Escondida visitada por periodistas argentinos

Escondida visitada por periodistas argentinos

La mina de cobre más grande del mundo, un desafío para la Argentina
o.- Antofagasta, Chile. (Sofía Diamante) Escondida, la operación de BHP en el norte de Chile, muestra que el país tiene una oportunidad con ese mineral; para eso, debe mejorar su infraestructura vial y eléctrica. BHP La Escondida generó 25% de todo el cobre que produjo Chile en 2025
El micro sube durante casi tres horas por una ruta asfaltada, sin un solo pozo, hasta los 3100 metros de altura. Es invierno, pero no hay nieve. Antofagasta está a una latitud similar a la de San Salvador de Jujuy, mucho más al norte que San Juan, hoy el centro operativo del cobre argentino. A los costados del camino no crece vegetación –es puro desierto rocoso–, pero sí hay algo que no falta nunca: líneas de alta tensión que acompañan cada tramo de la ruta, paneles solares y aerogeneradores que abastecen de electricidad renovable a las operaciones mineras. Ese paisaje, tan distinto al que rodea a los proyectos de cobre en la Argentina, es la postal de un país que empezó a invertir en su infraestructura minera hace más de tres décadas.
El destino es Escondida, la mina de cobre más grande del mundo, operada por la australiana BHP, la misma compañía que desde abril de 2024 tiene el 50% del proyecto Vicuña en la Argentina, tras comprárselo a la canadiense Lundin Mining por u$s 3250M.
Escondida sola aportó el 25% de todo el cobre que produjo Chile en 2025 y exportó el año pasado alrededor de u$s 14.500M. El país trasandino vendió al exterior u$s 58.000 M en cobre en 2025 y u$s 63.000 M si se suma el resto de la minería, una cifra similar a la que exporta todo el complejo agroindustrial argentino, que ronda entre u$s 55.000 y u$s 60.000M/a.
La escala de la operación es difícil de dimensionar sin verla. El rajo principal –la mina a cielo abierto, el open pit– tiene 3,5 kilómetros de largo, 2 kilómetros de ancho y 900 metros de profundidad, y todo el distrito minero ocupa una superficie similar a la de la ciudad de Santiago o a la de Singapur.
La propiedad de Escondida está repartida entre BHP (57,5%), Rio Tinto (30%) y un consorcio de empresas japonesas –Mitsubishi Corporation, JX Nippon Mining & Metals Corporation y Mitsubishi Materials Corporation– que controla el 12,5% restante.
Arrancó a producir en 1991 y todavía le quedan, según estiman en la compañía, 80 años de vida útil. Con un solo día de producción de sus tres plantas concentradoras, Escondida obtiene el cobre necesario para fabricar 25.000 autos eléctricos. No es un dato menor. La demanda mundial de ese material viene creciendo de la mano de la electrificación -un auto eléctrico consume el doble de cobre que uno a combustión- y de la construcción de centros de datos para inteligencia artificial. En BHP proyectan que, hacia 2050, la demanda global de cobre será 70% más alta que la actual.
La comparación con la Argentina, que no produce cobre desde 2018, empieza mucho antes de llegar a la mina. Para acceder a Escondida hay que volar dos horas entre Santiago y Antofagasta –hay 30 vuelos diarios entre ambas ciudades, contra los casi cuatro que hoy conectan Buenos Aires con San Juan– y después tomar un micro por una ruta pavimentada. Para llegar a Vicuña, el proyecto de cobre que BHP y Lundin Mining desarrollan en San Juan, el viaje en micro dura 10 horas y la altura supera los 4000 metros, con nieve en invierno.
El contraste no es solo geográfico. En Chile, gran parte del recorrido tiene caminos asfaltados y líneas de alta tensión; en la Argentina, todavía hay tramos de ripio, lo que encarece el recambio de neumáticos y alarga los tiempos de viaje, y las minas de cobre en construcción se abastecen con grupos electrógenos y diésel, porque todavía no llegó el tendido eléctrico de alta tensión.
