Glaciares y Distrito Vicuña desafían millonarios proyectos mineros de alta montaña en Chile-Argentina
o.- La minería en altas montañas de Chile y Argentina puede convivir con la protección de glaciares si los proyectos incorporan rigor técnico, principios de sostenibilidad, evidencia científica, monitoreo y gestión adaptativa, según Pablo Balart, director de línea de servicios para Latinoamérica y líder en ciencias de la tierra en SLR Consulting.
Mientras una reformada Ley de Glaciares en Argentina desata polémica, y en Chile se analiza una posible nueva legislación específica, Balart aborda en esta entrevista con BNamericas, los retos que enfrentan proyectos mineros como el Distrito Vicuña en la frontera binacional.
Además, revela por qué una cartera de iniciativas superior a US$70.000 millones corre el riesgo de no materializarse por la amenaza de impactos sobre las masas de hielo.
BNamericas: ¿Sería conveniente que Chile implementara una Ley de Glaciares, similar a la que puso en marcha Argentina?
Balart: Chile no cuenta con una Ley de Glaciares, pero sí con un marco de protección que incluye la Ley 19.300, el SEIA [Servicio de Evaluación de Impacto Ambiental] y el Inventario Nacional de Glaciares. A diferencia de Argentina, que adoptó un enfoque normativo más rígido, Chile ha privilegiado una aproximación técnica y adaptativa basada en estudios y monitoreo. Avanzar hacia una ley podría ser positivo para dar mayor certeza regulatoria, siempre que se mantenga la flexibilidad necesaria para compatibilizar la protección de los glaciares con el desarrollo de actividades estratégicas.
BNamericas: ¿Cuáles son los principales desafíos de desarrollar proyectos mineros en zonas de alta montaña, como la Cordillera de Los Andes?
Balart: En Chile, y en general en la cordillera de los Andes, una parte importante de los proyectos mineros se desarrolla en zonas de alta montaña, muchas veces en proximidad a glaciares, ecosistemas cordilleranos y humedales de altura. Estos territorios concentran recursos minerales estratégicos, pero también sistemas hídricos de alta importancia, lo que vuelve su desarrollo particularmente desafiante desde el punto de vista ambiental, social y técnico.
Operar en estos entornos implica intervenir ecosistemas sensibles y dar respuesta a la creciente preocupación pública por la seguridad hídrica, ecosistémica y social, además de responder a marcos regulatorios cada vez más exigentes. Abordar estos desafíos requiere ir más allá del cumplimiento normativo: demanda conocimiento técnico especializado, estudios glaciológicos e hidrológicos avanzados, monitoreo permanente y enfoques de gestión adaptativa, junto con un diálogo temprano y transparente en los territorios.
BNamericas: Glaciólogos, como Alexander Brenning y Guillermo Azócar, han advertido graves impactos, como la pérdida de masa glaciar, debido a la actividad minera de las operaciones de cobre Los Pelambres, División Andina y Los Bronces, y también del invalidado proyecto Pascua Lama. ¿Concuerdas con sus conclusiones?
Balart: Existe evidencia científica sobre impactos de la minería en glaciares, especialmente en etapas históricas con menores estándares regulatorios. Sin embargo, no todos los casos son comparables, ya que los resultados dependen de las condiciones locales, del diseño del proyecto y del nivel de control ambiental. Lo relevante es que estos antecedentes han permitido elevar el estándar de la industria hacia modelos más exigentes.
BNamericas: ¿Qué perspectivas tienes de la conformación del Distrito Vicuña con características mineras de gran escala en la Cordillera de los Andes, en la frontera entre Chile y Argentina?
Balart: El distrito Vicuña se perfila como uno de los proyectos mineros más relevantes a nivel global, con una vida útil estimada superior a 70 años. No será una sola operación minera, sino un clúster de yacimientos de gran escala, como Josemaría y Filo del Sol, que se planifican bajo una visión común. Este enfoque permite capturar economías de escala, optimizar el desarrollo de infraestructura y consolidar un polo minero con impactos para Argentina y Chile.
No obstante, enfrenta un desafío clave: lograr un adecuado equilibrio entre la actividad minera y la gestión de recursos hídricos en un entorno de alta aridez, con fuerte dependencia de glaciares y ecosistemas de alta montaña particularmente frágiles. Los principales riesgos ambientales: la afectación de la disponibilidad y calidad del agua, y el impacto sobre glaciares y sistemas periglaciales. Se requiere una adecuada gestión de residuos mineros, especialmente relaves, para evitar riesgos de contaminación.
BNamericas: ¿Qué proyectos en carpeta del Distrito Vicuña avanzan en línea con las normativas y estándares medioambientales de la minería internacional?
