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El Ministro Sergio Bergman se reunió con representantes de Greenpace y de FARN

Bergman con Greenpeace y FARNEl Ministro Sergio Bergman se reunió con representantes de Greenpace y de FARN


El ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman, recibió a los representantes de Greenpeace Martín Prieto y Natalia Machain y de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) Andrés Napoli para evaluar temas de agenda ambiental. (El Pregón Minero)

 

Última actualización en Miércoles, 06 Enero 2016 10:51

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FARN y Greenpeace con el Ministro de Medio Ambiente: 10 propuestas para 100 dias

10 propuestas para 100 díasFARN y Greenpeace con el Ministro de Medio Ambiente: 10 propuestas para 100 días

Ayer al mediodía los Directores Ejecutivos de FARN y Greenpeace presentaron al Ministro de Ambiente Sergio Bergman un documento que contiene 10 medidas de gobierno para que el organismo a su cargo concrete durante los 100 primeros días de gobierno.
Las organizaciones elaboraron este documento conjunto por considerar que existen una serie de temas y problemáticas socio-ambientales que esperan soluciones urgentes. Del mismo modo, indican un conjunto de propuestas de normativas que se consideran primordiales, y que conforman el amplio espacio de la agenda ambiental.
“La construcción de esta agenda, como todos los temas que hacen al ambiente, demanda una mirada de largo plazo en las distintas etapas de planificación, apoyada en instituciones fortalecidas que trasciendan las transformaciones coyunturales”, señala el documento.  
Entre los temas a tratar se destacan propuestas para una urgente implementación de la Ley de Bosques y para cumplimentar la Ley de Glaciares, acciones y políticas para el control de los impactos que producen los agroquímicos, medidas para la urgente protección de los humedales, para el saneamiento del Riachuelo, y para dar un amplio impulso a las energías renovables.
Desde el documento, las organizaciones reconocen que “la creación del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable (MMAyDS) constituye un paso significativo desde el punto de vista institucional, para jerarquizar la temática ambiental y situarla en un pie de igualdad con otras áreas de gobierno que resultan claves para la definición de políticas que afectan el ambiente y la calidad de vida de la población”. (Greenpeace)

Última actualización en Miércoles, 06 Enero 2016 10:48

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La gran mineria acentua el ciclo vicioso de la sobreoferta de materias primas

 La gran minería acentúa el ciclo vicioso de la sobreoferta de materias primas

 Perú. (Por John W. Miller) En este desierto volcánico, un polvoriento paisaje lunar patrullado por murciélagos, serpientes y guanacos, la mayor minera de Estados Unidos se suma a una nueva y poderosa tendencia en el sector de recursos naturales: las superminas. La estrategia, sin embargo, podría estar llevando la minería a la ruina.

 Freeport-McMoRan Inc. está completando una expansión de u$s 4.600 M que triplicará la producción de su mina de cobre Cerro Verde, para transformar una diminuta mina estatal que arrojaba pérdidas en uno de los cinco mayores productores del metal rojo del mundo.

 Los gigantescos concentradores de concreto de Cerro Verde muelen el cobre que será empleado para fabricar ductos y cables en Asia, sumándose así a la producción de nuevas minas del resto del mundo y alimentando la ola de suministro que está agravando los problemas de un sector minero deprimido.

 La desaceleración de China y otros mercados emergentes ha arrastrado los precios de los metales a una profunda caída, sólo unos años después de que mineras e inversionistas apostaron miles de millones de dólares al llamado superciclo, un crecimiento aparentemente ilimitado de la demanda de materias primas.

 En ese entonces, las mineras estaban con los bolsillos llenos y se dedicaron a construir las minas más grandes de la historia, extrayendo mineral de hierro en Australia, Brasil y África Occidental, y cobre en Chile, Perú, Indonesia, Estados Unidos, Mongolia y la República Democrática del Congo. También expandieron la producción de minerales como el zinc, el níquel y la bauxita, el componente básico del aluminio.