Esa diferencia tiene una explicación histórica. A partir de la década de 1990, Chile hizo una inversión fuerte en infraestructura vial y eléctrica a través de licitaciones privadas, un proceso costoso en su momento, pero que hoy permite que la conexión eléctrica y los caminos pavimentados lleguen a prácticamente cualquier punto de la cordillera. La comparación, de todos modos, tiene una salvedad: Escondida lleva 36 años de operación, mientras que los proyectos argentinos, como Vicuña, todavía están en etapa de preconstrucción. Aun así, en la industria remarcan que ambos países comparten la misma cordillera –y, en muchos casos, los mismos yacimientos binacionales–, por lo que la brecha de infraestructura, más que geológica, es una diferencia de décadas de política pública.
Puertas adentro, Escondida funciona como una pequeña ciudad a 3100 metros de altura. Viven allí 10.000 personas, entre 4000 empleados directos y 6000 que trabajan a través de contratistas. El 45% de la dotación son mujeres, que además ocupan el 51% de los puestos de liderazgo, y un 11% de los trabajadores pertenece a pueblos originarios. Chile es hoy el país con mayor participación femenina en minería del mundo, con el 23% de la fuerza laboral del sector, por delante de Australia. En la Argentina, ese número ronda el 12%, y en la industria coinciden en que el desafío no es tanto atraer talento femenino, sino cómo retenerlo.
El proceso productivo combina dos caminos según el tipo de mineral. Los sulfuros se procesan por flotación en las plantas concentradoras y se convierten en concentrado de cobre, que viaja como una pulpa con 35% de agua por un mineraloducto de 170 kilómetros hasta el puerto Coloso, en Antofagasta. Los óxidos, en cambio, se procesan por lixiviación y electro-obtención y se transforman directamente en cátodos de cobre de alta pureza, con los que se arman planchas de entre 80 y 90 kilos cada una. Desde Coloso, el concentrado sale hacia Asia –principalmente China, Corea, India y Japón–, un viaje marítimo de unos 40 días, a razón de un buque cada tres días y medio. Solo en 2025, la compañía pagó más de u$s 4000 M en impuestos y regalías en Chile.
Toda la operación depende del agua de mar. Desde 2019, Escondida cerró sus últimos pozos de agua continental y hoy se abastece en un 100% con agua desalinizada, un proceso que empezó en 2006 y se amplió en 2016 y 2018. Usar agua desalada cuesta hasta cinco veces más que el agua subterránea, principalmente por el consumo eléctrico, dado que solo la desalinización representa un 30% de toda la energía que demanda Escondida, que a su vez equivale al 6% del consumo eléctrico de todo el sistema nacional chileno. La inversión en la planta desaladora fue de US$4000 millones. Chile, en conjunto, se propuso que para 2034 el agua de mar represente el 66% del consumo minero del país, contra el 43% actual; hace apenas 11 años, más del 90% del agua que usaba la minería chilena provenía del deshielo.
El otro desafío, común a todas las minas maduras del mundo, es que cada vez cuesta más sacar el mismo cobre: los rajos son más profundos, las leyes del mineral –la pureza– caen y hace falta procesar más toneladas de roca para obtener la misma cantidad de metal. Para sostener la producción, BHP anunció un plan de inversiones superior a los u$s 10.000 M para la próxima década en Escondida, que incluye una nueva planta concentradora que reemplazará a la histórica Los Colorados, en operación desde 1989, además de mejoras en la lixiviación.
En el rajo Escondida Norte, la operación es 100% autónoma desde hace cinco años. Hay 33 camiones y 11 perforadoras que se manejan a distancia por una ruta virtual, y la compañía prevé duplicar la flota a 66 camiones para consolidar la que sería la operación autónoma más grande del mundo.
La compañía, que tiene 90.000 empleados en el mundo y 140 años de historia, lleva 35 años en Chile, uno de los países centrales de su portafolio junto a Australia. En la Argentina, en cambio, recién empezó a operar hace poco más de dos años.
Ese desfase temporal es, para la industria, el dato que mejor resume la oportunidad y el desafío argentino: el cobre está, la cordillera es la misma y la demanda mundial va a seguir creciendo, pero la infraestructura, la escala y hasta la cultura minera todavía tienen tres décadas de diferencia. (La Nación; Buenos Aires, 04/08/2026)

La mayor mina de cobre está en Chile y es espejo para Argentina
o.- Antofagasta. (Sabrina Pont-enviada especial) Se encuentra en el desierto de Atacama y su dueña es socia en el proyecto minero más grande en San Juan. La compra local y el uso del agua de mar.
