Canadá y Perú firman acuerdo sobre minerales críticos y minería sostenible

Canadá y Perú firman acuerdo sobre minerales críticos y minería sostenible

o.- Canadá y Perú firmaron este 18 de marzo un memorando de entendimiento para impulsar la cooperación en minerales críticos y minería sostenible. La firma reunió al embajador canadiense en Lima, Jean-Dominique Ieraci, y al ministro peruano de Energía y Minas, Angelo Alfaro Lombardi. El movimiento coloca en el centro un asunto decisivo: asegurar insumos minerales con mejores reglas, más tecnología y una menor huella operativa.
El acuerdo no se queda en una declaración política. Canadá informó que el memorando buscará mover inversión bilateral, promover soluciones de trazabilidad y descarbonización, mejorar marcos regulatorios y elevar estándares ambientales y sociales. La Presidencia peruana añadió que la cooperación tecnológica deberá ayudar a minimizar el impacto ambiental y a modernizar el sector.
La señal cobra peso porque llega en una etapa de competencia global por minerales esenciales para defensa, manufactura avanzada y tecnologías limpias. Ottawa vincula este paso con su estrategia para diversificar comercio fuera de Estados Unidos y fortalecer cadenas de suministro seguras. Según Natural Resources Canada, Canadá firmó 21 marcos bilaterales desde el verano de 2025. La Alianza de Producción de Minerales Críticos del G7 ya destrabó u$s18,500M canadienses para proyectos en menos de seis meses.
Para Perú, el anuncio tiene un valor concreto. Canadá ocupa el segundo lugar entre los inversionistas del sector minero peruano, con unos u$s11,200M canadienses en activos de 67 empresas. Ese dato ayuda a entender por qué Lima presenta el memorando como una herramienta para atraer capital, tecnología y mejores prácticas.
El interés canadiense tampoco nace de cero. Tim Hodgson subrayó que Perú es el segundo socio comercial bilateral de mercancías de Canadá en Sudamérica y Centroamérica. Esa posición convierte al país andino en una pieza regional para diversificar comercio y asegurar insumos fuera del mercado estadounidense.
El tamaño del tablero peruano refuerza la relevancia del acuerdo. El Ministerio de Energía y Minas reporta una cartera de 67 proyectos de inversión minera por u$s64,071M en 19 departamentos. De ese total, 33 proyectos son greenfield y 34 son brownfield. Casi la mitad de la inversión, 45.5%, se concentra en la macrorregión sur.
La composición de esa cartera también importa. Los proyectos greenfield exigen nueva infraestructura, estudios ambientales y plazos más largos. Los brownfield aprovechan operaciones existentes y suelen reducir tiempos y costos. Para un acuerdo bilateral que promete tecnología y mejores reglas, ambos segmentos ofrecen ventanas distintas. Unos requieren paciencia regulatoria. Los otros pueden capturar resultados más rápidos.
Además, el MINEM reporta 84 proyectos de exploración minera por u$s1,039M. Esa cifra muestra que el país todavía conserva espacio para descubrir y madurar nuevos recursos. En minería, la exploración define el futuro. Sin exploración no hay reposición de reservas, nuevos distritos ni mayor sofisticación para la cadena de proveedores.
La concentración regional tampoco resulta menor. Cajamarca encabeza la cartera de inversión, seguida por Apurímac y Arequipa. Eso significa que cualquier agenda de cooperación deberá aterrizar en territorios con historias, ritmos y sensibilidades propias. En minería, la geología abre la puerta, pero la ejecución depende de logística, licencia social y capacidad institucional.
El cobre, por sí solo, explica buena parte del interés. El Banco Central de Reserva del Perú reportó una producción de 2.736 millones de toneladas en 2024. La entidad añadió que existe potencial técnico para duplicar ese nivel si avanzan los proyectos previstos. El propio MINEM señaló que las exportaciones cupríferas sumaron u$s14,151M entre enero y julio de 2025. Ese flujo representó 30% del valor exportado del país.
Esa centralidad del cobre explica la atención sobre Perú en cualquier conversación sobre minerales críticos. Aunque el memorando no se limita a un solo metal, el cobre conecta casi todos los frentes de la transición energética. Sirve para redes eléctricas, almacenamiento, movilidad y manufactura. Cuando un país combina recursos, cartera de proyectos y presencia inversora extranjera, se vuelve un socio difícil de ignorar.
El telón de fondo también ayuda. El BCRP revisó al alza los términos de intercambio de 2025 y 2026 por mejores precios de cobre, oro y zinc. Ese entorno mejora la economía de los proyectos y eleva el valor estratégico de asegurar suministro con socios confiables. En ese contexto, un acuerdo bilateral pesa más que en un ciclo de precios débiles.
