A 20 años de la tragedia: Los 14 mineros presentes en la memoria de todos los santacruceños
o.- Se cumplen este viernes 14 de junio, 20 años de una tragedia que enlutó a la provincia de Santa Cruz, especialmente a la Cuenca Carbonífera. En el Complejo Minero, 14 mineros fallecieron ese día: Víctor Hernández, José Armella, Ricardo Cabrera, Julio Álvarez, Héctor Rebollo, Jorge Vallejos, Silverio Méndez, Miguel Cardozo, José Alvarado, Nicolás Arancibia, José Hernández, Oscar Marchan, Odilón Vedia y José Chávez. Se recuerda su memoria, en tiempos difíciles para la Cuenca por el contexto político que, además, pone en riesgo fuentes laborales y la continuidad de la actividad.
El trágico incidente sucedió el 14 de junio de 2004. Una fecha que quedó clavada en la historia, memoria y en el corazón de cada habitante de la Cuenca Carbonífera. Un incendio ocurrido en el Complejo Minero de Río Turbio se convirtió en un derrame y una trampa mortal que se cobró la vida de 14 mineros. Víctor Hernández, José Armella, Ricardo Cabrera, Julio Álvarez, Héctor Rebollo, Jorge Vallejos, Silverio Méndez, Miguel Cardozo, José Alvarado, Nicolás Arancibia, José Hernández, Oscar Marchan, Odilón Vedia y José Chávez, fallecieron ese día.
Como cada año, en la víspera al 14 de junio, la Parroquia Santa Bárbara de Río Turbio, honrar a las comunidades afectadas por la tragedia que marcó a la cuenca carbonífera hace dos décadas. El padre Sergio ha llegado este jueves para acompañar a los familiares y a toda la comunidad en las celebraciones y actividades religiosas. Desde el miércoles se realizan plegarias especiales por los trabajadores mineros, honrando su memoria en la Santa Misa.
Este viernes, a las 11:00 hs, se celebrarán la Santa Misa en el Templo Santa María de la Paz. A las 12.00 se realizará el acto central en el Monumento del Minero, en Río Turbio. Posteriormente, se hará una caravana hasta Mina 5, donde se realizará un responso e ingreso de familiares al interior de Mina, en la Unión 9.
Cabe recordar que el Gobierno de Santa Cruz, en el marco de esta fecha y en un contexto, muy caro a los sentimientos de los habitantes de dicha comarca, declaró asueto y duelo.
“La fecha, representa un momento de rememoración y reivindicación para los pueblos, los trabajadores y la historia de una empresa que hoy vuelve a ser puesta bajo el foco de la privatización, aquella que costó sangre”, expresaron.
Por su parte, ambos intendentes de la Cuenca, anunciaron que en cumplimiento de la Ley Provincial N° 3608, se declaró Asueto Administrativo el viernes 14 de junio, asegurando las prestaciones de servicios esenciales.
Esta noche, como cada año, se realizaba la marcha de antorchas.
El hecho
Todo comenzó la noche del lunes 14 de junio de 2004, cuando un chispazo en uno de los rodillos de la cinta transportadora de la Mina 5 habría iniciado el fuego. Las vigas de madera que enmarcaban las paredes y los techos de la mina se quemaron, lo que produjo derrumbes en serie en varios sectores. Las paredes, repletas de carbón, se fueron incendiando en cadena.
Algunos trabajadores consiguieron salir luego de caminar, agarrándose de las manos y en medio de la oscuridad. Antes, habían tratado de escapar en un camión pero el conductor, a causa del intenso humo, chocó con una columna. Los 14 trabajadores atrapados quedaron a 600 metros de profundidad y a 1.500 metros de la entrada. Sólo en los días posteriores el personal de rescate pudo sacar los cuerpos de la totalidad de las víctimas. (Tiempo Sur Santa Cruz)
Tragedia de Río Turbio: el dramático incendio que todavía sigue impune
o.- (Lucía Salinas) Se cumplen 20 años del siniestro que se llevó la vida de catorce mineros en Santa Cruz. Una historia de dolor, impotencia, desidia y corrupción.
Las sirenas de las ambulancias se fundían con las del camión de los bomberos. Fue la combinación de sonidos más aterradora para los pequeños poblados santacruceños. A esas alertas les siguieron horas de incertidumbre, silencios oficiales que sólo podían anticipar lo que estaba ocurriendo: una tragedia. Afuera de Mina 5, la gente comenzaba a reunirse, los familiares desesperados sólo preguntaban qué ocurría. Todo eran suposiciones, pero con un grado de certeza que inauguró las horas más dolorosas. En el interior del socavón, 50 mineros luchaban por sus vidas contra los gases tóxicos acumulados y el humo del incendio. Sólo 36 lograron sobrevivir. La Tragedia del carbón, que se llevó la vida de 14 mineros, cumple veinte años. Una herida abierta signada por la impunidad y la corrupción.
La cuenca carbonífera conformada por las pequeñas localidades de Río Turbio, 28 de Noviembre y Julia Dufour, se encuentra al suroeste de Santa Cruz. La zona es el corazón minero de la provincia, donde se enclava el yacimiento más antiguo del país, que en 1958 comenzó a operar bajo el nombre empresario de Yacimiento Carboníferos Fiscales (YCF), hasta que en 1994 el gobierno menemista la privatizó convirtiéndola en Yacimiento Carbonífero Río Turbio S.A (YCRT). Fue el principio de una debacle que se cobraría, años después, catorce vidas.