“La mina está viva”, dijo un vocero de Escondida, apenas recibió a Clarín en Antofagasta, en el norte de Chile, para una visita por la operación. Cada día, según detalló, “se mueven toneladas de material equivalentes a 11 veces el cerro San Cristóbal”, la postal de Santiago de Chile de más de 880 metros de altura. La frase sin exagerar cobra sentido cuando aparecen los números. Escondida, propiedad de la australiana BHP (57,5%), Río Tinto (30%) y las firmas JECO Corp. y JECO 2 Ltd. (12,5% combinado), produjo 1,26 millón de toneladas de cobre en 2025, más del doble que la segunda mina productora del ranking global. Vicuña, la mayor inversión minera proyectada en el país del joint venture entre BHP y la canadiense Lunding Mining, prevé alcanzar en San Juan un tercio de esa cifra de producción.
Es, por amplio margen, la mina de cobre más grande del mundo y ocupa 40.000 hectáreas del desierto de Atacama, a 3.100msnm, a apenas 90 km la frontera argentina. Su impacto va mucho más allá del cobre que exporta al mundo por u$s 14.000 M/a.
En 2025, pagó en impuestos y royalty al Estado chileno más de u$s 4.300M, emplea a 10.000 personas y compró bienes y servicios a 1.892 proveedores por un total de u$s 5.427M. Según indicó la minera a Clarín, el 95% son empresas de Chile.
Desde 2019, Escondida, tiene un “Programa de Compra Local” por iniciativa empresarial -no tiene obligación por ley- que favorece a pymes de la zona, como el pago a siete días. En Argentina, en cambio, el RIGI pide un piso de 20% de compre nacional y Salta, Catamarca y San Juan, que aún no producen, pero tienen proyectos de cobre, avanzaron con normativas que obligan entre un 70% y 60% de compre provincial.
El peso económico también se ve puertas afuera de la mina: Antofagasta, ciudad industrial de 400.000 habitantes, tiene hoy 30 vuelos diarios. En Argentina, sin contar Buenos Aires, solamente Bariloche tiene un nivel de conectividad aérea cercano a esa cifra.
Escondida opera con dos rajos, de donde se extrae el mineral: el principal mide 3,5 km de largo, 2 km de ancho y 900 m de profundidad, la operación a cielo abierto más profunda de Chile.
Arrancó en 1991 con una sola concentradora, en 2015 sumó dos plantas más y se convirtió en la primera mina del mundo en operar tres concentradoras a la vez, con una capacidad combinada de 460.000 toneladas diarias: cobre suficiente, según la empresa, para fabricar 25.000 autos eléctricos.
El 80% de esa producción sale como concentrado, que viaja hasta Puerto Coloso por un mineroducto de 170 km -una obra que revolucionó la minería cuando se inauguró en los 90- y transporta unos 4 M/t/a. El 20% restante se procesa como cátodos, planchas de cobre casi listas para uso industrial, que recorren 216 km en tren hasta el puerto de Antofagasta.
Con más de tres décadas en producción, el mineral que queda tiene cada vez menos cobre por tonelada de roca, lo que encarece la operación. Para compensarlo, BHP anunció un plan de inversión de u$s 10.000 M para la próxima década, más de lo que tiene comprometido con un RIGI en San Juan la firma Vicuña para los proyectos Josemaría y Filo del Sol.
El plan para el futuro de Escondida, que incluye la instalación de una nueva planta concentradora, no es de crecimiento, aclaran en la empresa, sino una apuesta para sostener la producción en los niveles actuales en una vida útil proyectada de 80 años más, en un mundo que va a necesitar un 70% más de cobre hacia 2050. El agua y la energía, se llevan otro capítulo. Desde 2021, el 100% de la energía de Escondida es renovable -consume el 6% del total que consume Chile-, y desde 2019 no usa una sola gota de agua subterránea: todo proviene de la desalinización de agua de mar.
