De los 10 sectores económicos que más crecieron, ocho perdieron empleo durante la gestión de Milei
o.- Según un informe del Centro de Estudios para la Recuperación Argentina (CERA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, minas y canteras se encuentran entre las actividades de mayor crecimiento, con una expansión acumulada del 16%, aunque registraron una pérdida de 5.200 empleos registrados en el último año.
Entre las actividades con mayor crecimiento acumulado se encuentran el agro, con una expansión del 40%; la intermediación financiera, con 19%; minas y canteras, con 16%; y hoteles y restaurantes, con 13%.
Sin embargo, lamentablemente el crecimiento de la actividad minera no se reflejó en un aumento del empleo registrado.
Según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), relevados por la Secretaría de Trabajo, la explotación de minas y canteras perdió 5.200 empleos registrados en el último año, al pasar de 92.000 a 86.800 trabajadores a marzo de 2026.
El informe también señala que, durante el primer semestre de 2026, la actividad de minas y canteras creció 14,4% respecto de igual período de 2025.
En conjunto, el agro y la minería registraron un saldo neto negativo de 3.500 puestos de trabajo en los últimos doce meses, pese al repunte de su actividad.
El estudio destaca que el mayor dinamismo de la economía se concentra en sectores exportadores y vinculados a recursos naturales, mientras que las ramas relacionadas con el mercado interno continúan mostrando mayores dificultades.
En este último grupo, la industria manufacturera registra una caída acumulada del 8% desde el inicio de la gestión y perdió más de 80.000 puestos registrados desde noviembre de 2023. El comercio, por su parte, presenta una contracción de actividad del 4% y redujo su dotación de trabajadores 1,9% interanual.
El informe plantea que el crecimiento de las actividades más dinámicas, todavía, no alcanzan a compensar la debilidad de aquellas que concentran una mayor proporción del empleo.
En este sentido, señala que el agro, la minería y algunas ramas vinculadas a los servicios financieros muestran un desempeño favorable, aunque con una capacidad limitada de generación directa de puestos de trabajo.
A nivel territorial, el estudio indica que esta composición sectorial favorece principalmente a las provincias donde tienen mayor peso las actividades agropecuarias, mineras o hidrocarburíferas, entre ellas Neuquén, Río Negro, Jujuy y Salta.
Se transcribe el informe completo
“De los 10 sectores económicos que más crecieron en la era Milei, 8 arrojaron índices negativos en la generación de empleo
A más de dos años del cambio de régimen económico, la evolución de la actividad económica continúa reflejando una dinámica caracterizada por una elevada volatilidad y una marcada heterogeneidad entre sectores. Si bien la estabilización macroeconómica permitió corregir desequilibrios fiscales y monetarios acumulados durante años, los indicadores de actividad muestran que la consolidación de una trayectoria de crecimiento sostenido continúa siendo uno de los principales desafíos de la economía argentina.
La evolución interanual del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) durante el período 2022-2026 permite identificar tres etapas diferenciadas. En primer lugar, durante 2023 la economía atravesó una fase recesiva marcada por los efectos de la severa sequía sobre el sector agropecuario y por las restricciones externas derivadas de la escasez de divisas. Como resultado, el nivel de actividad acumuló una contracción promedio del 3,7 %, especialmente durante el segundo trimestre del año.
La segunda etapa corresponde a 2024 y 2025, período atravesado por el cambio de administración y la implementación de un programa de ajuste macroeconómico. La corrección inicial de precios relativos y la fuerte contracción de la demanda interna provocaron una caída pronunciada de la actividad durante los primeros meses de 2024, esta caída fue cercana al 4% una magnitud comparable a la observada durante la recesión asociada a la sequía de 2023. Posteriormente, la economía mostró una recuperación impulsada tanto por la normalización de sectores afectados durante el año previo como por efectos de comparación estadística. Sin embargo, la trayectoria posterior no exhibió un sendero lineal de expansión, sino una sucesión de avances y retrocesos que evidencian la persistencia de fragilidades en la demanda agregada y en la capacidad de crecimiento de distintos sectores productivos.
Finalmente, durante el primer semestre de 2026 la actividad perdió impulso y retrocedió en el margen. Aunque la comparación interanual continúa mostrando tasas positivas en varios meses, el EMAE desestacionalizado se ubicó en junio 1,1% por debajo de diciembre de 2025, con caídas mensuales que fueron sólo parcialmente compensadas por algunos rebotes. Por lo tanto, los datos no muestran una recuperación en proceso de crecimiento sostenido, sino una dinámica de estancamiento y retroceso en el nivel de actividad, en un contexto de marcada heterogeneidad sectorial.
La actividad sectorial muestra una marcada heterogeneidad. Los sectores vinculados al comercio exterior y a la generación de divisas presentan el mejor desempeño relativo, mientras las ramas dependientes de la demanda interna continúan más débiles.
Entre los sectores con mayor crecimiento acumulado se destacan el agro (+40%), impulsado por la recuperación tras la sequía de 2023, la intermediación financiera (+19%) y minas y canteras (+16%), favorecidos por la estabilización macroeconómica y el crecimiento de actividades exportadoras. Asimismo, hoteles y restaurantes registran una evolución positiva (+13%) asociada a la recuperación del turismo y de algunos segmentos de servicios.
Por el contrario, la industria manufacturera continúa mostrando dificultades (-8%), afectada por la debilidad de la demanda interna y cambios en la estructura de costos. El comercio también se encuentra entre los sectores más afectados (-4%), reflejando la debilidad del consumo privado.