 El problema es que ahora estas minas gigantescas están prolongando el mal momento del sector. Su construcción es tan cara y son tan eficientes en la extracción del mineral que reducir la producción es inconcebible. Generan el efectivo necesario para pagar deudas y son costosas de mantener cuando no están produciendo. El resultado es que al agravar el exceso de producción, las mineras contribuyen a que los precios sigan cayendo.

 El prolongado descenso de los precios ha obligado a las mineras a ejecutar dolorosos recortes de costos. Anglo American  PLC, que completó en diciembre una supermina en Brasil que excedió su presupuesto en u$s 6.000M, anunció en diciembre 85.000 despidos, ventas de activos y la suspensión de su dividendo. Ese mismo día, Rio Tinto PLC, que había construido superminas en Australia, redujo sus planes de inversión.  Glencore  PLC suspendió su dividendo y realizó un aumento de capital de u$s 2.500 M como parte de un plan para reducir su deuda.

 Freeport, con sede en Phoenix, Arizona, ha sentido la presión en carne propia. El presidente ejecutivo de la junta y cofundador James R. Moffett renunció el 28 de diciembre, meses después de que el inversionista activista  Carl Icahn adquirió una participación importante. Moffett dedicó casi medio siglo a Freeport y sus antecesoras.

 Cuando Cerro Verde quede completamente operativa este año, su producción ascenderá a 1.000 millones de libras al año, equivalente a 3% de la producción mundial, a pesar de que la cotización del metal ronda sus niveles más bajos de los últimos seis años.

 El impacto de minas como Cerro Verde es extenso e incluye una presión bajista sobre los precios de las materias primas hasta fines de la década, cuando se prevé que el suministro empiece a decaer a medida que las minas más antiguas finalmente dejen de operar. Los márgenes de ganancia de las empresas se están reduciendo, muchas de ellas han tenido que anunciar rebajas contables de sus activos y algunas de menor envergadura no tendrán más remedio que dejar de operar, según prevén agencias de calificación de riesgos y analistas.

 Los inversionistas que apostaron a un aumento constante de la demanda al respaldar a las mineras han pagado caro su error: los precios de las acciones se han derrumbado y los dividendos se han suspendido. El índice de referencia S&P/TSX Global Mining Index ha caído 65% desde 2010.

 Desde 2007, las mineras han dedicado más de u$s 100.000 M al año a gastos de capital. La mayor parte del dinero ha financiado la construcción de superminas como las expansiones de Rio Tinto y  BHP Billiton  en la región de Pilbara en Australia, que exigió el traslado por avión de miles de trabajadores a un desierto remoto, y el proyecto Minas Rio de Anglo American en Brasil, que incluyó un ducto de más de 520 kilómetros a través de 32 municipios.

 Las inversiones siguen adelante, aunque se han moderado. Rio Tinto divulgó en diciembre un acuerdo de financiamiento de u$s 4.400 M para Oyo Tolgoi, una supermina de cobre y oro en Mongolia.

 “Después de casi tres décadas de tener que rogar para obtener capital, de pronto los bancos y los inversionistas les estaban lanzando dinero a las mineras e implorándoles que invirtieran en más y mayores proyectos”, dice Dick Evans, ex director de Rio Tinto y actual presidente de la junta directiva del fabricante de aluminio  Constellium  NV. “Las mineras eran como niños en una tienda de golosinas”.

 Al mismo tiempo, nuevas tecnologías permitieron la construcción de instalaciones capaces de duplicar o triplicar la producción de cobre o hierro de la generación previa de grandes minas.

 Cerro Verde, que ocupa más de 60.000 hectáreas, tiene dos minas que podrían llenar varios estadios, una planta de tratamiento de aguas de u$s 500 M de unos 800 metros de largo, y dos concentradores gigantescos de concreto y acero que pueden extraer cobre de más de 360.000 rocas al día. La mina puede consumir cerca de 9% de toda la electricidad en Perú. Un tour dura seis horas.

 Cerro Verde es tan grande que “estamos llegando al límite de espacio y del número de camiones que podemos poner en las rampas”, dijo Red Conger, director de operaciones de la mina, en una reciente visita.

