AMBA I: una obra estratégica en espera

AMBA I: una obra estratégica en espera

o.- (Paridad en la Macro) El proyecto es clave para garantizar el suministro eléctrico en el Área Metropolitana de Buenos Aires y evitar cortes de energía, especialmente durante períodos de elevada demanda
El proyecto, cuyo inicio ya tiene años de demora, está atravesado por cuestiones técnicas y de financiamiento
El Sistema Argentino de Interconexión (SADI) es la red de generación y distribución de energía eléctrica de alta tensión que vincula todo el territorio argentino, con excepción de Tierra del Fuego (que se abastece principalmente a partir de centrales locales que utilizan gas natural: a pesar de las ventajas que implicaría su integración al SADI, el costo, la complejidad técnica y la baja demanda relativa de la provincia provocaron que el proyecto no avance).
El SADI actúa como un entramado que vincula nodos que generan electricidad (a partir de combustibles fósiles como los hidrocarburos o el carbón, la energía hidráulica, las energías renovables o la fisión nuclear) y nodos usuarios (es decir, los consumidores).
Este sistema es monitoreado y ajustado de manera ininterrumpida para que la generación eléctrica se adapte continuamente a los niveles de demanda. Sin este sistema, las provincias con mayor densidad poblacional se verían imposibilitadas de abastecerse, a la vez que las regiones generadoras no tendrían cómo insertar la energía que producen.
Clave para el AMBA
Sin embargo, el SADI encuentra distintas dificultades: una de ellas es la exigencia de la Estación Transformadora Ezeiza. De esta manera, el proyecto AMBA I fue pensado para, entre otras cosas, ampliar la capacidad de transporte de alta tensión en el área metropolitana y liberar presión sobre las estaciones existentes. Esta obra contempla la construcción de estación transformadora en Plomer y más de 500 kilómetros de líneas de alta tensión que conecten puntos estratégicos como Ezeiza, Vivoratá (cerca de Mar del Plata) y Atucha, además de la integración de energías renovables al sistema.
El proyecto es clave para garantizar el suministro eléctrico en el Área Metropolitana de Buenos Aires y evitar cortes de energía, especialmente durante períodos de elevada demanda (por ejemplo, en los picos de consumo invernales o en olas de calor estivales) y llevarlo a cabo requiere de una inversión estimada en u$s 1.100M.
Sin embargo, la fuerte demanda eléctrica de la región del AMBA y la sobreexigencia que acusan las estaciones transformadoras existentes no son un descubrimiento reciente, como tampoco lo es el proyecto AMBA I.
Durante el gobierno de Alberto Fernández, Argentina había alcanzado un acuerdo con State Grid (la empresa estatal china y mayor distribuidora y transportista de energía eléctrica del mundo) para establecer un esquema de financiamiento a largo plazo, con un porcentaje significativo de equipos y mano de obra locales para llevar adelante el proyecto.
El acuerdo estaba listo en lo que respecta a los aspectos técnicos y ambientales, pero las líneas de crédito con los bancos chinos nunca se cerraron formalmente.
Por su parte, la actual administración nacional propuso financiar el proyecto mediante un cargo fijo en las boletas eléctricas de todos los usuarios del país. Desde varias provincias se alzaron voces que acusaron al Poder Ejecutivo de querer imponer que los usuarios de zonas que no se beneficiarían directamente con el proyecto pagasen por una obra de infraestructura pensada para el AMBA.
En el último tiempo se informó que el proyecto AMBA I se financiará a través de capitales privados y sin intervención alguna del Estado, en consonancia con las ideas impulsadas desde el Gobierno, a la vez que se agregará el pago de un concepto tarifario aplicable solo a los beneficiados. No obstante, y a pesar de que la naturaleza crítica de la obra no fue puesta en duda, no hay más certidumbres al respecto.
Mientras tanto, el tiempo pasa y el proyecto, cuyo inicio ya tiene años de demora y cuya puesta a punto también tomará otros tantos debido a su complejidad intrínseca, sigue en espera. Esto da cuenta de que las obras de infraestructura tienen no solo implicancias técnicas sino también políticas: el financiamiento externo, los conflictos locales por las tarifas y la búsqueda de inversión privada, junto con la necesidad de un liderazgo que ponga el foco en el largo plazo y no en las conveniencias inmediatas, se enfrentan a la urgencia estructural de un proyecto imprescindible para reforzar el sistema eléctrico nacional. (BAE, Buenos Aires, 15-07-2025 19:02 hs)

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