Ormuz, cerrado de facto por Teherán.
El punto de inflexión fue el ataque iraní contra Ras Laffan, en Qatar, el mayor complejo de exportación de gas natural licuado (GNL) del planeta. La empresa estatal QatarEnergy reportó “daños extensos” en una instalación que procesa cerca de una quinta parte del GNL mundial, un volumen crítico para el abastecimiento global.
El golpe no fue aislado. Formó parte de una cadena de ataques que incluyó el impacto sobre el puerto saudita de Yanbu, clave porque permite exportar crudo evitando el estrecho de Ormuz, y daños en refinerías de Kuwait.
También Emiratos Árabes Unidos debió cerrar su instalación gasífera de Habshan tras nuevos ataques aéreos. La señal es clara: los nodos alternativos del sistema energético están bajo amenaza.
Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón pidieron una “moratoria inmediata” sobre ataques a infraestructura civil y se declararon listos para “contribuir con los esfuerzos necesarios” para asegurar la navegación en Ormuz. Además, anticiparon medidas para aumentar la producción junto a países exportadores y así contener la escalada de precios.
Pero el impacto no se limita a los precios. El cierre del estrecho de Ormuz –por donde circula cerca del 20% del petróleo y el GNL global– obligó a desviar rutas, encarecer fletes y reorganizar cadenas de suministro. Con los ataques extendiéndose a instalaciones fuera del Golfo, las alternativas logísticas empiezan a perder confiabilidad.
Visita de Takaichi
En este contexto, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, buscó reafirmar su alianza con el presidente Donald Trump después de que el mandatario estadounidense pareció quejarse esta semana de que Japón estaba entre las naciones que no se sumaron a su llamado para ayudar a proteger el estrecho de Ormuz.
Takaichi, quien se reunió con Trump en la Casa Blanca, le dijo al presidente republicano que Japón se opone al desarrollo del programa nuclear de Irán y apeló al deseo de Trump de ser visto como un pacificador, pese a haber iniciado una guerra por decisión propia con Irán, al decirle por medio de un intérprete: “Incluso en ese contexto, creo firmemente que solo usted, Donald, puede lograr la paz en todo el mundo”.
Ambos líderes se dedicaron palabras cálidas; incluso Trump le dijo a la primera ministra que era una “mujer poderosa y popular”, pero pareció haber cierta tensión mientras enfrentaban preguntas repetidas de los reporteros sobre el apoyo de Japón a la guerra con Irán.
Mientras Trump respondía preguntas de los reporteros durante la comparecencia pública de unos 30 minutos con la primera ministra antes de su reunión a puerta cerrada, se pudo ver a Takaichi mirando su reloj.
Incomodidad
Luego, Trump hizo un comentario particularmente incómodo al mencionar el bombardeo japonés a Pearl Harbor en 1941 cuando le preguntaron por qué Estados Unidos no notificó a aliados como Japón antes de los ataques en Irán.
“No se lo dijimos a nadie porque queríamos sorpresa. ¿Quién sabe más de sorpresas que Japón? ¿Por qué no me avisaron sobre Pearl Harbor, OK?”, bromeó Trump.
Mientras Trump decía eso, la leve sonrisa de Takaichi pareció desvanecerse y ella levantó las cejas.
El comentario, vinculado a uno de los episodios más traumáticos de la historia estadounidense, generó incomodidad en el encuentro bilateral.
Trump también elogió el rol de Japón en el actual contexto internacional, aunque lanzó críticas implícitas a otros aliados.
“Japón está haciendo su parte respecto de Irán, no como la OTAN”, afirmó.
Japón, un aliado clave de Estados Unidos en Asia, es uno de los países que Trump mencionó el martes cuando arremetió contra la falta de ayuda con el estrecho de Ormuz antes de declarar que esa ayuda no era necesaria.
Se esperaba que a última hora de ayer Takaichi y Trump anunciasen un acuerdo de u$s 40.000 M sobre reactores nucleares. (La Nación, Buenos Aires, 20/03/2026)

Guerra en Medio Oriente: el mundo paga el precio en las boletas de luz, gas y en el surtidor
o.- El conflicto en Medio Oriente ya se traduce en subas del petróleo, cancelaciones de vuelos y presión inflacionaria en todo el mundo. En Argentina, el impacto se siente en los surtidores y podría profundizarse en los próximos meses.