 Incluso antes de que las mineras comenzaran a construir esta clase de minas gigantescas, las bajas tasas de interés contribuyeron a desatar una ola de fusiones y adquisiciones en un sector que durante mucho tiempo estuvo fragmentado con miles de operadores pequeños y medianos. Los grandes conglomerados globales como Rio Tinto, BHP, Glencore y Anglo American se expandieron, y Freeport pagó u$s 25.900 M por Phelps Dodge en 2007. “Compramos una compañía 2,5 veces mayor y eso sólo fue posible debido al financiamiento barato”, señaló  Richard Adkerson, presidente ejecutivo de Freeport, en una entrevista en noviembre.

 Freeport tenía sólo una mina, pero era enorme: la de cobre y oro en Grasberg, Indonesia, desarrollada por Moffett, un sureño de EE.UU. conocido por sus imitaciones de Elvis Presley y su habilidad para forjar conexiones políticas en lugares remotos. Cerro Verde era una de las 11 propiedades mineras de Phelps Dodge, ubicada entre volcanes inactivos a unos 32 kilómetros de Arequipa.

 Descubierta en el siglo XIX, Cerro Verde ni siquiera fue explotada en forma industrial hasta los años 70. Luego pasó a ser “una mina pequeña que había sido mal manejada por el Estado peruano”, señala Carlos Gálvez, gerente de finanzas de Buenaventura, una firma peruana que en los 90 tuvo una participación minoritaria en la mina. El lugar carecía de suficiente electricidad y agua.

 Adkerson y su equipo opinaban que Cerro Verde podía ser mucho más grande. Freeport determinó que la mina contenía el doble de cobre de lo estimado y empezó a trabajar en una expansión en 2008, cuando el precio era de u$s 3,94 la libra. La empresa interrumpió las obras en 2009, en medio de la crisis financiera, cuando la cotización del cobre cayó a u$s 1,40 la libra, y revivió la iniciativa en 2010. Demoró tres años en obtener los permisos y desarrollar un plan de ingeniería que aprovechara al máximo las nuevas tecnologías y proveyera el agua necesaria para una mina de tal magnitud.

 Las mineras consideran a Perú uno de los países más difíciles de navegar para un inversionista extranjero, con su larga historia de activismo antiminero desde que los locales combatieron el pillaje de los españoles en el siglo XVI.

 Para conseguir los permisos, Freeport construyó una planta de tratamiento de aguas de u$s 500 M para servir a la mina y diseñó y financió una planta separada de u$s 125 M que limpia el agua de un río para Arequipa.

 Freeport tuvo que buscar el respaldo de autoridades locales, incluyendo el arzobispo. No fue lo único. Los habitantes de un barrio pobre recuerdan que en 2010 recibieron pelotas de fútbol para los niños y muñecas Barbie para las niñas, cortesía de Freeport. La empresa dijo que también patrocina programas educacionales.

 Las obras no comenzaron hasta marzo de 2013. Sin embargo, conforme la economía china se desaceleraba y nuevas fuentes de producción se ponían en marcha, el cobre ya se encaminaba a otro ciclo de precios bajos, tras haber tocado su máximo de u$s 4,48 por libra en febrero de 2011. La complejidad del proyecto dificultó su avance. “Necesitamos 10 meses y medio solamente para crear el espacio plano necesario para construir”, señala Red Conger, director de operaciones a cargo de la mina. Cerro Verde se ubica en una zona sísmica y todas las construcciones son diseñadas para soportar un terremoto de 9,5 grados en la escala de Richter.

 Un proyecto de estas dimensiones no habría sido ni posible ni rentable hace algunos años, aunque los precios del cobre hayan sido altos, enfatiza Evans, el ex director de Rio Tinto. “Ahora hay camiones más grandes, taladros más rápidos y equipo de procesamiento controlado por computadora que puede apoyar minas a mayor escala”, observa.

 El software de monitoreo, por ejemplo, detecta rápidamente problemas en los camiones, que pueden ser reparados antes de ser reemplazados, lo que ahorra costos.