La empresa está emplazada sobre la avenida YCF, rodeada de grandes montañas de carbón. Su terreno es negro, un negro mineral que impregna todo. Al costado del módulo principal se encuentra Mina 5, el acceso principal al socavón: es una especie de túnel con las siglas de la empresa en la parte superior, pero hace veinte años se le sumaron las imágenes de cascos negros con el número de legajo. Son catorce, en homenaje a los compañeros que no lograron salir con vida el 14 de junio de 2004.
A mano izquierda de la entrada al yacimiento se erige una estatua de Santa Bárbara, la patrona de los mineros. Nunca la omiten, se persignan ante ella antes de ingresar.
Ese emblemático lugar que es Mina 5 fue epicentro de la tragedia por la que ningún político rindió cuentas ante la justicia, como tampoco gran parte de los empresarios que tuvieron a cargo la concesión, entre ellos, Sergio Taselli, quien por mes recibía 22,5 millones de dólares en subsidio del Estado nacional, para el pago de salarios. Según repiten en Río Turbio, “no sólo no pagaba los sueldos, sino que dejó de invertir en materia de seguridad, vació a YCRT y la dejó en condiciones deplorables”.
Volvemos en el tiempo a la noche del lunes 14 de junio de 2004: a las 22, como cada noche, cincuenta mineros ingresaron al tercer turno de trabajo que concluía a las seis de la mañana. La rutina no tuvo ninguna alteración sino hasta las 22.30 cuando un llamado telefónico dio la orden a un supervisor que se encontraba en el interior de mina, para que desaloje al personal de su área. La medida no llamó la atención porque siempre había simulacros que les exigían salir.
Los mineros que estaban cumpliendo el tercer turno de la noche se subieron a un camión que los conducía hacia lo que creyeron era, la salida. Pero aquel camino se convirtió en una trampa. En pocos minutos un humo espeso invadió cada rincón de la mina, ahogando el motor del vehículo que los transportaba y causando su choque contra una de las paredes de la mina.
Cuando Juan Carlos González abrió la compuerta del camión se encontró con un humo negro, espeso, que en minutos consumía el oxígeno. En silencio para no malgastar el poco aire que tenían, los mineros descendieron del vehículo y sólo empezaron a caminar hacia la boca de la mina, un camino de entre seis y siete kilómetros, en subida y sin la más mínima posibilidad de ver por dónde iban.
Comenzaron a caer sobre ese suelo rocoso, de color negro, árido, y algunos para recuperar un poco de oxígeno hacían pozos en la tierra, escupían en ellos para poder filtrar el aire. Nadie entendía lo que ocurría porque un incendio en una mina de carbón no es habitual.
Recuerda el detalle de aquellos minutos que fueron un infierno. Conserva en su memoria emotiva gritos de compañeros agonizando, “hombres grandes pidiendo por sus madres, gemidos, gritos aterradores”, y no puede evitar quebrarse. “No podía hacer nada, no podía volver” y la voz se le pierde entre las lágrimas. Si retrocedía sobre sus pasos, lo esperaba la muerte.
Tiempo después, los informes periciales explicaron lo que ocurrió. La fricción entre la cinta transportadora de carbón y los metales que la propulsaban, generó un intenso humo dentro de la galería 185. De esa forma se había producido el atrapamiento de los mineros que no lograron salir, a la altura de la Unión 9, a unos 1.000 metros del acceso principal del socavón.
A las 22:30 parte del personal que se encontraba en el interior de la mina llamó al jefe de seguridad, Héctor Shabner, para informar que percibían un olor a humo proveniente de la unión 9. Para las 22:43 dos operarios confirmaron la existencia de humo y fuego. A esa hora se informa al jefe la situación y se da aviso a los bomberos de Río Turbio, a Gendarmería, al hospital de la ciudad y de 28 de Noviembre.
“Sabíamos que había gente del otro lado y que nosotros ya no podíamos hacer nada por la sencilla razón de que íbamos a pasar a ser parte del problema. Si avanzábamos, no íbamos a poder regresar. Se estaba quemando todo. Nosotros tirábamos agua y se nos derrumbaba la caverna, porque estaban en un estado de incandescencia”, relata a Clarín Alejandro Clark, el ex jefe de Bomberos.
Cuando llevaban una hora en el hospital, algunos de los 36 mineros que lograron sobrevivir preguntaron la hora: era pasada la medianoche. Entonces entendieron que habían perdido a sus compañeros.
Fue cuando se puso en marcha el operativo de rescate. Al día siguiente del siniestro, fue convocado el equipo para planificar el ingreso de personal especializado que iba a buscar a los fallecidos.
El hallazgo de los cuerpos fue escalonado, porque no se encontraban juntos en un lugar. “Esto se debe a que el incendio se desarrolló en el camino de salida donde ellos estaban trabajando. Entonces tuvieron que buscar una salida alternativa. Y estaba a muchos km de distancia. Entonces fuimos encontrando cuerpos a diferentes distancias, algunos cerca de la salida”.
Quedaron atrapados 50 mineros, 36 de ellos sobrevivieron. (Clarín, Buenos Aires, 14/06/2024)