Balart: El proyecto Josemaría es el único que avanza de manera clara. Otros, como Filo del Sol y Lunahuasi van en la misma dirección, pero se encuentran aún en etapas más tempranas de desarrollo o sin contar con una validación ambiental completa. Por lo tanto, su alineamiento con estándares internacionales es todavía parcial.
A nivel general, el distrito Vicuña evidencia un esfuerzo por alinearse con los principales marcos internacionales en materia ambiental, social y gobernanza (ESG), como los principios del International Council on Mining and Metals (ICMM), los IFC Performance Standards del Banco Mundial, los UN Guiding Principles on Business and Human Rights, entre otros.
BNamericas: En una columna mencionaste que la expansión minera en la Cordillera de los Andes tensiona la viabilidad de una cartera de proyectos que supera los US$70.000 millones en Chile. ¿Cuáles son esas iniciativas y por qué existe tensión?
Balart: El proyecto de nueva concentradora de BHP en Minera Escondida, el Desarrollo Futuro DMH de Codelco, la expansión y continuidad operacional de Minera El Abra y proyectos de desalación e infraestructura hídrica impulsados por ACADES, entre otros. La principal tensión es que la expansión de la industria está avanzando sobre zonas cordilleranas donde existen glaciares y ecosistemas que son fundamentales para el equilibrio hídrico del país.
La preocupación es que un mal diseño de los proyectos puede generar impactos sobre los ecosistemas, acelerar el derretimiento de glaciares por material particulado, alterar flujos de agua o afectar la dinámica térmica. Pero, como esto ocurre en medio de una creciente demanda mundial por cobre, litio y otros minerales críticos debido a la transición energética y la electrificación global, hoy la discusión ya no pasa tanto por si se puede hacer minería en alta montaña, sino por cómo se desarrollan esos proyectos y qué nivel de monitoreo, modelación y mitigación se incorporan desde etapas tempranas.
BNamericas: ¿Cuál es la gravedad de los impactos directos sobre los ecosistemas de glaciares, y cómo se pueden mitigar?
Balart: La deposición de material particulado sedimentable sobre los cuerpos podría acelerar procesos de derretimiento, mientras que la generación de vibraciones asociadas a actividades mineras podría afectar la estabilidad física, modificando geomorfológicamente los cuerpos glaciales próximos. Se podrían sumar impactos indirectos, como potenciales alteraciones en el balance hídrico, con efectos que trascienden al glaciar y alcanzan a sistemas naturales ecosistémicos y sociales dependientes de esos sistemas hídricos.
Abordar estos desafíos requiere más que el cumplimiento normativo: demanda conocimiento técnico especializado, estudios glaciológicos e hidrológicos avanzados, monitoreo permanente y enfoques de gestión adaptativa, junto con diálogo temprano y transparente en los territorios.
BNamericas: Considerando la escasez hídrica que afronta Chile, y que los glaciares son grandes reservas naturales de agua dulce, ¿hacia dónde debe dirigirse la discusión técnica sobre minería de alta montaña?
Balart: La discusión no debe plantearse como una disyuntiva entre glaciares o minería, sino en cómo compatibilizar protección ambiental, desarrollo económico y transición energética sobre la base de ciencia, regulación y capacidades técnicas. La minería en alta montaña puede ser compatible con la protección de glaciares, pero no en cualquier condición. La clave está en cómo, dónde y bajo qué exigencias se desarrollan los proyectos.
Existe consenso sobre la necesidad de proteger glaciares y el ambiente periglacial, tanto por su rol en el abastecimiento de agua como en el equilibrio de los ecosistemas de montaña. También es importante reconocer que la minería debe ser parte de la solución, aportando información científica, capacidades de monitoreo y estándares de gestión que permitan una mejor comprensión y protección de esos sistemas. Hay que encontrar un equilibrio: evitar enfoques excesivamente permisivos que puedan comprometer sistemas hídricos de alta importancia, al igual que evitar marcos demasiado rígidos que limiten la evaluación de cada caso y generen incertidumbre regulatoria.
A nivel técnico la tendencia es avanzar hacia modelos basados en evidencia, considerando: líneas de base glaciológica de alta resolución; monitoreo continuo de variables clave; y enfoques de gestión adaptativa que permitan ajustar medidas en función del comportamiento de los sistemas.
No se puede perder de vista que minerales como el cobre y litio de Chile son esenciales para la transición energética global. Por lo tanto, desarrollar minería responsable en alta montaña contribuye a los objetivos de descarbonización y sostenibilidad a nivel global. Más que prohibir o permitir, el foco debe estar en asegurar proyectos técnicamente sólidos, ambientalmente responsables y capaces de demostrar, con evidencia, que sus impactos pueden ser adecuadamente gestionados en el largo plazo. (BNamericas)