 La escala de Cerro Verde mantiene bajos los costos operativos, que son inferiores a u$s 1,50 por libra. Eso significa que aunque los precios ronden los u$s 2 la libra, su menor nivel en seis años, la mina genera ganancias operativas.

 Es una de las minas más baratas de operar de Freeport, de modo que “habría que cerrar muchas minas antes de esta”, dice el presidente de Cerro Verde, Bruce Clements. La producción de minas gigantescas, sin embargo, contribuye a que los precios de los metales sigan por los suelos. Después de registrar ganancias durante 15 trimestres consecutivos, Freeport ha anunciado pérdidas en los últimos tres. Su deuda asciende a u$s 20.700M, la mayor parte de la cual se acumuló durante las adquisiciones en 2013 de las energéticas McMoRan Exploration Co. y Plains Exploration & Production Co. en operaciones valoradas en u$s 19.000M.

 “Estamos en un lugar complicado”, reconoce Adkerson. “Nuestra deuda es excesiva y tenemos que presentar estrategias de negocios para gestionar nuestras finanzas en un entorno difícil”. (The Wall Street Journal, 06/01/16)

 

Última actualización en Miércoles, 06 Enero 2016 10:42

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Los peruanos desconfian de la mineria, pese al desarrollo economico

Los peruanos desconfían de la minería, pese al desarrollo económico

Perú. (Por John W. Miller y Ryan Dube) El auge de las materias primas impulsado por China ha sacado de la pobreza a Perú, el segundo exportador mundial de cobre, pero las empresas mineras dicen que es uno de los países más difíciles para los negocios.
La desconfianza hacia las mineras extranjeras tiene raíces profundas. Una docena de personas murieron en protestas contra las mineras en 2015.
Los economistas dicen que la minería ha sido clave para el robusto crecimiento económico de Perú durante el último decenio, al haber ayudado a reducir la pobreza de casi 60% en 2004 a 20% el año pasado.
Para los peruanos de clase baja y media, el panorama no es tan claro. La minería “no es buena, pero nos da dinero”, dice  Daisy Araujo, de 28 años y madre de cuatro hijos. Su esposo trabaja en una mina de oro bajo tierra que queda a 12 horas de su casa y lo ve apenas unos días al mes.
La desconfianza hacia la minería data del siglo XVI, cuando los conquistadores españoles llegaron a las costas de Sudamérica impulsados por su codicia de oro y plata. Después de capturar al emperador inca  Atahualpa, acordaron liberarlo a cambio de una habitación llena de oro y dos de plata. Atahualpa cumplió su parte del trato, pero los españoles se retractaron y mataron al líder inca.
Desde entonces, la volátil historia de Perú ha estado estrechamente vinculada a los metales y la minería. La región andina, rica en oro, plata, cobre y otros minerales, ha generado una amplia riqueza para gobiernos y empresas, pero también ha dado lugar al resentimiento, la rebelión y conflictos con la población indígena.
En el período colonial, los españoles exigían a las comunidades indígenas que enviaran una séptima parte de sus varones en edad de trabajar a las minas durante un año. En algunos casos, según historiadores, los hombres eran sacados de sus comunidades y forzados a caminar durante meses a través de cientos de kilómetros de terreno montañoso para llegar a las minas.
 “Eso de tener que ir a trabajar a las minas era algo muy resentido por la población indígena”, dice  Carlos Contreras, historiador de la Pontificia Universidad Católica del Perú. “Les molestaba mucho tener que pagar eso tipo de impuestos que los llevaron tan lejos de sus hogares.”
La rebelión indígena del siglo XVIII en la antigua capital incaica de Cuzco, liderada por un descendiente de los incas  José Gabriel Condorcanqui, llamado Túpac Amaru, fue motivada en parte por reclamos para poner fin al sistema de trabajo forzado.
El comienzo de la minería moderna en Perú puede ser rastreado hasta principios del siglo XX, cuando mineras estadounidenses, como Cerro de  Pasco  Corporation, empezaron a comprar pequeñas empresas del sector y a desarrollar grandes y modernas operaciones. Si bien la plata fue el principal mineral durante la colonia, el cobre, utilizado en tuberías y cables, adquirió mayor relevancia con la llegada de compañías estadounidenses y la revolución industrial.
Para albergar a los trabajadores, las firmas estadounidenses construyeron aldeas a grandes altitudes en la Cordillera de los Andes, donde los indígenas de habla quechua aprendieron sobre el capitalismo moderno y a hablar español.
No obstante, la propiedad extranjera de los recursos naturales del país también provocó resentimiento, llevando a la expropiación de minas de empresas estadounidenses por parte del dictador militar de izquierda  Juan Velasco Alvarado, quien gobernó el país entre 1968 y 1975.
