Javier Robeto: “El mercado validó rápidamente el gran potencial de Altar”
o.- En diálogo con el programa “Minería y Voz” de la Cámara Minera de San Juan, Javier Robeto, Country Manager de Aldebaran Resources, analizó los hitos recientes del proyecto calingastino. Con un financiamiento asegurado de 40 millones de dólares y una campaña de 45.000 metros de perforación en marcha, el directivo destaca la importancia del RIGI para garantizar la certeza jurídica que demandan los mercados internacionales.
Javier, Altar viene mostrando una actividad intensa. ¿En qué instancia técnica se encuentra el proyecto hoy y por qué decidieron extender la presentación de los nuevos expedientes?
Estamos en un momento clave de generación de información. Actualmente trabajamos en la prefactibilidad, incorporando datos de la campaña pasada que no llegaron a incluirse en la PEA (Evaluación Económica Preliminar). Decidimos extender los plazos para presentar algo mucho más sólido, ajustado a la realidad. Vamos a sumar cerca de 45.000 metros adicionales de perforación de la campaña actual. Queremos que el próximo hito, que es la actualización del recurso mineral, refleje fielmente el potencial del yacimiento.
Es importante aclarar que la PEA es un “primer pantallazo”, pero no el diseño final de la mina…
Exactamente. Como su nombre lo indica, es un estudio económico preliminar. Es un primer escenario de trabajo, pero de ninguna manera significa que la futura mina Altar será estrictamente lo que mostró la PEA. Sobre esa base se va perfeccionando, como ocurre en cualquier proyecto minero del mundo.
En charlas anteriores, Altar aparecía un paso detrás de gigantes como Los Azules o El Pachón. ¿Crees que el RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones) y su extensión de plazos por un año más acorta esa brecha y los pone en una situación de mayor paridad?
Sin dudas. Si logramos la aprobación bajo el RIGI, nos acerca radicalmente a nuestros vecinos. Sobre todo, ahora que tenemos un año más para poder aplicar al régimen. Cambia la economía del proyecto. Más allá del beneficio económico, lo transformacional es la certeza y previsibilidad jurídica. Aunque técnicamente seguimos unos años atrás —estimamos la prefactibilidad para 2027—, el RIGI nos permite avanzar a paso firme en un pórfido de cobre y oro que el mundo está demandando con urgencia.
Hablando de esa demanda, se estima que el mercado global necesitará decenas de nuevas minas de cobre que hoy no existen. ¿Estamos ante una oportunidad histórica para San Juan?
Totalmente. Hay que aprovechar las ventanas de oportunidad que nos da el mercado y el esfuerzo que está haciendo la Argentina para estabilizar su macroeconomía. No es un capricho de la empresa; es una necesidad de la sociedad argentina, del gobierno y del mundo. Todos queremos “montarnos a la ola” porque necesitamos que estos proyectos se transformen en producción real.
Para el ciudadano común: ¿Qué significa realmente que el RIGI le dé “seguridad” al inversor que debe poner miles de millones de dólares en Calingasta?
Significa reglas claras por 30 años. Este tipo de inversiones son multigeneracionales y requieren financiamiento de bancos o fondos internacionales. El RIGI garantiza que no te cambien las reglas del juego a mitad de camino y ofrece beneficios fiscales, como la baja en el impuesto a las ganancias y la libertad para girar utilidades. Sin esas garantías, es muy difícil conseguir los capitales necesarios para construir una mina de esta escala.
Javier, explicabas la importancia del RIGI. A veces se simplifica el tema de “sacar las ganancias al exterior”, pero en minería eso tiene una función financiera crítica, ¿no es así?
Totalmente. No es un capricho. Hay que girar utilidades para repagar las deudas millonarias que se toman para construir la mina y para pagar dividendos a los accionistas que apostaron por el proyecto. El RIGI permite un sistema escalonado para acceder a esas utilidades, lo que hace que el proyecto sea realmente viable para los inversores internacionales.