La fuerte suba del petróleo renovó el debate en el mundo sobre la dependencia de los combustibles fósiles.
La escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán está generando un shock económico global con una disparada considerable de los precios del petróleo y la energía en general. Aunque el epicentro está en el Golfo Pérsico, sus efectos ya se expanden a miles de kilómetros: suben los combustibles, se encarece el transporte, se alteran cadenas de suministro y reaparece con fuerza la inflación importada.
El principal canal de transmisión es el petróleo. Con el bloqueo del estrecho de Ormuz -por donde circula cerca de una quinta parte del crudo mundial-, el mercado incorporó una fuerte prima de riesgo geopolítico. El barril ya superó los u$s 100 y amenaza con escalar aún más si se prolonga la interrupción del tránsito marítimo.
Además, el ataque de Irán a una planta clave de gas en Qatar, una de las mayores de GNL en el mundo, provocaron un incremento de 25% en los precios.
Un shock global que impacta en la vida cotidiana
El encarecimiento de la energía ya tiene consecuencias concretas en distintas economías. En Japón, altamente dependiente de importaciones, la gasolina subió cerca de un 18% en apenas una semana, alcanzando máximos en más de tres décadas. El efecto no solo golpea el bolsillo de los consumidores, sino también los costos logísticos y el precio de bienes y servicios.
En India, el impacto va más allá de los precios: la escasez de gas licuado obligó a miles de comercios y hogares a volver a combustibles alternativos como leña o diésel, evidenciando el nivel de disrupción en la economía real.
Algo similar ocurre en Nueva Zelanda, donde la gasolina subió hasta un 20% en menos de un mes y comenzó a haber faltantes en estaciones de servicio. En paralelo, aerolíneas como Air New Zealand ya trasladaron el aumento del combustible a las tarifas.
El sector aéreo, de hecho, funciona como termómetro inmediato de la crisis. En Europa, la aerolínea Scandinavian Airlines canceló más de 100 vuelos en países nórdicos por el fuerte incremento de costos. La advertencia es clara: si los precios del combustible siguen en alza, las interrupciones podrían multiplicarse.
Estados Unidos: subas récord y riesgo económico
En Estados Unidos, el precio promedio de la gasolina alcanzó los u$s 3,84 por galón, el nivel más alto desde 2023, tras subir un 29% en menos de tres semanas. En algunos estados, ya supera los u$s 5.
El impacto macroeconómico empieza a ser relevante. Según estimaciones privadas, si estos valores se sostienen, podrían sumar hasta u$s 100.000 M en costos adicionales para la economía estadounidense, afectando consumo, actividad y expectativas.
El mecanismo: energía cara, inflación y menor crecimiento
El proceso es conocido pero implacable. Primero sube el precio del petróleo por temor a interrupciones en la oferta. Luego se encarecen los combustibles derivados —nafta, diésel, queroseno— y, con ellos, el transporte de personas y mercancías.
Ese aumento se traslada a precios finales, generando inflación. Si los gobiernos intervienen con subsidios, crece la presión fiscal; si los bancos centrales reaccionan subiendo tasas, se enfría la actividad económica.
En este contexto, la energía vuelve a convertirse en el principal canal de transmisión de crisis globales, como ya ocurrió tras la invasión rusa a Ucrania en 2022.
Argentina: subas en surtidores y alerta inflacionaria
Aunque geográficamente distante, Argentina no queda al margen del shock. Según un relevamiento de la consultora EcoGo, los combustibles ya aumentaron cerca de un 9% desde el inicio del conflicto, impulsados por la suba del crudo internacional.
El dato no es menor: el precio del petróleo explica entre el 35% y el 40% del valor final en surtidor. Es decir, cualquier movimiento del barril tiene impacto directo en la economía local.
Incluso sin importar aún crudo a los nuevos valores, las petroleras —entre ellas YPF— comenzaron a ajustar precios mediante esquemas de “micropricing”, con subas graduales y segmentadas.
El riesgo es claro: si el barril se mantiene por encima de los u$s 100, el traslado a precios podría intensificarse en las próximas semanas, presionando aún más la inflación.
América Latina, entre oportunidad y riesgo
A diferencia de Asia o Europa, América Latina tiene una ventaja relativa: varios países son exportadores netos de energía. En ese contexto, precios más altos pueden mejorar los términos de intercambio y generar mayores ingresos por exportaciones.