“Por un lado eran lugares queridos porque eran lugares de trabajo y riqueza”, dice Contreras sobre las minas de propiedad extranjera. “Pero por otro lado odiados. Pensaban que era riqueza que no disfrutaban los peruanos como deberían disfrutarla”.
El Estado operó las mayores minas de Perú hasta los años 90, cuando el entonces presidente  Alberto Fujimori abrió la economía a la inversión foránea y privatizó compañías estatales. Las políticas favorables para el sector empresarial atrajeron a inversionistas extranjeros como  Newmont Mining Corp. , con sede en Denver, que adquirió una participación mayoritaria en la mina de oro Yanacocha, y la china Shougang Hierro Perú, que compró el proyecto de mineral de oro Marcona.
Sin embargo, el reciente auge minero, al igual que en el pasado, también ha encendido la mecha de conflictos, esta vez por preocupaciones medioambientales y la distribución de los beneficios económicos. Comunidades rurales se han opuesto a varias minas de gran escala, lo que ha llevado a Newmont y  Southern Copper Corp.  a archivar proyectos pese a contar con la aprobación del gobierno.
Alrededor de Arequipa, la expansión de Cerro Verde, de la estadounidense  Freeport-McMoRan,  ha posibilitado una vida de clase media a miles de peruanos, pero también ha generado quejas de que la empresa necesita distribuir más dinero y empleos.
El ingeniero eléctrico  Harold Lafont, de 33 años, dice que la compañía lo contrató en 2005, al graduarse de la universidad, para hacer una pasantía. Recibió una evaluación positiva, lo que llevó a un puesto de tiempo completo en 2011. No gana mucho más de lo que Freeport dice que es un salario anual promedio de US$30.000, pero le ha permitido tener un apartamento, un auto y una buena vida para su esposa y su hijo de 2 años. “Son tiempos difíciles en el negocio de la minería, así que soy muy afortunado”, cuenta. “Cerro Verde es una compañía que hace las cosas bien y gasta el dinero que toma”.
Cerro Verde en general ha recibido altas calificaciones por sus políticas laborales en Perú. “Todos saben que tiene los mejores trabajos, por lo que los niños de los barrios pobres hablan de ser ingenieros de minas”, señala  Alison Schmierer, una estadounidense que dirige un programa escolar sin fines de lucro para chicos de escasos recursos. “Desafortunadamente, necesitan capacitación para eso, y eso no siempre está disponible”.
La iglesia también puede jugar un papel decisivo en Perú. Freeport ha cortejado y recibido el apoyo del arzobispo local,  Javier del Río Alba. “Están pagando impuestos, y contratando localmente, así que no tengo objeción”, dijo Del Río Alba en una entrevista, agregando que la empresa ha contribuido dinero a programas sociales que él apoya. En otras partes de Perú, clérigos han liderado la oposición a la minería.
Araujo es una de las decenas de miles de personas que viven en los barrios pobres cerca de Cerro Verde. Tiene sentimientos encontrados acerca de la mina y desea que su marido pudiera trabajar allí, pero él no está suficientemente calificado.
En 2010, con la esperanza de apaciguar protestas y obtener respaldo, Freeport les envió a Araujo y sus vecinos regalos de Navidad. Ella recuerda balones de fútbol para los niños y muñecas  Barbie para las niñas.
Freeport afirma que tiene una tradición de enviar regalos de Navidad a los niños del área y que también patrocina programa educativos.
La compañía también acordó construir una planta municipal de tratamiento de agua, contribuir a un fondo comunitario y financiar decenas de proyectos más pequeños.
Araujo dice que su postura sobre la gran mina cerca de su casa sigue siendo ambivalente y que no quiere que sus hijos trabajen en la minería a menos que sean jefes o ingenieros.
En la Asociación de Cerro Verde, un barrio más acaudalado cercano a la mina, los residentes tienen opiniones contrapuestas.
“Tenemos una buena relación con la mina, y es buena para nuestra prosperidad”, afirma Augustín Manchego, de 70 años y ex concejal cuyos hijos trabajan para Freeport. “Pero hace que todo esté lleno de polvo, tengo que lavar mi auto cada dos días, y a veces huele a huevo podrido”.
Teodore  Juan Manrique, un inspector municipal de transporte, dice que el tráfico de la mina ha provocado “caos”. Además, Freeport rechazó su pedido de financiamiento para arreglar la escuela de sus hijos.
Debido a que Freeport ha pagado por tantas cosas, y porque sus residentes confían en que la empresa cumpla, “ha reemplazado al gobierno como el proveedor a los ojos de muchos”, dice  Julia Torreblanca, vicepresidenta de Cerro Verde. “Pero obviamente, no podemos pagar por todo”.
Freeport ha intentado contratar tantas personas como sea posible que residan en las inmediaciones de la mina. “Pero tienen que estar calificados, queremos a los mejores de los mejores”, agrega. “Y si hubiera problemas laborales, no queremos un montón de trabajadores descontentos que viven al lado de la mina”. (The Wall Street Journal, 06/01/16)