Hace poco hubo un movimiento que generó ruido: la salida de Rio Tinto (a través de Nuton). ¿Es cierto que ellos decidieron concentrarse solo en proyectos que ya están por empezar a producir?
Rio Tinto tuvo un cambio de CEO a nivel global con una impronta muy diferente. Decidieron redireccionar presupuestos y priorizar inversiones que estuvieran en la “línea de largada”, es decir, con decisión de construcción inmediata.
¿Cómo afectó ese anuncio al proyecto Altar en el corto plazo?
No voy a negar que al principio fue un baldazo de agua fría; la acción cayó un 30% en un día. Pero el efecto duró apenas cinco días. Para el quinto día, el precio ya se había recuperado e incluso superó el valor anterior. El mercado entendió que el proyecto sigue siendo el mismo; solo cambió un socio estratégico. Seguimos teniendo adentro a gigantes como South32 (Australia) y Route One (EE.UU.).
Sin embargo, esa salida significaba perder unos 30 millones de dólares que Rio Tinto debía transferir. ¿Cómo resolvieron ese bache financiero para seguir con la prefactibilidad?
Lo interesante es que, por estar en el lugar correcto en la era del boom del cobre, el mismo día que se supo lo de Rio Tinto, recibimos llamadas de otros grupos interesados. Evaluamos varias opciones, desde grupos nacionales hasta otras mineras grandes, pero finalmente optamos por un financiamiento tradicional a través de dos bancos canadienses bajo un acuerdo tipo Bought Deal.
¿Qué implica ese modelo de financiamiento para una empresa como Aldebaran?
Básicamente, los bancos nos aseguran un monto —en este caso, 40 millones de dólares— y ellos se encargan de ubicar esas acciones entre sus clientes e inversores. Esto nos da la tranquilidad de contar con el capital necesario para completar la prefactibilidad económica.
Para que la gente lo entienda, Aldebaran es una empresa “Junior”. ¿Qué la hace diferente a otras de su tipo?
Generalmente, las Juniors somos empresas pequeñas, fuertes en exploración, que luego buscan asociarse o vender el proyecto a una compañía grande para la producción. Pero Aldebaran es una “Junior rara”: en lugar de tener miles de pequeños accionistas, tenemos pocos, pero muy grandes y de mucho peso, como Route One (43%), South32 (14%) y Sibanye-Stillwater (14%). Somos una estructura pequeña con espalda de gigantes.
Para este año en Calingasta, ¿qué objetivos concretos tiene Altar? La gente a veces piensa que siguen descubriendo el lugar, pero están en una etapa mucho más fina.
Exacto, ya no estamos descubriendo cosas nuevas, sino perfilando lo que conocemos para que sea viable económicamente. Tenemos tres metas: primero, la perforación de relleno (in-fill) para dar certeza a la distribución del mineral. Segundo, la geotecnia, que es clave para que los ingenieros diseñen los ángulos del open pit y la futura explotación subterránea. Y tercero, iniciaremos la perforación hidrogeológica en el Valle de la Pantanosa.
Es fundamental ese último punto, porque mucho se habla del agua y es la minería la que termina aportando los datos científicos sobre nuestras cuencas…
Así es. No existen estudios hídricos profundos en esa zona más allá de estaciones básicas del Gobierno. Nosotros vamos a realizar una caracterización hídrica y geológica robusta de toda la cuenca de Altar. Esto permite hacer un balance hídrico serio, del cual también se nutren las reparticiones oficiales. La minería aporta conocimiento científico al territorio.
¿Crees que podrían tener noticias pronto sobre un nuevo socio estratégico?
Altar ya está bajo el radar de muchos grupos interesados. No sé si habrá noticias este mes o el siguiente, pero la agenda de reuniones está llena. Hay mucho interés en escuchar sobre las oportunidades de San Juan y específicamente del departamento Calingasta. Estamos en un “barrio” minero donde están Pachón y Azules, y el potencial de lo que existe alrededor es enorme. (Cámara Minera de San Juan)
