Energía, agro y minería empujan hacia un superávit histórico

Energía, agro y minería empujan hacia un superávit histórico

o.- (Federico Vacalebre Profesor de la Universidad del CEMA) Si hay un motor que explica la relativa solidez del frente externo argentino, ese motor es el comercio exterior. Las proyecciones para 2026 apuntan a que las exportaciones totales alcanzarían los u$s 101.800M, un salto del 17% respecto de los 87.111 M registrados en 2025, lo que equivale a un aumento de casi 14.700 M en un solo año. Se trata de un récord que tracciona simultáneamente la actividad económica y la oferta de divisas, y que constituye la base sobre la cual se sostiene buena parte del ordenamiento macroeconómico actual.
El desempeño se apoya en tres pilares vinculados a los recursos naturales, cada uno con su propia dinámica. Las exportaciones agrícolas llegarían a u$s 41.000M, con una mejora del 13% impulsada en buena medida por el trigo, cuyas ventas crecerían casi un 50%.
Las exportaciones energéticas darían el salto más espectacular, con un avance del 58% que las llevaría a 17.500M, reflejo del despliegue productivo de los hidrocarburos.
Y la minería completaría el cuadro con un crecimiento del 51% hasta los 9200M, traccionada por el oro y, sobre todo, por el litio, cuyas exportaciones prácticamente se duplicarían.
El resultado de esta expansión es un superávit comercial que apuntaría a un máximo histórico cercano a los u$s 27.000 M en 2026, muy por encima de los 11.320 M de 2025.
Un dato ilustra el peso decisivo del sector energético en este desempeño. El saldo energético pasaría de unos u$s 7800 M a alrededor de 15.500M, lo que significa que la energía por sí sola explicaría más de la mitad del superávit comercial total. En pocos años, la Argentina pasó de tener un saldo energético prácticamente nulo o deficitario a convertirlo en el principal aportante de su superávit externo, un giro estructural de enorme relevancia.
Ese excedente comercial permite sostener el resto del andamiaje.
La abundante oferta de divisas que ingresa por la vía del comercio le da al Banco Central la materia prima para acumular reservas, y le otorga a la economía un margen de maniobra frente a las tensiones cambiarias que, de otro modo, sería mucho más estrecho. Sin ese colchón, ni la recomposición de reservas ni la relativa calma del mercado de cambios serían posibles.
Sobre esa base se construye el escenario de crecimiento para el bienio 2026-2027, que puede resumirse como uno de expansión modesta y desinflación gradual. Para 2026, la proyección de crecimiento del producto se ubica en un rango del 2,6% al 3%, con una inflación anual que se movería entre el 29% y el 31%. Para 2027 se espera una expansión de magnitud similar, también en torno del 2,6% al 3%, acompañada de una inflación todavía elevada pero en clara tendencia descendente, que se ubicaría en un rango del 20% al 24%. Es un escenario de consolidación, no de despegue, en el que la economía crece de manera sostenida pero sin la fuerza suficiente para generar una sensación de bonanza generalizada.
Conviene poner estas cifras en contexto comparándolas con las de otras fuentes de proyección. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un crecimiento del 2,7% para 2026, prácticamente alineado con el escenario aquí considerado.
El FMI es más optimista en materia de actividad, con estimaciones del 3,5% para 2026 y del 4% para 2027.
En inflación, las diferencias también son notables. Mientras las proyecciones que aquí se comentan ubican el índice de precios de diciembre a diciembre en torno al 30% para 2026, el Fondo lo estima en torno al 25%, un registro algo más contenido.
Estas divergencias reflejan distintos supuestos sobre la velocidad de la desinflación y sobre el ritmo de la recuperación.
El límite de este escenario es conocido y remite al problema de fondo de la economía argentina en esta etapa.
El crecimiento se apoya de manera desproporcionada en los sectores exportadores ligados a los recursos naturales, mientras la demanda doméstica, particularmente el consumo de bienes y servicios producidos localmente, sigue mostrando debilidad.
La recuperación, en consecuencia, es poco homogénea, y su continuidad depende en gran medida de que dos motores todavía flojos, la masa salarial real y el crédito al sector privado, logren ganar tracción en los próximos trimestres.
De cara a 2027, el desafío que enfrenta la política económica es doble: sostener el ordenamiento macroeconómico que permitió recomponer reservas y anclar las cuentas fiscales, y lograr que la mejora agregada que reflejan las estadísticas comience a sentirse de manera más amplia en la economía real, más allá del puñado de sectores que hoy la traccionan.
El récord exportador ofrece una base sólida y un margen valioso, pero no alcanza por sí solo para garantizar que la recuperación se vuelva lo suficientemente homogénea como para consolidarse. Ese es, en última instancia, el interrogante que definirá el rumbo de la economía argentina en los próximos dos años. (La Nación; Buenos Aires, 03/09/2026)

 

 

 

 

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