Industrial Cerro Blanco y su apuesta por la minería sustentable a través de los caminos mineros de San Juan
o.- En el marco del programa “Minería y Voz”, Norberto Mangin, Gerente de Desarrollo de Industrial Cerro Blanco, presentó la alianza estratégica con la firma sudafricana PolyRoad. La empresa sanjuanina introduce en el país una solución basada en polímeros que promete mayor durabilidad en los caminos mineros, eliminando los daños por oxidación que generan los métodos tradicionales.
Norberto, Industrial Cerro Blanco es un nombre de peso en San Juan, muy vinculado a la industria y la construcción. ¿Cómo ha sido la evolución de la empresa hacia servicios especializados para la minería?
Así es. Somos una empresa familiar local con una base sólida en la importación de cemento portland blanco y aditivos químicos para la construcción. Sin embargo, nuestra cercanía con la minería nos llevó a evolucionar. Primero, establecimos acuerdos para el tratamiento de minerales y equipos de planta, y recientemente dimos un paso clave en el desarrollo de infraestructura vial minera mediante una alianza estratégica con PolyRoad, una firma de Johannesburgo, Sudáfrica, líder en tratamientos de caminos y supresión de polvo.
En el sector minero, el mantenimiento de los caminos es un desafío constante por el clima y el peso de la maquinaria. Ustedes están introduciendo una tecnología que es inédita en Argentina, ¿de qué se trata exactamente?
Como parte de mi función en la Gerencia de Desarrollo, buscamos innovaciones que resuelvan problemas históricos. En Argentina, lo más común para consolidar caminos o suprimir el polvo es el uso de la bichofita (cloruro de magnesio). Nosotros estamos proponiendo reemplazar esa sal por polímeros de base acuosa. Es un cambio de paradigma: pasamos de un método químico salino a uno de ligación elástica.
Para los que no son especialistas, ¿qué son estos polímeros y cómo actúan sobre el suelo del camino?
Para bajarlo al llano: los polímeros son cadenas de elementos orgánicos, similares a los que se usan para fabricar revestimientos o pinturas. Este producto se disuelve en el agua y se aplica mediante un riego convencional sobre el camino. A medida que el agua se evapora y el suelo seca, el polímero endurece y forma cadenas elásticas que aglomeran y “ligan” las partículas del suelo de forma permanente.
Históricamente se usó la sal porque es económica y conocida. ¿Cuál es la ventaja comparativa real de este polímero frente a la bichofita?
La diferencia es técnica y económica a largo plazo. La bichofita necesita humedad constante para mantener los cristales que sujetan el suelo; si dejás de regar, el camino se desprende y pierde efectividad. Pero el problema mayor es la corrosión. Al ser un cloruro (una sal), la bichofita ataca ferozmente el hierro y los metales de los vehículos. Cualquier camioneta o camión fuera de ruta que circule por caminos tratados con sal sufre una oxidación acelerada en sus chasis. Nuestro polímero no solo es más efectivo para estabilizar, sino que es totalmente inerte: elimina el riesgo de oxidación del equipamiento.
Es decir que el beneficio no es solo tener un camino mejor consolidado, sino también proteger la inversión en la flota de vehículos de las mineras.
Exactamente. Es una mejora integral. El producto de PolyRoad permite que el camino sea más resistente, reduce la necesidad de mantenimiento constante y, sobre todo, cuida el patrimonio de la empresa al evitar el deterioro por corrosión. Es tecnología sudafricana probada en los entornos más exigentes, que ahora estamos orgullosos de representar aquí en San Juan.
Mencionaste que este producto, llamado Soiltech III, pertenece a una “tercera generación”. ¿Qué papel juega la nanotecnología en este avance y cómo cambia la estructura del camino?
Exactamente. La gran innovación de Soiltech III es la introducción de nanopartículas. Estas partículas son tan pequeñas que logran una penetración profunda, llegando incluso por debajo de la subbase del camino. Esto genera una consolidación mucho más robusta que los métodos anteriores. En la práctica, lo que obtenemos es una superficie de rodamiento endurecida, con una apariencia y resistencia similar a la de un asfalto convencional, pero sin los costos ni la complejidad de este.
Justamente hace poco hablamos con expertos locales sobre cómo la nanotecnología está llegando a toda la cadena minera. ¿Ustedes ya la aplicaban en otras áreas?
Sí, en Industrial Cerro Blanco ya tenemos experiencia. La usamos en nuestra línea de cementos para lograr hormigones de ultra alta resistencia —llegando a los 1.000 kg por centímetro cuadrado—. Ahora, trasladar esa misma precisión científica a la estabilización de caminos es un salto lógico y necesario para la minería actual.
En cuanto a la aplicación, ¿requiere maquinaria especial o personal altamente capacitado de afuera?
