El desafío de desarrollar capacidades para la minería que viene

El desafío de desarrollar capacidades para la minería que viene

o.- (Johanna Bustos, Gerente de OTEC, Syncore Capacitaciones). La transición energética está redefiniendo el papel de la minería en el mundo. La creciente demanda de cobre, litio y otros minerales críticos abre una oportunidad para países productores como Chile, pero también plantea nuevos desafíos para responder a una industria cada vez más exigente. En esa dirección, la Política Nacional Minera 2050 incorpora el desarrollo del capital humano como uno de los ejes estratégicos para fortalecer la competitividad y sostenibilidad del sector, reconociendo que el crecimiento de la industria dependerá tanto de la inversión en proyectos como de la preparación de las personas.
En ese escenario, la capacitación ya no puede entenderse únicamente como una respuesta a exigencias normativas o contractuales. Hoy representa una decisión estratégica. Formar personas significa desarrollar capacidades para adaptarse a nuevos procesos, incorporar tecnologías, comprender riesgos cada vez más complejos y responder a estándares operacionales en permanente evolución. Es una inversión que permite preparar desde hoy a las personas que sostendrán la minería de la próxima década.
La magnitud de ese desafío queda reflejada en el más reciente Estudio de Fuerza Laboral de la Gran Minería Chilena 2025-2034, elaborado por la Alianza CCM-Eleva, que proyecta la necesidad de cerca de 37 mil nuevos trabajadores durante la próxima década, en un contexto donde la fuerza laboral prácticamente se duplicó en los últimos ocho años y las operaciones avanzan hacia una mayor especialización y tecnificación. Más que una cifra, es una señal de que el desarrollo de capacidades debe comenzar hoy.
Quienes trabajamos en minería sabemos que ejecutar correctamente una tarea ya no depende únicamente del conocimiento técnico. Comprender los controles críticos, identificar riesgos, comunicarse de manera efectiva y tomar buenas decisiones cuando las condiciones cambian son habilidades que se fortalecen con entrenamiento, experiencia y aprendizaje continuo. En una operación minera, una decisión equivocada no solo compromete la seguridad de quien la toma; también puede afectar a sus compañeros y a toda la faena.
Por eso, el impacto de la capacitación no debería medirse por la cantidad de cursos impartidos o certificados emitidos, sino por su capacidad para fortalecer el criterio con que las personas enfrentan situaciones críticas, previenen incidentes y aportan al desempeño de sus equipos. Como proveedores también tenemos una responsabilidad en ese proceso. Participamos diariamente en actividades críticas y nuestra experiencia puede contribuir a transferir conocimiento, desarrollar capacidades y fortalecer una cultura preventiva que beneficie a toda la industria.
Preparar a las personas para la minería que viene no es solo una responsabilidad con quienes trabajan en ella; es una decisión estratégica para asegurar la sostenibilidad y competitividad del sector. Si reconocemos que el capital humano será uno de los principales factores que marcarán su desarrollo, la pregunta ya no es únicamente cuántos trabajadores y trabajadoras necesitaremos durante la próxima década, sino cuánto estamos haciendo hoy para desarrollar el talento que permitirá enfrentar ese futuro. (Reporte Minero)

 

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