Aquí aparece el núcleo económico del memorando. Sin minerales críticos no hay electrificación, redes, baterías, defensa avanzada ni manufactura tecnológica. Pero tampoco existe licencia durable si la industria no mejora trazabilidad, uso de energía, gestión social y desempeño ambiental. Por eso el convenio mezcla inversión con estándares, una combinación que hoy resulta inseparable.
La sostenibilidad, en este marco, no funciona como adorno diplomático. Funciona como condición de negocio. La trazabilidad responde a compradores que exigen origen y cumplimiento. La descarbonización responde a inversionistas y fabricantes que ya miden emisiones en sus cadenas. Y las mejores prácticas sociales responden a una realidad peruana conocida: sin legitimidad territorial, el cronograma minero se rompe con facilidad.
Desde la perspectiva peruana, la combinación resulta atractiva porque junta tres necesidades del sector. La primera necesidad es capital paciente para proyectos largos. La segunda es tecnología para operar con más control. La tercera es confianza regulatoria para destrabar decisiones. Cuando esas piezas coinciden, la minería acelera. Cuando falta una, el cronograma se alarga y el costo sube.
También hay una lectura industrial. Canadá no solo busca mineral. Busca espacio para sus proveedores de equipos, tecnología y servicios mineros. Ese ecosistema suele aportar software, automatización, monitoreo, mantenimiento y soluciones ambientales. Para Perú, eso abre una ruta para elevar productividad sin esperar únicamente nuevas minas. Para Canadá, abre mercado en un país con pipeline relevante.
El punto más relevante puede estar en la oferta tecnológica. Canadá sostuvo que el acuerdo fortalecerá sus exportaciones de equipos, tecnología y servicios mineros hacia Perú. Ese detalle merece atención. Perú no solo necesita capital para nuevos yacimientos. También requiere soluciones para seguimiento de minerales, reducción de emisiones, automatización, tratamiento de datos y capacitación técnica.
La conversación sobre estándares también tiene un costado comercial. Cada vez más compradores piden origen verificable, cumplimiento ambiental y menor intensidad de carbono. Un proveedor que no pueda demostrar esos atributos pierde competitividad. Por eso la trazabilidad dejó de ser un asunto reputacional. Hoy funciona como herramienta de acceso a mercado y de financiamiento.
Ese enfoque puede producir un efecto menos visible, pero igual de importante. Cuando una operación incorpora trazabilidad, digitalización y mejor control ambiental, sube la exigencia para proveedores, contratistas y autoridades. Eso puede ordenar procesos, reducir incertidumbre y elevar la calidad del debate público. No resuelve por sí solo los conflictos, pero sí cambia la conversación sobre el valor de la minería.
Conviene no exagerar. Un memorando no reemplaza permisos, trabajo territorial, disciplina de ejecución ni gestión social. Tampoco convierte proyectos en minas de un día para otro. El BCRP recuerda que muchos proyectos siguen en fases tempranas y que los conflictos sociales continúan como un límite relevante para el desarrollo minero. La noticia vale, entonces, menos por la firma y más por el marco que abre.
Eso obliga a mirar la noticia con dos lentes. El primero es diplomático. Dos gobiernos alinean intereses y envían una señal de estabilidad. El segundo es operativo. Empresas, proveedores y autoridades deberán convertir esa señal en mesas técnicas, pilotos y decisiones de inversión. El verdadero examen empezará cuando esa agenda salga del comunicado y entre al terreno.
La relación, además, no parte de cero. Canadá recordó que en octubre de 2025, a través de MICA, su acelerador de innovación minera, celebró una cumbre con Perú. Ese encuentro buscó profundizar comercio, inversión y desarrollo sostenible. El nuevo memorando le da continuidad política a esa ruta y la alinea con una agenda global que premia suministro confiable y producción responsable.
El memorando también pone énfasis en la formación laboral. No es un detalle menor. La minería actual demanda geólogos, metalurgistas, especialistas ambientales, operadores remotos y perfiles de datos. Un vínculo bilateral que incluya capacitación puede dejar más valor que una relación centrada solo en extracción. Ese punto suele pasar desapercibido, aunque define competitividad.
Para Perú, el reto ahora consiste en traducir la diplomacia en proyectos concretos. Para Canadá, el desafío pasa por demostrar que su oferta tecnológica puede acelerar resultados y no solo intenciones. Si ambos gobiernos logran mover inversión, conocimiento y estándares, el acuerdo tendrá efecto real. Si no, quedará como otra firma correcta en un mercado que ya no espera discursos. (Minería en Línea)

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