Esa es la ventaja: se utiliza el sistema convencional. Se realiza el escarificado de la traza, se aplica el polímero mediante riego y se compacta. En 24 horas, el camino ya está consolidado y listo para el tránsito pesado. Es una solución de implementación rápida que no detiene la operatividad de la mina.
Un tema crítico en San Juan es el agua. ¿Cómo impacta esta tecnología en el consumo hídrico de un proyecto minero?
El impacto es enorme y positivo. Con el sistema tradicional de sal, necesitás un riego permanente para que el camino no se desgrane. Con este polímero, hacés una aplicación en la base y otra en la capa de rodamiento, y te olvidás. Pasamos de un riego diario a un mantenimiento que puede espaciarse entre uno y tres años. Estamos eliminando la necesidad de regar caminos todos los días, lo cual es un ahorro de agua fundamental para la sostenibilidad ambiental.
Hablemos de los grandes números. Con la llegada de los proyectos de cobre y el tránsito de cientos de camiones diarios, ¿Cuál es el beneficio económico real de abandonar la sal?
Hay que mirar la amortización de los activos. Un camión minero está calculado para una vida útil de, supongamos, cinco años. Pero si lo hacés circular sobre caminos tratados con sal, a los tres años el chasis y los componentes están destruidos por la corrosión. Si multiplicás ese desgaste acelerado por una flota de 200 o 300 camiones, la pérdida de capital es millonaria. El costo de aplicar polímeros se recupera con creces solo con extender la vida útil de los equipos y reducir el mantenimiento hídrico.
Para cerrar, ¿en qué etapa están actualmente? ¿Ya hay experiencias cercanas en la región?
Estamos trabajando muy de cerca con la base de Chile, donde ya se está aplicando en caminos rurales del sur y ha comenzado el reemplazo de la bichofita en caminos mineros con gran éxito. Nuestro objetivo es que las operadoras en San Juan vean estos resultados y entiendan que estamos trayendo una solución que cuida el ambiente, cuida sus equipos y optimiza sus costos operativos.
Estaba leyendo sobre casos de éxito en minas de níquel en Sudáfrica donde el uso de este producto aumentó la resistencia estructural del camino en un 200%, soportando camiones de hasta 300 toneladas. ¿Cómo garantizan que esos resultados se repliquen en la geografía de San Juan?
El secreto está en la ingeniería de base. No solo entregamos el producto; brindamos asistencia técnica a la empresa vial encargada de la construcción. Realizamos análisis de la base del terreno y ensayos mecánicos de suelos para determinar la compactación óptima. Todo es medible. El polímero Soiltech III permite alcanzar propiedades de resistencia que la sal simplemente no puede ofrecer, asegurando que el camino soporte el tránsito pesado de manera sostenida en el tiempo.
Estamos en un momento de mucha formación y debate tecnológico en la provincia, como el reciente Hackathon de la Universidad. ¿Sientes que estamos rompiendo finalmente con métodos antiguos en la industria?
Definitivamente. Yo digo que estamos en la minería del siglo XXI pero, en algunos aspectos, seguimos usando compuestos del siglo XIX. Ya transitamos el primer cuarto de este siglo y debemos estar a la altura con profesionales que se capaciten permanentemente. La innovación no es solo una palabra; es resolver problemas de polvo, logística y seguridad con tecnología.
Hablando de seguridad, un tema que preocupa en las rutas mineras es el clima. ¿Cómo reacciona este polímero frente a las lluvias, comparado con el tratamiento tradicional?
Es una diferencia crítica. Cuando un camino tratado con sal se moja, se vuelve extremadamente resbaladizo, lo que representa un peligro real para los conductores. El polímero, al formar una estructura sólida y elástica, no resbala. Resiste la lluvia sin perder sus propiedades ni convertir el camino en un jabón. Es un salto cualitativo en seguridad vial para el operario.
Seguramente quienes nos escuchan se preguntan por el costo. Si comparamos el precio del producto frente a la sal, ¿es mucho más caro?
Hay que cambiar la mentalidad. Si comparamos el valor del litro frente al kilo de sal, obviamente la tecnología superior tiene otro precio. Pero el análisis correcto es el de costo-solución. Como mencionaba antes, el mayor interesado aquí debería ser el transportista: si tu unidad se destruye antes de tiempo por la corrosión o si gastás fortunas en riego diario, tu costo de transporte real se dispara. El polímero es una inversión que se paga sola al reducir el mantenimiento, ahorrar agua y duplicar la vida útil de los equipos.
Norberto, un placer conocer estas soluciones que ya están disponibles para el mercado local. Gracias por acompañarnos en “Minería y Voz”.
Gracias a ustedes. Es fundamental transmitir este conocimiento. En Industrial Cerro Blanco estamos convencidos de que este es el camino para una minería más eficiente, segura y amigable con nuestro entorno en San Juan. (Cámara Minera de San Juan)