Última actualización en Miércoles, 06 Enero 2016 10:44

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Reuniones por el "Fortalecimiento Proveedores Mineros Locales"

Concretaron distintas reuniones por el "Fortalecimiento Proveedores Mineros Locales"

San Juan. El Ministerio de Producción a través de la Agencia San Juan de Desarrollo de Inversiones concretó reuniones con actores de la cadena minera que participan del proyecto estructurador "Fortalecimiento Proveedores Mineros Locales: Grupo Asociativo Metalmecánico de San Juan”. El director de la Agencia San Juan de Desarrollo de Inversiones, coConcretaron-distintas-reunintador Fabián Ejarque se reunió con representantes del Grupo Asociativo Metalmecánica y de la empresa nodo Cerros de Cuyo SRL.
Durante este encuentro se mostraron los avances de este Proyecto Estructurador, con relación al desarrollo del Plan Estratégico del grupo que incluye impulsar un plan comercial de servicios mineros destinado a consolidar una oferta de servicios conjunta. Para ello, se presentó el diagnóstico de los procesos productivos en cada uno de los talleres de las empresas que pertenecen al consorcio; de modo tal de avanzar en materia de propuestas y mejoras. Este diagnóstico se complementó con un estudio basado en la definición de lay out (buscar la mejor ubicación y distribución de la maquinaria de la línea de proceso para maximizar el uso del tiempo y las materias primas; disminuyendo de esta manera los costos) con la finalidad de alcanzar un aumento eficiente de los volúmenes de producción. A su vez, se comenzó con la implementación del sistema de calidad ISO 9000, que implica la incorporación de prácticas de mejoras en los procedimientos de producción, evaluación, control y provisión de servicios. Finalmente, el Proyecto Estructurador apunta a implementar Normas de Higiene y Seguridad a nivel empresas y red, que le permitan alcanzar el estándar reconocido OSHA (Occupational Safety and Health Administration).
Con este auspicioso avance en la ejecución del Proyecto Estructurador, el grupo y la red de proveedores y prestadores de servicios con la Agencia San Juan de Desarrollo de Inversiones renovaron su compromiso para seguir trabajando, en conjunto, en la consecución de cada uno de los objetivos propuestos; de modo tal, que la cadena productiva servicios mineros sanjuanina sea reconocida por su calidad y gane cada vez mayor potencialidad en el mercado interno de nuestra provincia. (Diario la Provincia, San Juan, 04/01/16)

Última actualización en Martes, 05 Enero 2016 10:53

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