Chile revoluciona la recuperación de agua en relaves mineros con tecnología integrada
o.- Chile. (Por Alice Barrera). En el norte de Chile, donde el agua vale más que cualquier mineral que se extraiga del subsuelo, los tranques de relaves han sido durante décadas una contradicción operativa: enormes reservorios de líquido contaminado que la minería no podía usar ni devolver al ambiente. El Centro Avanzado en Tecnología para la Minería (AMTC) de la Universidad de Chile acaba de presentar un prototipo que ataca esa contradicción de frente.
El problema que nadie había resuelto del todo
Chile opera más de 700 depósitos de relaves activos e inactivos. Juntos almacenan miles de millones de litros de agua con altas concentraciones de metales pesados, sulfatos, arsénico y reactivos de flotación. Recuperar ese volumen no era técnicamente imposible — era económicamente inviable con las tecnologías disponibles. Los sistemas convencionales de ósmosis inversa consumen energía intensiva y generan concentrados difíciles de gestionar. El resultado: el agua quedaba atrapada, el operador pagaba por desalinización en planta nueva y los relaves seguían acumulando pasivo ambiental.
El prototipo del AMTC combina tres tecnologías en un proceso integrado: nanofiltración, captura de metales y tratamiento biológico. La nanofiltración separa partículas y moléculas disueltas con mayor selectividad que la ósmosis inversa y con menor presión operacional — es decir, menos energía. La captura de metales recupera valores como cobre, zinc o molibdeno del flujo filtrado, convirtiendo un residuo en un subproducto potencialmente comercializable. Y el tratamiento biológico elimina compuestos orgánicos y ajusta la carga microbiológica del agua resultante.
El agua que sale del proceso puede destinarse a riego agrícola o a la recarga de acuíferos. Eso cambia la ecuación regulatoria y social de la minería en el norte del país.
Por qué el timing importa tanto como la tecnología
El gobierno del presidente Kast ha señalado que la estabilidad regulatoria es una prioridad para atraer inversión minera. Pero el royalty aprobado en 2024 con estructura progresiva sobre margen operacional obliga a las compañías a buscar eficiencias donde antes no miraban. El agua es una de ellas. Codelco, en plena crisis de producción con sus minas envejecidas, necesita reducir costos operacionales sin comprometer continuidad. BHP y su operación en Escondida — la mayor mina de cobre del mundo — ya opera con más del 70% de agua desalinizada, pero el costo de esa desalinización y el transporte al nivel de la mina presiona márgenes.
Recuperar agua directamente desde los relaves, en el mismo sitio donde ya están los depósitos, elimina el costo de transporte desde la costa. Para una operación en la Región de Atacama o Tarapacá, eso puede significar la diferencia entre un proyecto marginal y uno viable a largo plazo. Sernageomin y la Dirección General de Aguas han endurecido los criterios de eficiencia hídrica para nuevas concesiones — tener una tecnología certificada por una institución académica de primer nivel cambia el perfil de riesgo regulatorio de cualquier proyecto que la adopte.
Lo que el prototipo todavía tiene que demostrar
Un prototipo de laboratorio y una implementación a escala industrial son mundos distintos. La pregunta que cualquier director de operaciones haría es directa: ¿a qué flujo volumétrico funciona el sistema, y cuál es el costo por metro cúbico recuperado frente a la alternativa de desalinización? El AMTC no ha publicado aún esas cifras para condiciones de operación real, y hasta que lo haga, el entusiasmo debe mantenerse calibrado.
Los relaves chilenos no son homogéneos. Hay depósitos con predominancia de cobre, otros con molibdeno, algunos con arsénico en concentraciones que complicarían cualquier proceso biológico. La escalabilidad del sistema va a depender de si puede adaptarse a esa variabilidad química o si requiere configuraciones específicas por depósito. Ese nivel de customización encarece la implementación y reduce el atractivo para operaciones medianas que no tienen el músculo financiero de un Antofagasta Minerals o un Teck en Quebrada Blanca.
Otro factor no menor: la calidad del agua recuperada para riego o recarga de acuíferos debe cumplir estándares de la Dirección General de Aguas. Esos estándares son estrictos en parámetros como arsénico total, pH y conductividad eléctrica. Si el tratamiento biológico no baja consistentemente los niveles de arsénico a los umbrales permitidos, el agua producida no podrá salir legalmente del perímetro minero.
El subproducto que nadie está discutiendo: la recuperación de metales
La captura de metales integrada al proceso merece atención separada. Los relaves chilenos contienen cantidades significativas de cobre que los procesos de flotación no lograron recuperar. En algunos depósitos históricos de Codelco, esas concentraciones residuales superan el 0.1%, que con la escala de los depósitos equivale a toneladas de cobre sin movilizar. Si el sistema del AMTC puede recuperar ese metal como concentrado comercializable durante el proceso de tratamiento de agua, el modelo económico cambia radicalmente: el operador no paga por tratamiento de agua, cobra por subproducto metálico mientras recupera el recurso hídrico.
Esa lógica es la misma que llevó al procesamiento de escorias antiguas a convertirse en negocio rentable para varias fundiciones latinoamericanas. Los relaves son, en términos económicos, una mina secundaria que espera tecnología adecuada para ser explotada. La diferencia es que aquí el activo principal que se vende es el agua, no el metal.
Antofagasta y el precedente que ya existe
Antofagasta Minerals lleva años trabajando en recuperación hídrica desde relaves en sus operaciones de Los Pelambres y Centinela. Su reporte de sostenibilidad 2024 documenta tasas de recirculación de agua superiores al 80% en algunos circuitos. Pero esa recirculación ocurre dentro del ciclo de proceso minero — el agua vuelve a la planta concentradora, no al sistema natural. Lo que el AMTC propone es diferente: devolver agua al territorio, sea para uso agrícola o para recargar napas subterráneas que las comunidades del norte utilizan.
Eso tiene una dimensión de licencia social que ningún indicador operacional captura completamente. Las comunidades aymaras y atacameñas han protagonizado conflictos hídricos con la minería durante décadas. Una tecnología que permite que la minería devuelva agua al territorio — agua limpia, certificada, utilizable — reorganiza esa relación de una manera que ningún programa de responsabilidad social corporativa ha logrado.
El siguiente paso: de laboratorio a piloto industrial
El AMTC necesita ahora un socio operacional que permita escalar el prototipo a condiciones reales. Las candidatas naturales son Codelco — con su urgencia de reducir costos y mejorar eficiencia hídrica en El Teniente, Andina y Chuquicamata — y BHP, que tiene en Escondida el laboratorio de innovación más grande de la minería chilena. También existe el mecanismo de Alta Ley, el programa público-privado del gobierno chileno para innovación minera, que ha financiado pilotos de tecnologías similares en etapas anteriores.
Si el piloto industrial demuestra viabilidad económica con un costo por metro cúbico competitivo frente a la desalinización costera, el mercado potencial es considerable. Chile tiene más de 700 depósitos de relaves. Cada uno de ellos es, desde esta perspectiva, una fuente de agua sin explotar.
La minería chilena lleva una década buscando la fórmula para operar en el desierto más árido del mundo sin destruir los acuíferos que sobreviven en él. Este prototipo no es todavía esa fórmula. Pero es la aproximación más integrada — técnicamente y en términos de valor generado — que el sector ha visto hasta ahora. (Minería en Línea)