Para tener en cuenta
95% de los proveedores de La Escondida en Chile son locales. La mina pagó u$s 4.300 M en impuestos en 2025. (Clarín, Buenos Aires, 04/08/2026)

Lo que San Juan puede aprender de Escondida, la mina de cobre más grande del planeta
o.- La periodista de Canal 13 San Juan, Carolina Putelli, recorrió el complejo minero ubicado en Antofagasta, Chile. Con dos gigantescos yacimientos a cielo abierto, una producción equivalente al 5% del cobre mundial y una planta desalinizadora propia, Escondida aparece como un anticipo de lo que podría desarrollarse en Argentina.
La mina Escondida, ubicada en la región chilena de Antofagasta, es el mayor complejo productor de cobre del planeta y representa un modelo que muchos especialistas observan como referencia para el futuro de la minería argentina. Allí estuvo la periodista de Canal 13 San Juan, Carolina Putelli, quien realizó una visita exclusiva para conocer de cerca el funcionamiento del proyecto operado por BHP.
Con una producción que equivale al 5% del cobre mundial, Escondida se consolidó como el principal yacimiento de este metal a nivel global. El complejo cuenta con dos minas a cielo abierto (open pit), una de las cuales alcanza aproximadamente 2,7 kilómetros por 3 kilómetros de superficie y más de 900 metros de profundidad, mientras que las reservas actuales permitirían sostener la explotación durante varias décadas más.
La escala de Escondida impresiona por sus dimensiones, pero también por su integración industrial, ya que el proceso productivo comienza en la cordillera y finaliza en la costa del océano Pacífico, donde la empresa posee un puerto propio y una planta desalinizadora que abastece completamente de agua a la operación.
Más allá de su tamaño, Escondida ofrece un ejemplo de cómo podría evolucionar la industria cuprífera en Argentina, especialmente con proyectos como Vicuña, Los Azules o Altar.
El desarrollo chileno combina distintas etapas de producción, una estrategia similar a la prevista para algunos emprendimientos sanjuaninos. En el caso de Vicuña, por ejemplo, la primera etapa contempla la producción de concentrado de cobre y, posteriormente, la incorporación de cátodos mediante procesos de lixiviación.
Uno de los aspectos más destacados de Escondida es que utiliza dos sistemas de procesamiento.
Por un lado, parte del mineral se trata mediante lixiviación, un proceso químico que permite obtener cátodos de cobre con una pureza cercana al 99,9%. Esta tecnología requiere menor consumo de agua y energía, aunque solo puede aplicarse sobre determinados tipos de mineral.
El resto del material atraviesa un proceso de flotación, que demanda una molienda mucho más fina y un importante consumo energético. Para ello, la mina opera enormes molinos SAG y de bolas, similares a los que ya comenzaron a llegar a San Juan para futuros proyectos cupríferos.
Otra de las características que distingue a Escondida es la incorporación de tecnología para automatizar parte de sus operaciones.
En uno de sus sectores de explotación funciona una flota de 33 camiones autónomos, capaces de trasladar mineral sin conductor gracias a sistemas de navegación y programación informática. Este tipo de innovación ya comienza a analizarse en algunos proyectos argentinos.
Uno de los mayores desafíos de la minería del cobre es el abastecimiento de agua. En Escondida ese problema se resolvió mediante una planta desalinizadora ubicada en Puerto Coloso, capaz de procesar más de 3.000 litros de agua de mar por segundo.
Tras eliminar la sal, el recurso se bombea a través de un sistema de estaciones hasta la mina, donde abastece todos los procesos industriales.
La operación dejó hace años de utilizar agua de acuíferos continentales, convirtiéndose en la primera mina chilena de gran escala en producir cobre utilizando exclusivamente agua desalinizada.
Ese esquema también aparece entre los planes de desarrollo de Vicuña, que analiza construir una planta similar para abastecer las futuras etapas del proyecto y reducir el uso de fuentes continentales.
Además de producir más de 1,26 millones de toneladas de cobre por año, Escondida continúa ampliando su capacidad con un plan de inversiones cercano a 10.000 millones de dólares, destinado a expandir la mina y modernizar sus plantas de procesamiento.
Si bien su dimensión es difícil de replicar, el proyecto chileno funciona como un laboratorio de referencia para entender cómo será la nueva generación de minas de cobre que comenzará a desarrollarse en Argentina, con procesos industriales, infraestructura y tecnologías que ya empiezan a formar parte de los grandes emprendimientos previstos para San Juan. (Canal 13 San Juan)

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