Inversión en exploración minera en Perú creció 30.9% en mayo 2026 hasta u$s 64M
o.- Perú. (Por Dante Corona). Minera Poderosa, Minsur y Antamina abrieron sus carteras en mayo de 2026 y los números lo confirman: la inversión en exploración minera en Perú alcanzó u$s64M ese mes, un salto de 30.9% frente al mismo período del año anterior. No es un rebote casual. Es la señal más concreta hasta ahora de que las empresas con proyectos reales en el país están apostando por el pipeline, incluso con el ruido político de fondo.
El dato que importa: velocidad, no solo tamaño
El crecimiento mensual también es revelador. Frente a abril de 2026 —cuando la exploración sumó u$s52— mayo registró un alza de 22.2%. Dos meses consecutivos con cifras sólidas, impulsados por tres compañías con perfiles muy distintos: Poderosa en oro aluvial y filones en La Libertad, Minsur en estaño y proyectos polimetálicos, y Antamina en una de las minas de cobre-zinc más grandes del mundo en Áncash. Que las tres estén invirtiendo al mismo tiempo no es coincidencia —es convergencia de estrategias de largo plazo.
El dato de Antamina tiene peso adicional. La mina operada por la joint venture entre Glencore, BHP, Teck y Buenaventura ya venía mostrando músculo operativo en 2026. Como reportó Minería en Línea, Glencore alcanzó 397,000 toneladas de cobre en el primer semestre de 2026, con Antamina como uno de los activos que contribuyó a ese desempeño. Que esa misma operación esté comprometiendo capital en exploración sugiere que los socios ven vida útil y potencial más allá del plan de minado actual.
Por qué Perú explora más: tres razones estructurales
El rebote no cae del cielo. Tres factores explican el momento.
Primero, los precios. El cobre cotiza por encima de los u$s4.50 por libra en el LME, y el oro se mantiene en rangos históricos cercanos a los u$s3,100 por onza. Con esas referencias, los proyectos que estaban en pausa por no cerrar la ecuación económica ahora sí tienen los números. El AISC de los proyectos peruanos de cobre de mediana escala ronda los US$2.80-3.20 por libra —margen suficiente para justificar exploración agresiva.
Segundo, el ciclo de precios lleva tiempo funcionando. Las decisiones de exploración no se toman de un mes para otro. El capital que se está ejecutando en mayo de 2026 corresponde a presupuestos aprobados en el segundo semestre de 2025, cuando los precios ya eran favorables. El rezago entre precio y exploración es real, y Perú lo está materializando ahora.
Tercero —y este es el punto más incómodo para el gobierno peruano— la exploración está creciendo a pesar del entorno político, no gracias a él. Las empresas que están invirtiendo son las que ya tienen concesiones, relaciones comunitarias establecidas y marcos legales resueltos. El capital greenfield, el que realmente amplía el inventario de recursos del país, sigue cauteloso.
Poderosa, Minsur y Antamina: tres apuestas distintas
Minera Poderosa opera en La Libertad, en la sierra norte del país, con un enfoque concentrado en oro de filón. Su incremento en exploración responde a una estrategia bien documentada de extensión de vida de mina —la compañía ha anunciado públicamente que busca mantener reservas por encima de los 10 años de producción. En un contexto de oro alto, cada metro perforado tiene un retorno potencial más claro.
Minsur trae una lógica diferente. La productora de estaño de San Rafael —la mina de estaño más rica del mundo por ley— está explorando tanto en extensiones de sus operaciones actuales como en proyectos cupríferos a través de su subsidiaria Marcobre, que opera Mina Justa en Ica. La diversificación de cartera es la clave: Minsur sabe que el estaño es un mercado estrecho y está construyendo exposición a cobre para el mediano plazo.
Antamina es la historia más compleja. La mina de Áncash produce cobre, zinc, plomo, plata y molibdeno, y su vida de mina estimada se extiende hasta bien entrada la próxima década. Pero las minas polimetálicas de alta ley como Antamina requieren exploración continua para sostener las tasas de alimentación a planta. El capital de exploración aquí no es apuesta —es mantenimiento de activo.
La cartera pendiente: u$s53,000M esperando
Perú tiene identificada una cartera de proyectos mineros que supera los u$s53,000M. El número circula en documentos del Ministerio de Energía y Minas desde hace años, con variaciones menores según la metodología de cálculo. El problema no es el inventario —es la tasa de conversión de ese inventario a producción real.
Tía María lleva más de una década en el limbo. Conga nunca salió de él. Las Bambas opera, pero con interrupciones recurrentes por conflictos en el corredor sur. Estos no son proyectos marginales: son activos de escala mundial que, sumados, representarían varios puntos porcentuales adicionales en la participación global de Perú en la producción de cobre.
El crecimiento de exploración de mayo de 2026 no resuelve ese problema estructural. Pero sí alimenta el pipeline en la etapa más temprana —la que en diez años puede generar los proyectos que hoy no están en ninguna cartera. La exploración que se hace hoy en La Libertad o en Áncash es el prefactible que alguien leerá en 2031.
La comparación regional que Perú no puede ignorar
Chile, el primer productor mundial de cobre, también está en un ciclo activo de exploración, con énfasis en litio y en la extensión de vida de sus grandes operaciones del norte —Escondida, Collahuasi, El Teniente. Argentina, por su parte, viene atrayendo flujos crecientes gracias al RIGI, el régimen de grandes inversiones que ofrece estabilidad fiscal por 30 años a proyectos cupríferos y de litio. Ecuador consolida Mirador y avanza en Cascabel.
Perú compite en ese contexto con ventajas geológicas indiscutibles, pero con desventajas institucionales que los inversionistas ya tienen mapeadas. El World Gold Council y el USGS coinciden en que Perú mantiene uno de los mejores inventarios geológicos no desarrollados de América del Sur. La pregunta que cada director de exploración en Lima o Toronto se hace no es si hay mineral —es si habrá condiciones para sacarlo.
Lo que el dato de mayo dice sobre el resto de 2026
Si Perú sostiene un ritmo cercano a los uSs$60M mensuales en exploración durante el segundo semestre, el año cerraría por encima de los u$s700M totales —un nivel que no se veía desde antes del ciclo de conflictividad social intensificada. No es garantía: la exploración peruana tiene historial de concentrarse en los meses centrales del año y caer en el último trimestre por factores climáticos y presupuestarios.
Pero el punto de partida es sólido. Tres operadores con musculatura financiera y proyectos activos están comprometiendo capital. Los precios les dan margen. Y el mercado, que lleva meses leyendo a Perú con cautela institucional, tiene ahora una cifra concreta para recalibrar esa lectura.
U$s64M en un mes no transforma un país. Pero sí cambia la conversación sobre su pipeline. (Minería en Línea)