Sin embargo, el beneficio es parcial. El encarecimiento de combustibles también impacta en costos internos, logística e inflación, lo que limita el efecto positivo.
Para Argentina, el escenario es ambiguo. Por un lado, un petróleo más caro mejora el ingreso de divisas vía exportaciones energéticas. Por otro, encarece el costo de vida y agrega presión sobre una inflación ya elevada.
Un escenario de alta volatilidad
Los analistas coinciden en que el mercado energético entró en una nueva fase dominada por la volatilidad. Aunque la liberación de reservas estratégicas por parte de la Agencia Internacional de la Energía busca contener los precios, su efecto sería limitado si el conflicto se prolonga.
El factor clave sigue siendo el mismo: la duración y escala de la guerra. Un conflicto acotado podría estabilizar los precios en torno a los u$s 80-u$s 90. Pero una escalada mayor -con ataques a infraestructura o un bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz- podría empujar el barril hacia niveles de tres dígitos sostenidos.
En ese escenario, el impacto global sería más profundo: más inflación, menor crecimiento y un nuevo reordenamiento del mapa energético mundial.
La dependencia de los combustibles fósiles
La crisis energética derivada de la guerra con Irán ha llevado a los responsables políticos de todo el mundo a replantearse las formas de reducir la dependencia a largo plazo de las importaciones de petróleo y gas, con propuestas para expandir la energía nuclear y las energías renovables, aumentar las reservas estratégicas y la producción nacional, y diversificar las fuentes de suministro extranjeras.
“La cuestión de la seguridad energética nunca ha sido tan acuciante como ahora. Hasta hace unas semanas, los mercados daban por sentados los recursos del Golfo. Eso no será así en el futuro”, declaró Geoffrey Pyatt, quien fue subsecretario de Estado para Recursos Energéticos durante la administración de Joe Biden y ahora es director gerente sénior de la consultora estadounidense McLarty Associates. Los países con mayor consumo energético del mundo vuelven a la mesa de diseño: Europa anunció la semana pasada nuevas garantías financieras para la energía atómica tras décadas de cierre de centrales nucleares. Otros grandes importadores planean abastecerse de combustible de una gama más amplia de proveedores para mitigar sus riesgos.
En un artículo oportuno sobre un posible bloqueo al estrecho de Ormuz, un departamento del organismo estatal de planificación de China, que define la estrategia económica del país, afirmó el primer día de la guerra que el país debería acelerar su transición hacia las energías renovables, así como ampliar sus reservas de emergencia y obtener más energía de proveedores alternativos.
“No solo China, sino todo el mundo”, los gobiernos “reconsiderarán sus cadenas de suministro de energía y sus sistemas de producción, y quizás presten más atención a la energía nuclear y limpia”, dijo a Reuters Wang Jin, investigador principal del Club de Diálogo Internacional de Beijing, un centro de estudios dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores.
China ya es la principal fuente mundial de tecnologías de energía limpia.
A corto plazo, las grandes naciones consumidoras han optado por una liberación coordinada de reservas de emergencia de tamaño récord, junto con las peticiones de los gobiernos, particularmente en Asia, para que los consumidores ahorren energía.
Alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado se ha visto bloqueado después de que Teherán cerrara de facto el estrecho de Ormuz, la principal vía de transporte de combustibles fósiles de Oriente Medio hacia los mercados mundiales. La Agencia Internacional de Energía lo ha calificado como la peor interrupción del suministro energético mundial de la historia. Los precios mundiales del crudo se han disparado por encima de los u$s 100 por barril.
Esta crisis se produce tras dos importantes trastornos energéticos ocurridos en la década de 2020: la invasión rusa de Ucrania en 2022 llevó a Europa a reducir drásticamente su dependencia de las importaciones rusas; y la pandemia de COVID-19 de 2020, que provocó una caída repentina y masiva de la demanda mundial de combustibles fósiles, seguida de un repunte para el que los principales productores mundiales no estaban preparados.
Asia obtiene la gran mayoría de sus importaciones de petróleo y GNL de Oriente Medio, lo que la convierte en la región más afectada tanto por el aumento de los precios como por la interrupción del suministro físico causada por el conflicto con Irán. (ámbito.com; 20/03/2026)

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