En conjunto, el mayor dinamismo se concentra en sectores exportadores y vinculados a recursos naturales, mientras las ramas ligadas al mercado interno siguen rezagadas. Esta divergencia persiste aun cuando la actividad agregada pierde impulso en 2026
Los datos actualizados a junio de 2026 confirman que la divergencia sectorial persiste, pero ahora en un contexto de debilitamiento del nivel general de actividad. En el primer semestre, frente a igual período de 2025, minas y canteras creció 14,4% e intermediación financiera 5,6%, mientras la industria manufacturera cayó 1,9% y el comercio 1,2%. La construcción mejoró 2,2%, pero todavía se ubicó 13,4% por debajo del primer semestre de 2023. Esto sugiere que el patrón sectorial ya excede el impacto inicial del ajuste, en el cual algunos sectores continúan expandiéndose aun cuando la actividad agregada pierde dinamismo.
Los datos de empleo muestran que esa recomposición sectorial no se traduce en más puestos de trabajo. Según el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), relevado por la Secretaría de Trabajo, la explotación de minas y canteras (la rama de mayor expansión relativa) perdió 5.200 empleos registrados en el último año, de 92.000 a 86.800 trabajadores a marzo de 2026. El agro, con una recuperación acumulada del 40%, sumó apenas 1.700 puestos interanuales y sigue representando solo el 5,2% del empleo privado registrado. La intermediación financiera redujo su dotación 3,7% en el mismo período. En conjunto, las actividades más dinámicas de la economía, agro y minería perdieron un saldo neto de 3.500 puestos de trabajo en los últimos doce meses pese al repunte de su actividad.
En las ramas que pierden actividad ocurre lo contrario. La industria manufacturera, con una caída acumulada del 8% desde el inicio de la gestión, perdió más de 80.000 puestos registrados desde noviembre de 2023, dieciocho meses consecutivos de caídas, y concentra casi la mitad de la destrucción total de empleo asalariado registrado. El comercio, con una contracción de actividad del 4%, redujo su dotación 1,9% interanual. En el agregado, el empleo privado registrado cayó 1,5% interanual en marzo de 2026 (unos 96.700 puestos) y acumula 329.667 asalariados registrados menos desde noviembre de 2023, mientras el EMAE creció 5,6% en el mismo período. Las ramas que más mano de obra ocupan, industria, comercio, construcción, son las que más empleo están perdiendo en esta gestión.
Los datos muestran que la diferenciación entre sectores comienza a adquirir cierta persistencia, aunque todavía parece prematuro hablar de un nuevo modelo productivo consolidado. Desde el inicio de la gestión se repiten, con distinta intensidad, los mismos sectores entre los de mejor y peor desempeño. Sin embargo, para que esa recomposición pueda considerarse estructural debería sostenerse en el tiempo y reflejarse también en mayores niveles de inversión, productividad, exportaciones y empleo.
Hasta ahora, el problema es que el crecimiento de las actividades más dinámicas no alcanza a compensar la debilidad de aquellas que concentran una mayor proporción del empleo. El agro, la minería y algunas ramas vinculadas a servicios financieros muestran un desempeño relativamente favorable, pero su capacidad de generación directa de puestos de trabajo es limitada. Al mismo tiempo, industria, comercio y construcción continúan mostrando dificultades y concentran buena parte de la pérdida de empleo registrado.
Esta configuración plantea una tensión para la sostenibilidad de la recuperación. Una mayor producción exportable y una mayor generación de divisas pueden contribuir a aliviar la restricción externa, históricamente uno de los principales límites al crecimiento argentino. Pero ese efecto no implica automáticamente una mejora de la actividad interna. Su impacto dependerá, entre otros factores, de la inversión que generen esos sectores, de su demanda de proveedores nacionales y de la capacidad de trasladar parte de ese dinamismo hacia otras ramas de la economía.
También existe una dimensión territorial. El desempeño relativo favorece principalmente a las provincias donde tienen mayor peso la producción agropecuaria, minera o hidrocarburífera, mientras que las dificultades de industria, comercio y construcción afectan con mayor intensidad a las grandes áreas urbanas.
En ese sentido, provincias como Neuquén, Río Negro, Jujuy, Salta o Santa Fe pueden beneficiarse relativamente más de esta composición sectorial, mientras que el Gran Buenos Aires aparece más expuesto a la debilidad de las actividades orientadas al mercado interno.
Además, la evolución de la actividad en 2026 muestra una heterogeneidad sectorial persiste, pero ya no ocurre en el marco de una recuperación generalizada, ya que, el nivel de actividad perdió impulso durante el primer semestre. Esto hace que el interrogante no sea solamente qué sectores crecen, sino si ese crecimiento tiene magnitud y capacidad de arrastre suficientes para sostener al conjunto de la economía.
Hasta el momento, la evidencia muestra que ese efecto de arrastre es débil. Los sectores exportadores pueden constituir una base importante para una expansión posterior, especialmente por su capacidad de generar divisas y financiar inversión. Sin embargo, para que esa mejora tenga un impacto más amplio deberían fortalecerse los vínculos con proveedores locales, la inversión y la generación de empleo directo e indirecto. Los datos disponibles todavía no permiten observar ese proceso con claridad.
Por eso, el impacto social de la recomposición productiva sigue siendo limitado. Las ramas que concentran una parte importante del empleo son precisamente las que presentan mayores dificultades. En ese contexto, el crecimiento de actividades relativamente intensivas en capital puede coexistir con una recuperación débil del empleo asalariado y de los ingresos vinculados al mercado interno.” (El Pregón Minero)
